LA GÉNESIS DEL GRUPO CURIE

El motivo de este artículo es contarles de forma más detallada cómo ha sido la creación de un grupo de debate sobre política científica llamado CURIE. Se preguntarán que diantres significa esta frase de introducción, pero la creación de este grupo es para mí un ejemplo de colaboración intergeneracional e interdisciplinar cocinada a fuego lento, sazonada con toques de serendipia y con una buena guarnición de convergencia evolutiva intelectual. Es precisamente este grupo quien nutrirá de participantes esta sección, Ciencia en Sociedad, entendida como una interpenetración entre los términos ciencia/sociedad y no como su mera yuxtaposición.

Voy a tratar de contarles la historia desde mi propio punto de vista. Yo soy científico titular en uno de los Organismos Públicos de Investigación Español, en el CSIC, y soy una especie de mezcla entre un microbiólogo, un inmunólogo y un bioinformático. Va a hacer casi un año que estaba en el aeropuerto de El Prat, esperando por el enlace que debía llevarme de Barcelona a Ámsterdam donde se celebraba un congreso internacional sobre probióticos. Llevaba días dándole vueltas a escribirle una carta al entonces aspirante a la Secretaría General del PSOE Pedro Sánchez, pero en esa espera me decidí. En dicha carta traté de trasmitirle mi preocupación (compartida por gran parte de la comunidad científica) acerca de la notoria dejadez de todos los partidos políticos para con la ciencia, el bajo nivel de cultura científica entre nuestros gobernantes y su al menos aparente ignorancia en temas científicos. Pero más preocupante aún era que hacía un año de la publicación de la más reciente encuesta de la FECYT sobre percepción social, la cual dibujaba una sociedad española de espaldas a la ciencia. En la carta le sugería al entonces candidato prestarle importancia al programa de ciencia destacando su potencial importancia para nuestro desarrollo como país, importancia que como sabemos es real en otras economías similares a la nuestra.

Mi carta nunca llegó a manos del actual Secretario General, pero a través de la intermediación de Adrián Barbón, Mª Luisa Carcedo y José Félix Tezanos, llegó a manos de Emilio Muñoz. Entre otras cosas, Emilio ha sido Director General de Política Científica entre los años 1982-1986, Director General de Investigación Científica y Técnica entre 1986 y 1987, Secretario General del Plan Nacional de Investigación Científica y Desarrollo Tecnológico entre 1987 y 1988 y Presidente del Consejo Superior de Investigaciones Científicas (1988-1991). A pesar de que por aquel entonces yo no tenía mucha idea de política científica (tampoco es que tenga demasiada ahora mismo), sí que conocía la labor política en los años 80, en lo que fue una de las épocas de despegue de la ciencia y tecnología españolas. Recibí la contestación de Emilio a mi carta con dos archivos adjuntos, que incluían los datos de los participantes de un grupo de trabajo al que se le había encomendado la dotación de contenido científico al programa de Pedro Sánchez. La contribución de este grupo se encuentra, bajo el epígrafe de “Un compromiso con la Investigación y la Ciencia”, en las páginas 31-32 del programa con el que Pedro Sánchez concurrió a las primarias. Para mí fue una alegría descubrir tal hecho y a raíz de él yo mismo, con la colaboración de Armando Menéndez Viso (Director del Departamento de Filosofía de la Universidad de Oviedo), elaboramos la parte científica del programa que Adrián Barbón consensuó para erigirse en actual Secretario General de la Federación Socialista Asturiana. Tanto Armando como yo formamos parte del Consejo Asesor en Ciencia y Tecnología de la FSA, y nos encontramos redactando el borrador de programa científico para Asturias que se llevará en las próximas elecciones autonómicas.

Volviendo al email de contestación de Emilio, los intercambios de mensajes y pareceres entre ambos continuaron y un mes después, aprovechando una reunión en Madrid, me acerqué al CIEMAT a conocerle. Hoy, casi un año después, identifico ese encuentro como un punto de inflexión en mi trayectoria científica. Si bien hasta el momento me venía dedicando a quizás la parte más exploratorio de la ciencia, la investigación, descubrí de la mano de Emilio otra parte sustancial de la misma que es la política científica, la cual hoy en día entiendo tal y como definía Edward Shils, para quien era el “esfuerzo deliberado de influenciar la dirección y la tasa de desarrollo del conocimiento científico por medio de la aplicación de recursos financieros, dispositivos administrativos y educación y formación, en tanto que todos ellos sean afectados por la autoridad política”. Sólo hecho de menos en la definición el importante rol que la sociedad debiera tener en todos los procesos de creación científica. Volviendo a mi primer encuentro con Emilio y tras algo más de media hora discutiendo sobre la vigencia actual de las palabras escritas hace más de un siglo por Santiago Ramón y Cajal en su libro “Reglas y consejos sobre la investigación biológica. Los tónicos de la voluntad”, me propuso mantener la llama del grupo que él había reunido para elaborar el programa de política científica a Pedro Sánchez, y acepté de buen grado, tal vez porque no me detuve a pensar si podía estar a la altura.

En ese grupo hemos debatido de forma muy notable sobre los recortes en ciencia de los últimos años. Es un grupo que ha ido creciendo paulatinamente con participantes pertenecientes a distintos ámbitos de la ciencia, desde el sector privado al público, de las ciencias experimentales a las ciencias sociales, pero con el denominador común de estar posicionados en el espectro político que va desde el centro a la izquierda. No puedo imaginarme una política científica conservadora en una mundo donde amamos el progreso, y es más que evidente el daño que las políticas (neo)liberales y la inclusión de excesivas cuotas de mercado han ocasionado en la ciencia española. La actividad de nuestro grupo comenzó a ser tan abundante que, al cabo de los meses, decidí dotarnos de identidad y escogí el nombre de CURIE, como acrónimo de Cientí[email protected] [email protected] por la Reactivación de la Investigación en España. Bajo el nombre de CURIE quedaba reflejada la importancia de hombres y mujeres en ciencia, las ventajas de las relaciones intelectuales e intergeneracionales, y yo reconocía de forma pública toda la labor realizada por Emilio durante los años 80 con la R de reactivación.

En el seno del grupo hemos debatido sobre el análisis de los recursos destinados a I+D de la COSCE, de noticias negativas sobre el estado de la ciencia española publicadas no sólo por distintos medios, sino por organismos como Eurostat, el INE, la OCDE, hemos compartido iniciativas como #CienciaenelParlamento, la Marcha por la Ciencia o la iniciativa de Emilio Criado en change.org para “actuar contra los recortes económicos y humanos en la investigación española”. Algunos de los 33 componentes del grupo hemos publicado artículos en Sistema Digital, en El País, hemos concedido entrevistas radiofónicas en La Ser, en Onda Cero, hemos participado en la elaboración del “Informe sobre la Ciencia y la Tecnología en España” de la Fundación Alternativas y finalmente hemos sido los autores del número 249-250 de la revista Sistema, dedicado a la Ciencia en Sociedad y que se presentó hace apenas 3 semanas en el Círculo de Bellas Artes de Madrid.

Pero lo que es más importante, el grupo CURIE ha sido el germen para la creación de la Asociación Española para el Avance de la Ciencia (AEAC), gracias sobre todo a la iniciativa de Amaya Moro y de Carmen Andrade. A lo largo de los 3 últimos meses hemos escrito y consensuado los estatutos con los que estamos a punto de registrar la AEAC, una asociación que nace con el objetivo de promover el diálogo entre ciencia y sociedad a través de cuatro pilares: I) recuperar la obligación de los poderes públicos de promover la ciencia y la investigación científica en beneficio del interés general, tal y como recoge el artículo 44 de la Constitución Española; II) desarrollar actividades para acercar ciencia y sociedad; III) promover un pacto social por la ciencia y IV) recuperar el concepto de la ciencia como derecho humano, recogido en el artículo 27 de la Declaración Universal de los Derechos Humanos (ONU, 1948). Una asociación con un carácter inclusivo e incluyente y que aceptará como socios desde empresas, instituciones a cualquier persona, científica o no, que comparta un claro interés por la ciencia y quiera situarla, en España, al nivel que se merece.

Personalmente, estar al frente del grupo CURIE me ha servido para crecer como científico, interesarme por el diseño de políticas científicas que incluyan y tengan en cuenta a la sociedad, que proponga otro modelo de gestión y una mayor influencia de la comunidad científica, que valore la maternidad evitando que suponga un lastre para la estabilización de las científicas. También me ha servido para darme cuenta que si se quiere uno puede lograr cambiar cosas, y que conviene no esperar que sean sus superiores quienes aborden los problemas de la ciencia en España, porque no lo harán. Apuesto y así lo he manifestado recientemente por una mayor movilidad de personal científico entre ciencia y política, entre sector público y privado, y hago esta apuesta motivado por la aparente falta de efectividad de las protestas sociales ante la apatía y la desidia de nuestra clase política. Si parte de ésta tuviese formación científica, otro gallo cantaría y otros oídos nos escucharían. Pero no todo es culpa de la política, hace falta que la comunidad científica aparte sus egos, salga de esas torres de marfil en las que a veces se recluye, deje atrás ese amilanamiento al que hacía alusión Miguel Delibes de Castro, y pase a la acción: la única forma de intentar cambiar las cosas es salirse de la zona de confort y actuar.

De momento ya tenemos un foco concreto de acción, y es el perjuicio que la nueva Ley de Contratos del Sector Público va a acarrear a proyectos de investigación como el que dirijo. Si quieren más información, les remito a la siguiente iniciativa de change.org denominada “acaban de apuntillar la ciencia española” (http://chn.ge/2FxIFIg) Cosas como estas son las que la sociedad ignora y, desde luego, no será el gobierno quien las publicite. Me despido deseando que esta sección, Ciencia en Sociedad, sea el foro de discusión donde todas las generaciones englobadas en nuestra comunidad científica manifiesten su interés y sus ganas de cambio para acabar de una vez por todas con lo que Vicente Larraga define como el sexenio (ya camino de la década) perdido de la ciencia española.