LA CIENCIA ANTE LA DESIGUALDAD: EL TRANSEXUALISMO, NEUROBIOLOGÍA Y ÉTICA

Contexto

El movimiento científico  que se  está articulando alrededor del concepto ciencia en sociedad  y  que ha sido invitado por esta plataforma para divulgar sus estrategias y objetivos, pretende recordar que la Constitución Española en su Artículo 44 establece la obligación de los poderes públicos de promover la ciencia y la investigación científica y técnica  en beneficio del interés general. No olvidemos que en el año 2018 celebramos el cuadragésimo aniversario de  la promulgación de nuestra Carta Magna.

Entre  esas estrategias  está el favorecer la relación, que debe ser bidireccional, entre ciencia y sociedad con el objetivo  de facilitar a la ciudadanía  la comprensión de lo que es la ciencia y su correlato , la tecnología, de modo que  esa ciudadanía adquiera capacidades para debatir y contrarrestar decisiones políticas que atañen a su bienestar físico y social. Junto a  este objetivo genérico, se persigue prestar especial atención a los seres humanos que experimentan situaciones de conflicto y potencial exclusión social para que puedan  entender las razones biológicas, sociales, económicas de tales desigualdades y por lo tanto que mejoren  su capacidad de  reaccionar ante ellas en búsqueda de la justicia social.

Este texto  es una síntesis sobre la situación que rodea al debate sobre el género desde las visiones antedichas. Es evidente que el Colectivo LGTB ha mejorado sus condiciones relativas a  a  la convivencia y el reconocimiento social de modo notable en el mundo occidental y avanzado a lo largo de la segunda mitad del siglo pasado. Particularmente llamativa encuentro la evolución en España durante los cuarenta años trascurridos desde la proclamación constitucional. Paradójicamente, se percibe una reversión de la situación en países como los Estados Unidos con el rechazo del Presidente Trump a los transexuales en el ejército o en el supuesto entorno democrático de la Unión Europea en el que hay  países del centro y este  con  líderes políticos y gobiernos   que ejercen actitudes  discriminatorias de inusitada violencia contra esos colectivos quizá por irradiación y contagio de la Rusia del presidente Putin. Esta involución contrasta aún  más con la situación  de España en la que no se observa, precisamente en momentos de recortes y ataques a derechos y valores constitucionales. Quizá, ¡ay de los que somos mal pensados!, se deba a que las fiestas del Orgullo Gay derivan en pingües beneficios para los pilares del “desarrollo económico español”: turismo, hostelería, sector inmobiliario, servicios asociados a la cultura del ocio.

 La identidad de género y el conocimiento biológico

En todo caso, nuestra tarea es presentar  como está el conocimiento biológico sobre la cuestión del género. La revista/periódico The Scientist, que se publica mensualmente en papel y que se distribuye casi diariamente  en versión parcial online y a la que se accede gratuitamente, ha  abordado en su número de marzo de 2018 y en su proyección en la web del 1 de marzo el tema del género con una notable cobertura. En primer lugar,  merece atención   el editorial que firma Bob Grant con el título “The Skin we´re in”, tomado del documental estrenado el 2 de marzo de 2017 del director Charles Officer, y que aborda de forma controvertida y notable honestidad el racismo en Canadá. Conviene señalar que tanto el documental como el director han sido profusamente laureados.

Bob Grant subtitula su editorial con una pregunta significativa para  hacer periodismo científico que es el objetivo de su trabajo: How can science inform the debate on gender? (¿Cómo la ciencia puede poner al corriente acerca (de la cuestión) del género?). Reconoce Grant que el tema se ha convertido en un asunto candente. Traduzco sus palabras: “Algunos políticos y sus seguidores contemplan el género como una vía para dividir a la gente, limitando los derechos de los transexuales y por lo tanto codificando en la ley juicios morales. A través del espectro político, los legisladores buscan consagrar sus propias creencias, con algunos defendiendo la igualdad de derechos, independientemente de las relaciones (que mantengan) con el sexo con el que se ha nacido”.

El editor asume que en asuntos sociopolíticos es  poco probable que se logre una solución satisfactoria a lo largo del proceso o de la historia cuando la mezcla de política, religión y cultura lo complican hasta hacer difícil la consecución de una verdad objetiva: invoca acudir  a la ciencia,  que como  tantas veces puede servir de guía en estas controversias.

Con el fin de profundizar en la tarea propuesta, la revista publica el artículo de portada cuya autora es la editora asociada Shawna Williams, que se ajusta a la fórmula habitual de The Scientist, el reportaje, y con un  título que nos interpela:¿Son los cerebros de las personas transgénero diferentes de los de las personas cisgénero? (Are the Brains of Transgender People Different from Those of Cisgender People? ) .

La autora empieza señalando un cambio positivo en la sociedad norteamericana con la  aceptación social de celebridades transexuales como Caitlyn Jenner, figura de la televisión y ex deportista y Laverne Cox, actriz. No podemos olvidar que en la ceremonia de los Oscar de 2018, ha recibido el premio a la mejor película de habla no inglesa, la película chilena “Una mujer fantástica” con una protagonista transexual, Daniela Vega. Sin embargo es indudable que  persisten las reacciones sociales  mientras que, como el artículo de S. Williams muestra,  todavía no existe una base de conocimiento biológico para entender el contraste entre el sexo natal y la identidad de género. Las investigaciones que han empezado a  suministrar datos de interés en esta dirección se apoyan en técnicas biofísicas como la imagen por resonancia magnética nuclear (MRI, acrónimo del inglés). Las líneas de indagación sobre la disforia sexual exploran como principal hipótesis que la diferenciación sexual de los genitales trascurre de forma separada de la diferenciación sexual del cerebro en el útero materno. Ello posibilita que el cuerpo pueda virar en una dirección mientras que la mente se orienta en otra.

Esta hipótesis no cuenta con la unanimidad que requiere la clausura de las controversias  para  llegar al, estatuto de las verdades científicas. De hecho, en la década de 1980, un número significativo de investigadores abrazaron el argumento de que las normas sociales en las que educamos a nuestros hijos constituyen las bases en las que se asientan las diferencias que mueven el desarrollo de las niñas y los niños. Estas líneas  argumentales contaron con el evidente liderazgo del psicólogo John Money aunque algunos de  sus arriesgados experimentos cosecharon importantes fracasos.

Hoy día, como subraya el reportaje de The Scientist , están bien documentadas las diferencias en el cerebro . Sin embargo la controversia entre las dos líneas de pensamiento no está saldada y ambas siguen siendo objeto de un intenso debate.

Un dato significativo del reportaje presentado por S. Williams es que se  da un peso importante a investigadores muy concentrados geográfica e institucionalmente. El Instituto Holandés de Neurociencias (The Netherlands Institute for Neuroscience) y el Centro Médico de la Universidad VU (Vrije University) de Amsterdam son el manantial a donde  ha acudido  la autora del  reportaje  para encontrar  fuentes de investigaciones sobre estudios experimentales con animales sobre la relación entre el desarrollo de los genitales  y la adquisición en el cerebro de rasgos masculinos o femeninos  así como también sobre estudios anatómicos postmortem de cerebros de transexuales. Otros estudios que se citan provienen de la Universidad Médica de Viena con las investigaciones ‘del  neurocientífico Georg Kranz, quien utilizando  las técnica MRI ha identificado diferencias en una propiedad de la microestructura de la materia blanca  entre sujetos trans y cis género. Otros datos interesantes proceden de España a través del grupo del neurocientifico Antonio Guillamón de la Universidad Nacional de Educación a Distancia (UNED), el cual ha presentado resultados sobre el espesor de la corteza cerebral que revelan diferencias en el cortex  cerebral  de  mujeres y hombres, dependiendo de que sean cis o trans.
Para la autora del reportaje la opinión prevalente es la de Baudewintje Kreukels de la Universidad VU quien concluye que la identidad de género es fenómeno de  gran complejidad: A este respecto apunta que. “verosímilmente resulta de una combinación de factores biológicos, psicológicos y sociales, lo que dificulta encontrar una solución desde una investigación todavía fragmentada y limitada”. Una primera reflexión que me surge de este aserto es que para la investigación científica sobre el transexualismo o la identidad de género,  se da un conflicto, como también ocurrió en su momento con las enfermedades raras, entre la relevancia del problema ( su calidad)  para los individuos que le afrontan y y el escaso número de ellos que lo experimentan ( cantidad) : Incidencia psicológica y social para unos pocos  frente a  los  recursos que son necesarios para su adecuada solución  por parte de los poderes públicos y de las agencias implicadas en cuestión tan transversal.

Ética y transexualismo     

A la luz de la intensidad del problema según se acaba de delinear, parece claro que hay importantes implicaciones éticas en relación con  el  transexualismo en el seno de  la ciencia biomédica y social que  debe adentrarse en su solución. Curiosamente tenemos  una experiencia española en la que tuve la fortuna de verme envuelto  a lal que se pude tildar de  innovadora. En el año 2001  a  instancias  del Instituto de Salud Carlos III  y con el apoyo  científico y estructural de la Agencia de  Evaluación de Tecnologías Sanitarias, se encargó a un  panel de Expertos presidido por Javier Sánchez Caro un Informe sobre Cirugía de Cambio de Sexo. Asumí la parte correspondiente a las dimensiones éticas  y como resultas publiqué un trabajo titulado” “Ética y Transexualismo” que figura en el repositorio Digital CSIC  (http://digital.csic.es/bitstream/10261/1477/1/dt-0110.pdf). Pude contar con un apoyo de información documental importante  y con ello realizar el análisis comparado a nivel internacional e interdisciplinar bajo la perspectiva anglosajona en el primer caso y  y sobre los principios de la ética de la responsabilidad  y las éticas utilitarista  y consecuencialista en el segundo caso.  Es una aproximación esta segunda que ha informado mis trabajos sobre la las éticas de la investigación científica en estas dos últimas décadas,

En resumen, The Scientist y quien esto escribe  comparten,  es decir han convergido,  las tareas de divulgación de la ciencia y la política científica de acuerdo con el método científico. Nos apoyamos en los propios conocimientos, en la búsqueda de datos  y contribuciones acreditadas por la propia comunidad, y citando las debidas fuentes, Por lo tanto alejados de la  banalidad de la INMEDIOTEZ -en término acertado de Javier Armentia-, de las irreflexivas manifestaciones de creencias, de las falsas verdades o posverdades. Compartimos por lo tanto, valores como la responsabilidad y el compromiso respecto a la misión de educar y culturizar a la ciudadanía responsable. Creemos que la ciencia y sus circunstancias pueden ayudar a conocer y profundizar sobre cuestiones sociales, económicas y políticas de calado y que reclaman debates sustentados en la reflexión y la cultura .