LA EUROPA QUE DEJA DRAGHI

LA EUROPA QUE DEJA DRAGHI

Se va Mario Draghi, presidente del BCE. Su legado está siendo comentado por economistas de distintas procedencias ideológicas. Los comentarios afectan a la política monetaria aplicada por el italiano; pero también a las medidas de política económica adoptadas en los años posteriores a 2008-2009. En tal sentido, algunos economistas han indicado lo absurdo que resulta aplicar correctivos a países que incumplen con el déficit. La posición de estos expertos, keynesianos pero también procedentes del liberalismo económico, no hace más que corroborar una conclusión que se viene diciendo desde palestras heterodoxas en relación al mainstream: la austeridad es nociva para el crecimiento económico, y fuente poderosa de alimento de la desigualdad.

La zona euro se asimila a una unión de Estados que compiten entre ellos como si fueran empresas. Esto conduce a problemas graves, ya que:

  • Hay naciones netamente exportadoras, que generan superávits;
  • Hay otras importadoras, que necesitan financiación para cubrir estas compras.

Así se producen desequilibrios recurrentes en el conjunto europeo, que se quieren corregir a base de supervisiones económicas, llevadas a cabo por organismos supra-nacionales. Aquí, tenemos:

a) El control de las finanzas públicas, a partir de los equilibrios presupuestarios. La vía es clara: recorte de gastos –principalmente en los capítulos sociales–, de inversiones de todo tipo; y una preocupación bastante limitada por los ingresos (con la única excepción del estímulo a la imposición indirecta).

b) La revisión de los indicadores de deuda pública. Desde el mainstream se ha cambiado de forma tendenciosa la secuencia, que es esta: la crisis emerge y, a raíz de ella, la deuda se dispara. Y lo hace en muchos países por las políticas de rescate bancario que se impulsan. No es la deuda la causante de la crisis, sino su consecuencia.

c) Reformas estructurales para mejorar la competitividad; en definitiva, políticas de austeridad que sustentan sus fundamentos en dos elementos clave: el control de los salarios y la flexibilidad de los mercados de trabajo.

Las consecuencias de la austeridad son claras:

  • El PIB ha caído en los países de la periferia europea, más que en el total de la Eurozona. Es en este espacio geográfico donde se han aplicado las recetas más severas de la austeridad. Esta conclusión ha sido reconocida, incluso, por el propio FMI, en trabajos publicados en 2012 y 2013 sobre 170 países y para los últimos treinta años, con una conclusión contundente: entre 2008 y 2012, el PIB ha retrocedido, el desempleo ha crecido, los salarios han menguado y se ha incrementado la desigualdad.
  • La deuda sobre PIB ha aumentado: los recortes del gasto público provocan una reducción a su vez del PIB, de manera que el porcentaje de endeudamiento aumenta.
  • La deflación se ha instalado en el conjunto de la Unión, inquietud máxima para Draghi.

Mario Draghi ha visto todo esto, desde su privilegiada palestra. Por eso indica que los gobiernos deben activar políticas fiscales; la monetaria tiene escasos cartuchos en la recámara. Urge un cambio de paradigma.