¿QUÉ HACEMOS CON LA DESIGUALDAD?

Estamos tan ocupados en asuntos territoriales, en luchas políticas, en conflictos sociales de identidad, que no tenemos tiempo a detenernos a analizar el problema más grave que tenemos actualmente, el fantasma que ha venido para quedarse: la Desigualdad.

Una nueva forma de Desigualdad porque su característica es que es consustancial al sistema. A mayor crecimiento, ya no hay mayor reparto, sino mayor concentración de la riqueza.

Existe ya una clase de megaricos, una superclase, que ni siquiera aparece en las tablas de población, porque su estatus ni siquiera es de este mundo.

Basta leer el informe anual de Oxfam Internacional, para darse cuenta que la desigualdad sigue aumentando, que no hay soluciones políticas que prevean su detención, y que hemos caído en una especie de determinismo que nos hace mirar la realidad, encogiéndonos de hombros, como si este mundo fuera así y no pudiéramos cambiarlo. El determinismo nos está generando una frustración colectiva que nos adormece, nos paraliza, y nos deja a mercede de un sistema desbocado que lleva a la locura: ¿o no es una locura los datos que ofrece Oxfam?

Sinceramente creo que no somos conscientes de la magnitud del problema, porque los megaricos ya ni siquiera los vemos, ya ni siquiera viven entre nosotros. Algunos de esos datos son:

  • Cada dos días de 2017 ‘nació’ un milmillonario
  • El 82% del crecimiento fue a parar al 1% más privilegiado del mundo.
  • 42 personas poseen actualmente lo mismo que los 3.700 millones de personas del mundo con menos recursos.
  • Actualmente, hay 2.043 con tal fortuna. De ellos, el 90% son hombres.

Se reproducen las clases sociales de forma drástica, aunque paradójicamente la mayoría de la ciudadanía no sabe dónde ubicarse; sueñan con seguir siendo clase media y les avergüenza considerarse clase trabajadora.

Y, por supuesto, se reproduce también el esquema del poder tradicional basado en el varón.

España no sale bien parada de este crecimiento de la desigualdad:

  • En España, el 10% más rico de la población concentra más de la mitad de la riqueza total (53,8%), es decir, más que el otro 90% restante. Atendiendo al 1% más rico, la concentración es todavía mayor: el 1% de la población más rica en España concentra una cuarta parte de la riqueza (25,1%), casi lo mismo que el 70% de la población (que tiene un 32,13%).
  • En España, la recuperación económica ha favorecido cuatro veces más a los más ricos que a los más pobres.
  • España es el tercer país más desigual de Europa, detrás de Rumania y Bulgaria, y empatado con Lituania.

Pero, ¿ha merecido esto un consejo de ministros especial? ¿unas declaraciones de Rajoy? ¿un debate en el parlamento?

Solo sé, escuchando a la ministra de Empleo y al Presidente de Gobierno, que las cosas van bien, muy bien, que España crece. Pero, lo último que ha ocurrido es el convenio colectivo firmado por los trabajadores en la Opel de Zaragoza; a los trabajadores no les ha quedado más remedio que para “poder trabajar”, “trabajar en peores condiciones”. La economía va bien, pero ellos deben congelar sus salarios en 2018, tener un descenso de los pluses y reducir el tiempo de descanso. Y si no, ¡a la calle! Que esto es el mercado.

No estamos construyendo bien la sociedad del siglo XXI. No puede ser que aceptemos un sistema democrático, que se basa en la igualdad de sus ciudadanos, y que se permita una desigualdad imparable; no podemos permitir un Estado Moderno que se basa en la dignidad y autonomía de su ciudadanía, y que deban renunciar a derechos con el fin de mantener el puesto de trabajo.

Algo va mal, muy mal, como diría Tony Judt. Pero tenemos tantos problemas cotidianos y artificiales, que no da tiempo a preocuparse del ser humano.