LAS INTERNAS DEL PSOE Y LA CUESTIÓN NACIONAL

Lo peor es el ruido que no te deja escuchar, ni siquiera entender lo que se lee. Esto es lo que parece que está pasando, a una semana de la elección del Secretario General del PSOE, sobre el posicionamiento en torno a “La Cuestión Nacional”. Es la pregunta preferida de los periodistas y  tema de deleite en el debate de los opinólogos. Pedir rigor es casi imposible, la sensatez tampoco es muy predicable pero quizás si apelamos a la tranquilidad igual hay resultado.

En primer lugar, aunque este proceso electoral se haya denominado con toda incorrección “primarias”, es, como dice un buen amigo, como mucho “internas”. Serían primarias si fuera un paso para seleccionar con carácter previo a un candidato para un proceso electoral posterior. Dado que sólo se trata de elegir al máximo responsable de una organización política, llamémoslas “elecciones internas para elegir a…”. Por tanto, en puridad los elementos claves para decidir la elección no son conocer si piensa que somos una “nación de naciones”, “un estado plurinacional”, un lo que sea dentro de los tipos establecidos por la Ciencia Política, sino conocer qué “modelo de partido” quiere poner en marcha (sobre todo ante una nueva realidad) y cómo y con quién lo va a hacer. Lo otro no deja de ser guarnición del plato principal, no despreciable pues este proceso electivo también sirve para conocer cómo piensa ese responsable sobre ese tema y otros y con ello qué política de relaciones se va a plantear con las otras fuerzas políticas.

La discusión es pertinente además, pues permite iniciar debates que hace tiempo llevan aplazados a causa del grillar que se crea cuando se ponen encima de la mesa. En todo caso, ignorar el contraste de pareceres es taparse los ojos como se lleva haciendo desde hace  más de un siglo. En todo caso el mundo cambia y se ajusta a nuevas realidades y situaciones, o así debe ser, para seguir avanzando. Las constituciones también, los planteamientos políticos igualmente… Lo grave es no querer oír hablar de aquello que nos molesta o ignoramos.

Alemania, territorialmente, es una República Federal formada por 17 Estados Federados entre sí. Hace 200 años era una Confederación de Estados Soberanos, su Dieta no era un Parlamento era una cámara de delegados que representaban a cada Estado, y ahí la tienen, ha aguantado lo que fue su división en el 45 y su unificación en el 90 con un serio lastre económico de la parte oriental. Y Alemania, con mayor o menor grado de identidad, son diferentes naciones que consideran que lo mejor es vivir juntos. Es decir, una nación no tiene que ser necesariamente un Estado y un Estado puede no ser independiente y coaligarse federalmente. Todo depende de la voluntad política de construir proyectos conjuntos de manera solidaria y en un permanente debate democrático.

No somos Alemania ni alemanes, es cierto. Ahora bien, somos personas con capacidad para pensar, proponer y debatir. Lo que no tiene sentido es seguir creando espirales de confusión para negar o rechazar la opinión del diferente, ni realizadas lecturas sesgadas de lo no escrito. En todo tipo de Estado territorialmente configurado, de una manera u otra, si es democrático que es lo esencial, el respeto a la opinión y la no manipulación de esta es lo angular.

La Cuestión Nacional Española de los socialistas nunca ha sido un tema pacífico[1] ni claramente estructurado, por ello y ante el problema creado en relación con Cataluña por la catastrófica gestión del Partido Popular y las tapaderas de corrupción aventadas por los hoy secesionistas, no pretendamos que ahora venga a resolverse en torbellinos de ruedas de prensa o declaraciones televisivas.

La cuestión merece seriedad.

[1] Para los interesados recomiendo la lectura de este artículo sobre los orígenes de la polémica. SOCIALISMO Y CUESTIÓN NACIONAL EN LA ESPAÑA DE LA RESTAURACIÓN (1875-1931) DANIEL GUERRA SESMA Revista de Estudios Políticos (nueva época) Núm. 137, Madrid, julio-septiembre (2007), págs. 183-216.