OTRO MODELO DE INNOVACIÓN: CUÁL ES EL PAPEL DEL ESTADO

Por muy admirable que sea el modelo empresarial coreano, sería un error atribuir el mérito del espectacular y exitoso cambio de modelo productivo exclusivamente al sector privado. Corea del Sur es citado frecuentemente como el ejemplo de un país donde el sector privado ha tomado la iniciativa, lo cual aparentemente validaría el discurso neoliberal que justifica el abandono de las políticas de desarrollo industrial. Sin embargo, el Estado ha desempeñado un importe papel director. La política gubernamental se ha instrumentado a través de Planes Básicos de Ciencia y Tecnología quinquenales. «El más reciente, (…), se centró en determinados sectores tales como automóviles, astilleros, semiconductores, acero, maquinaria, textiles y materiales. Además Corea está desarrollando tres áreas de tecnologías verdes, servicios de valor añadido y convergencia de telecomunicaciones y tecnologías de redes en un único dispositivo (MKE 2010)» (Gupta, Healey, Stein, & Shipp, Agosto 2013. ). El modelo coreano no excluye al sector privado, pero cuenta con un potente liderazgo del sector público.

El Estado coreano complementa la iniciativa privada con potentes herramientas de apoyo a la I+D empresarial. La Fundación Nacional de Investigación de Corea (FNIC) fue creada en 2009 como consecuencia de la fusión de tres entidades preexistentes: la Fundación de Ciencia e Ingeniería de Corea, la Fundación de Investigación de Corea y la Fundación de Cooperación Internacional de Ciencia y Tecnología de Corea. La FNIC aporta ayudas para la investigación en nuevas teorías para el avance de la ciencia, las artes y la cultura coreana en general. Para 2017 el presupuesto anual excedió los US $ 4.300 millones. Para valorar la dimensión de este presupuesto recordemos que una entidad homóloga en España como el Consejo Superior de Investigaciones Científica recibió una asignación presupuestaria para el mismo ejercicio de 624 millones de euros.

Además de un potente programa de apoyo a la investigación el gobierno coreano ha implantado instrumentos de inversión en jóvenes empresas tecnológicas. La Korea Venture Investment Corp (KVIC) fue creada en 2005 dentro de un paquete de medidas para la promoción del emprendimiento de riesgo con fondos del gobierno. La KVIC gestiona un fondo de fondos cuyo capital de 3.200 millones de dólarea USA tiene una ventana de inversión hasta 2035 para tomar particicpaciones en fondos especializados en nuevas empresas de base tecnológica, PYMEs, empresas e industrias culturales, empresas de comercialización propiedad industrial, industrias de medios y telecomunicaciones y cine coreano. Además ha creado dos fondos que convierten en fondos de capital riesgo (matching funds), el Fondo de Coinversión en redes de ángeles de negocio (hasta 2.000 millones de wons) y el Fondo de Coinversión para fusiones y adquisiciones de PYMEs y empresas de riesgo. La KVIC realizó en 2011 una inversión de 79,74 millones de dólares USA en el sector biotecnológico y en 2014 esa cifra alcanzó los 250,26 millones de dólares. Este esfuerzo fue favorecido por los esfuerzos de la bolsa coreana para facilitar la cotización de empresas biotecnológicas eximiéndolas de presentar unas cuentas anuales con beneficios (Suk-yee, 2016).

El Ministerio de Ciencia, TIC y Planificación Futura anunció en marzo de 2017 que el gobierno coreano dotaría un fondo de US$ 100 millones para ayudar al crecimiento de NEBT biotecnológicas y firmas de capital riesgo que inviertan en la industria biotecnológica. El fondo tendría el apoyo de la Administración de PYMEs, el Ministerio de Comercio, Industria y Energía. Además el Ministerio crearía una infraestructura biotecnológica que será un centro de investigación y desarrollo. El gobierno considera que la biotecnología será el próximo motor de crecimiento de su economía y la ambición es convertir a Corea en un centro mundial de biotecnología y tecnología médica y sanitaria. Los citados son solo algunas de los instrumentos que ha creado un estado que no se ha tomado la innovación y el desarrollo de empresas tecnológicas a la ligera. Los instrumentos homólogos en España palidecen en comparación.

Las limitaciones del modelo neoliberal

En conclusión, ¿qué puede aprender España del modelo coreano? Quizás la crisis de la que recientemente hemos empezado a salir debiera obligar a plantearnos un nuevo modelo productivo y de innovación. Es fundamental que los poderes públicos y privados se convenzan de la importancia de la ciencia, la transferencia y la innovación tecnológica para construir un futuro sostenible. Solamente una apuesta firme, coordinada y a largo plazo permitirá hacer realidad la transformación que tanto necesitamos.

Aunque suene a herejía para los virginales oídos europeístas, es probable que el factor determinante que explica que España haya escogido una senda distinta a la coreana a partir de los años 80 es precisamente su apuesta por el proyecto librecambista europeo que aborrece de toda intervención estatal. A raíz de la entrada en las Comunidades Económicas Europeas se abandonaron las políticas de desarrollo industrial de los años 70 con la interrupción prematura del último plan quinquenal de desarrollo (1970-1975) y el estado español se ha limitado a crear un entorno que pretende ceder el liderazgo al sector privado. En el modelo neoliberal el estado debe abstenerse de dirigir el proceso de innovación y mantener una posición agnóstica en cuanto a las apuestas tecnológicas confiando en su lugar en la sabiduría de la “mano invisible” de los mercados. Se fía todo al fomento de una cultura emprendedora y la creación de condiciones favorables al desarrollo de la innovación.

Para los neoliberales la falta de desarrollo tecnológico sería consecuencia de fallos del mercado. Esta “brecha de mercado” sería característica de los sectores de alta tecnología. Por una parte, la demanda emitiría señales confusas y no sería capaz de transmitir sus verdaderas necesidades. Por otra parte los inversores no serían capaces de evaluar el riesgo y el valor de los proyectos tecnológicos. Se reconoce que la inversión en investigación básica y de frontera no suele ser rentable y por eso debe considerarse un bien público. Por ello bastaría financiar la fase de innovación más temprana que genera las invenciones de frontera y facilitar un entorno favorable al emprendedor para que las lleve al mercado. Más allá de financiar la investigación básica el papel del estado sería limitado porque los administradores públicos no tendrían la suficiente visión como para determinar por qué sendas caminará la innovación en el futuro. A partir de los resultados obtenidos en los centros públicos de investigación y las universidades sería el mercado quien tomaría el relevo y apostaría por las invenciones más prometedoras. El paradigma vigente espera que surja espontáneamente el emprendedor que transformará nuestro modelo económico si se crean las condiciones adecuadas. El estado debería limitarse a corregir los “fallos del mercado” mediante el fomento de la I+D a través de las ayudas públicas y deducciones fiscales. El principal factor limitante para el desarrollo de empresas tecnológicas se resolvería mediante la creación de instrumentos de financiación que no deben tener una naturaleza “anticompetitiva”, es decir, que no distorsionen el funcionamiento de unos mercados y dejen siempre el liderazgo en manos privadas. En esencia la política europea se ha basado en las políticas de oferta, es decir, en crear un ecosistema favorable a la innovación. Sí se tolera que el estado desempeñe un limitado papel para corregir determinados fallos del mercado pero nada más. Tal es el modelo de innovación seguido en España desde los años 80.

El modelo se aplica no solo en España sino en toda Europa con resultados bastante mediocres. Esto quizás explique la paradoja del continente europeo: existen un capital humano muy cualificado, centros de investigación punteros, universidades de prestigio y un mercado desarrollado con alto poder adquisitivo. Sin embargo Europa parece haberse descolgado de la vanguardia en la innovación. La falta de liderazgo y ambición de nuestras políticas de innovación ha dado lugar a resultados subóptimos.

Cuando se analiza la baja productividad de la economía española esta se atribuye a su apuesta por sectores de bajo valor añadido (turismo, construcción), la escasa dimensión de sus empresas y la falta de formación de la fuerza de trabajo —situación agravada por las elevadas tasas de temporalidad y precariado. En España la mayor parte de las empresas son PYME o microPYME sin capacidad de acometer las inversiones arriesgadas que se necesitan para introducir en el mercado global productos realmente innovadores y rupturistas. El capital privado destinado a invertir en empresas innovadoras es escaso, tiene una elevada aversión al riesgo y no puede apostar por proyectos con plazos de maduración superior a dos o tres años. Falta el tipo de capital “paciente” que puede movilizar grandes recursos y esperar a que se produzcan los resultados e incluso tolerar que muchos proyectos fracasen. Estos fracasos son necesarios y forman parte de un proceso de aprendizaje continuado. Analizando las condiciones de nuestro sistema productivo solo cabe concluir que confiar en que el modelo de innovación europeo va a operar un cambio de modelo productivo es como esperar a que se produzca un milagro.

Elevar la productividad de nuestra economía exige dar un salto en el alcance y escala de nuestros proyectos empresariales y dotarlos de mayor contenido tecnológico. El estado español necesita desarrollar una política basada en un mejor conocimiento de cómo se produce la innovación en una economía capitalista. Corea del Sur nos sugiere que ha llegado el momento de considerar políticas industriales más ambiciosas y menos ingenuas.

 

Referencias

Gupta, N., Healey, D. W., Stein, A. M., & Shipp, S. S. (Agosto 2013. ). Innovation Policies of South Korea. INSTITUTE FOR DEFENSE ANALYSES.

Suk-yee, J. (31 de marzo de 2016). Biotech Investment Achieved Remarkable Growth Over Last Five Years. Business Korea. Obtenido de http://www.businesskorea.co.kr/english/features/special-reports/14262-biotech-investment-biotech-venture-investment-achieved-remarkable