¿LA UNIÓN EUROPEA SE DESPIERTA?

Entre todo el maremágnum de noticias políticas que se han producido estos días: el triunfo en Francia de Macron, el ascenso de la ultraderecha europea, las primarias socialistas y los escándalos de corrupción del PP –que recuerdan al día de la marmota-, se ha producido una novedad en la Unión Europea, que puede tener consecuencias importantes en el futuro inmediato, si es que va en serio esta decisión.

Leo en titulares: “Bruselas defiende una globalización con reglas frente a los populismos”.

Como todo, hay puntos positivos y negativos.

Es positivo que la Unión Europea haya reaccionado finalmente, y parece que se despierta ante la situación de desigualdad que se está produciendo. Parece que “le ha visto las orejas al lobo” ante el ascenso de la ultraderecha en Europa y las intenciones proteccionistas de Trump, así como la grave desafección ciudadana con las instituciones europeas. Además, define los tres rasgos de este nuevo capitalismo: globalización, hiperfinanciarización y desigualdad.

Mucho han tardado en Bruselas en reaccionar ante la preocupante situación política y social que estamos viviendo. Pero, al menos, parece que dan señales de vida.

Coincido con los periodistas en señalar que la gran novedad es que se hable de los “excesos y peligros” de la globalización. Parece pues vislumbrarse la posibilidad de que la política pretenda ejercer como tal, y “fijar reglas” a un mercado globalizado y desbocado. Se cambia de rumbo, y se abandona ese neoliberalismo económico que ha provocado una desprotección creciente de los ciudadanos frente al mercado.

Ahora bien, este nuevo giro que se produce en Bruselas genera también importantes dudas.

En primer lugar, ¿va en serio? La amenaza de lo que está ocurriendo con el nuevo capitalismo financiero y con una globalización económica desregulada es un grito a voces que muchos expertos venían advirtiendo hace tiempo. Y parece que la UE se entera ahora, porque sus líderes se sienten acorralados por el populismo y la ultraderecha.

En segundo lugar, los padres del informe son el conservador Jyrki Katainen (que fue primer ministro de Finlandia) y el socioliberal Frans Timmermans, ambos vicepresidentes comunitarios. Quien no está presente es la socialdemocracia, porque parece que “no existe” o “no se la espera”.

Lamentablemente, los dirigentes europeos solo se han puesto las pilas cuando ven inestabilidad en su propio futuro, pero no lo hicieron ante el sufrimiento de los ciudadanos (como en Grecia, Portugal, España, …). Hay que mover cosas porque se han pasado “de rosca”. Y esto lo hacen los mismos que nos condujeron ante esta crisis de “austericismo”. De los productores de la desigualdad social, la desregulación económica, el austericismo sin humanidad, se nos propone ahora el control de la globalización. Es esa élite europea que ha dirigido al margen de las democracias nacionales, de las protestas ciudadanas, del dolor de los ciudadanos, quienes pretenden aportar ahora sus recetas.

Son los mismos círculos de poder quienes continúan dirigiendo esta incierta situación.

Es lo mismo que ocurre en España con el PP y el Gobierno de Rajoy: aquellos mismos que han corrompido el sistema político y económico español, los que están sentados en los banquillos, los que han establecido una corrupción sistémica, son quienes pretenden establecer las soluciones.

El lobo no puede cambiar su naturaleza. ¿Hacia dónde nos llevarán ahora los conservadores europeos?

La socialdemocracia europea fue clave y decisiva en la construcción del Estado de Bienestar europeo después de la II Guerra Mundial. En cambio, ahora parece estar al margen de los debates sobre cómo controlar la globalización y construir un nuevo sistema de equilibrios políticos-económicos.

¿Estamos pues hablando de lo mismo? ¿Cuál es la dirección hacia donde se dirige este informe? ¿Qué socios estarán presentes para llevarlo a cabo? ¿Estará viva la socialdemocracia para “negociar” y “opinar” al respecto?

Así pues, una sorpresa grata ver que la Unión Europea parece, por fin, querer “hacer política”. Y una honda preocupación: el futuro de la socialdemocracia europea.