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Desde la UE hacia la península

Después del 22 de abril de 2017, día de la primera Marcha por la Ciencia y tras el acto del Homo scientificus europaeus el 16 de mayo de 2017 en el Ateneu de Barcelona, estábamos inmersos en la búsqueda de una nueva dinámica para la asociación EuroScience, con el reto de atraer a los científicos de la UE para reunirse, debatir e impactar sobre todos los aspectos de la ciencia. Casi un año después, no hemos logrado directamente nuestro objetivo y la versión 2018 de la Marcha por la Ciencia del 14 de Abril no ha motivado a nuestra comunidad, pero hemos contribuido a despertar los ánimos aquí y allá. Lo que funciona a nivel europeo vale también a nivel de los estados miembros de la UE, donde hoy por hoy no existen movimientos transversales y sostenibles de científicos más allá de las sociedades científicas y los sindicatos.

Con esto en mente, os presentamos un texto publicado en la revista francesa La Recherche el 21 de junio de 2017, convencidos que su contenido tiene mucho interés para contribuir al planteamiento de la Asociación Española para el Avance de la Ciencia. Se trata de constituir una nube de individuos y de comunidades donde se fomentará un espíritu altamente cooperativo con el reto de promocionar una ciencia destinada al bien común y capaz de desafiar los grandes retos que se avecinan, como el cambio climático, la ética, la paz y la recuperación de un estado de bienestar, y que los científicos necesitan igualmente para cumplir con sus tareas. Hace falta descubrir nuevos conocimientos y proponer nuevos modelos más afines con la naturaleza mirando hacia un proyecto de sociedad mucho más responsable, teniendo el interés general como prioridad.

Si en cada país de la UE, se consigue este tipo de planteamiento, lo tendremos mucho más fácil para replantear una organización europea capaz de impactar también a nivel global. Con los lobbys dictando una parte significativa de la política en Bruselas, hace falta urgentemente dicha organización capaz de representar dignamente a la ciencia europea, sumando todas las nubes y también a toda la gente preocupada por la ciencia en sociedad. Se habla mucho de cooperación y de debate transversal. La carta abierta firmada hace muy poco por más de 277 000 personas nos enseña que hay muchas ganas de romper con el silencio en la comunidad del Homo scientificus ibericus. A continuación reproducimos el texto original, publicado en francés.

Qué difícil es ser científico o científica en nuestros días

El actual ambiente de populismo político, con su procesión de postverdades, noticias falsas y pseudociencia, deja indefensa a nuestra sociedad. Paralelamente también debemos reconocer que la investigación científica tiene una gran necesidad de revitalizarse. Los tiempos de la financiación pública de la investigación bajo la única promesa de una posible contribución al desarrollo de la sociedad son ya pretéritos. Las ofensas a la ética y a la integridad científica, el aumento exponencial de los costes de la investigación en un contexto de modelos de financiación pública en crisis, las innovaciones que no siempre están en línea con las expectativas creadas en los ciudadanos, los escándalos reales (como la sangre contaminada de VIH o hepatitis C) o supuestos (como las predicciones equivocadas de expertos en relación con el terremoto en L’Aquila), los políticos que apoyan la investigación científica únicamente de palabra pero sin pasar a la acción: todo esto ha servido para crear una brecha entre ciencia y sociedad, brecha que ni años de divulgación científica entusiasta ha sido capaz de reparar.

¡Qué difícil es ser científico o científica en nuestros días! Quizás algunos de nosotros hayamos olvidado que la investigación debe ser, ante todo, servir al bien común. Y quizás también muchos de nosotros estemos hundidos en la pasividad, en el amilanamiento. Pero parece que este período de letargo está llegando a su fin.

La dinámica espontánea del movimiento “Marcha por la Ciencia”, que nació en respuesta a la denigrante actitud hacia la ciencia por parte del presidente estadounidense Donald Trump en sus presupuestos y políticas, no se ha limitado a los Estados Unidos. De hecho, resonó entre nuestra comunidad científica que organizó sus propias marchas en toda Europa el 22 de abril de 2017.

Las consignas y las motivaciones de este movimiento variaron entre países, pero el objetivo fue siempre el mismo: poner la ciencia y la investigación en el seno de la sociedad, por y para sus ciudadanos. Y esta vez fueron los soldados de infantería de la investigación, y no sus generales, los estrategas que estuvieron en el epicentro de la maniobra. De forma similar a la “Primavera Árabe”, las bases (grassroots) se organizaron al margen de las estructuras existentes gracias a Internet y a las redes sociales.

La investigación en el corazón de la sociedad

Ahora mismo se plantea la cuestión de cuál es el impacto y el futuro de estas manifestaciones espontáneas en Europa. La ciencia, de hecho, no conoce fronteras, y los investigadores son ciertamente una de las poblaciones más solidarias e internacionalistas que existen. Estos movimientos paneuropeos tienen mucho que ganar si se organizan de forma más sistemática. Lo que nos jugamos con ello es importante porque la voz de los investigadores no siempre se tiene suficientemente en cuenta en las decisiones relativas a la sociedad.

En 1997, hace ya 20 años, un grupo de científicos liderados por la astrónoma francesa Francoise Praderie y su colega biólogo Claude Kordon fundaron EuroScience, la Asociación Europea para la Promoción de la Ciencia. ¿El objetivo? Responder a la urgente necesidad de crear un vínculo horizontal entre los científicos de los Estados miembros de la UE y entre la ciencia, los responsables políticos y la sociedad. La ambición era crear el equivalente a la “Asociación Americana para el Avance de la
Ciencia” (AAAS), creada en 1848 y cuya participación en el debate público sobre la ciencia y sus múltiples relaciones con la sociedad son referencia en su campo.

EuroScience ha tenido algunos éxitos, particularmente en términos de influencia sobre la política científica europea. Su hecho más notable fue la creación en 2004 de la conferencia “Euroscience Open Forum” (ESOF), la mayor reunión científica general en el que todos “los que cuentan” en investigación a nivel europeo se reúnen cada dos años. Después de Estocolmo, Munich, Barcelona, Turín, Dublín, Copenhague y Manchester, en julio de 2018 le tocará el turno por primera vez a Francia, quien celebrará el acto en Toulouse.

Un medio en la interfaz investigación-sociedad

Al igual que muchas otras organizaciones paneuropeas con recursos limitados, EuroScience tiene un talón de Aquiles: aún no ha llegado a conseguir el apoyo masivo de socios, lo que impide que se convierta en el equivalente europeo de la AAAS. Para aumentar su alcance, la asociación desarrollo una revista participativa en línea en 2013: EuroScientist. Su objetivo era presentar, a escala europea, las preguntas y puntos de vista relacionados con la comunidad científica y las decisiones políticas en la interfaz entre la investigación, la sociedad y los ciudadanos.

Con el fin de ampliar el número de lectores de la revista y de mejorar el nivel de participación de los científicos en los debates, el siguiente paso fue trabajar en acercamientos hacia y entre las comunidades de científicos “de base” de toda Europa. Estas incluyen, entre otros, los activistas de la ciencia (por ejemplo, los movimientos de Investigación Digna en España, ROARS en Italia y Sciences en Marche en Francia). Estos movimientos han proliferado en los países afectados por la crisis económica y las políticas de austeridad fiscal. Es en este contexto es donde nace el concepto de Homo scientificus europaeus (Hse). Su nombre es un guiño no solo a la evolución, sino también a la era del descubrimiento, desde el Renacimiento hasta el siglo de las Luces.

Los miembros de la comunidad Hse se expresan a través del blog Hse. Al tomar el pulso de la comunidad científica, este blog completa el análisis en profundidad de los problemas proporcionados por la revista EuroScientist. Sus lectores habituales se reúnen en una comunidad virtual de reciente creación, la “Hse Cloud”. Esta comunidad se está abriendo paulatinamente a grupos autoorganizados que aseguran la continuación de la “Marcha por la Ciencia” en varios países de Europa y a otras organizaciones de científicos europeos como la “Asociación de Antiguos Alumnos Marie Curie”.

Comunidad conectada

Los objetivos de la “Hse Cloud” son múltiples, como establecer un vínculo transnacional entre comunidades científicas cuyo campo de actividad es principalmente nacional, con la finalidad de intercambiar experiencias e ideas en toda Europa. Pero también trata de trabajar para asegurar que estas comunidades tan diversas desarrollen juntas su deseo común de promover la ciencia y sus artesanos, incluyendo una ciencia más abierta a la sociedad, y que apele a la responsabilidad de los investigadores. Al final, el objetivo es crear un gran foro permanente para la discusión.

El debate no hace la acción y, en la práctica, no involucra a muchas más personas que aquellos que participan en el propio debate. Hace falta por lo tanto que este movimiento tenga influencia e impacto. Las herramientas que ofrecen las redes sociales facilitan acceder a todos aquellos que se sientan interesados. También hacen posible cotejar la opinión de todos ellos. Finalmente, se trata de encontrar a través de las redes sociales los mecanismos que permitan la apertura de la “Hse Cloud” a todos los ciudadanos interesados a fin de responder mejor al desafío clave: pensar y desarrollar la sociedad del futuro.

Las ideas lanzadas constantemente por los miembros de la “Hse Cloud” a través del blog y los debates públicos guiarán a la revista EuroScientist hacia un análisis crítico preocupado por el bien común. Generar, canalizar y madurar ideas para alimentar e influir tanto en el debate social como en la política científica; sólo procediendo de este modo un movimiento masivo de ciudadanos-investigadores europeos tendrá un impacto beneficioso sobre las decisiones clave futuras, asegurando así su perennidad.

 

Luc Van Dyck, consultor de política científica, Sabine Louët, ex-redactora jefe de EuroScientist y fundadora de SciencePOD, Gilles Mirambeau, expresidente del comité de redacción de EuroScientist, profesor de la Sorbonne University, residente en Barcelona y miembro de la AEAC .