LA ASOCIACIÓN ESPAÑOLA PARA EL AVANCE DE LA CIENCIA: UNA INICIATIVA DIFERENTE Y OPORTUNA

El pasado 23 de abril presentamos en el CIEMAT la recién constituida Asociación Española para el Avance de la Ciencia (AEAC). Fue un acto de algo menos de 3 horas donde [email protected] que allí intervinimos coincidimos en la importancia de alcanzar un gran pacto social como preludio a recuperar el apoyo de las administraciones públicas que la ciencia tuvo en otras épocas. A ojos de un científico cuesta entender cómo es posible que nuestro sistema científico y tecnológico no cuente con el soporte que debiera merecer de una economía como la Española. Máxime cuando las series históricas de otros países industrializados muestran la importancia de la inversión en I+D en el desarrollo económico y en el mantenimiento del estado del bienestar. Estos temas serán objeto de debate durante los próximos meses, ya que es necesario reunir en torno a ellos el mayor consenso social y científico posible si de verdad queremos cambiar algo en quienes tienen la responsabilidad de legislar al respecto. Me refiero a los políticos.

En este artículo voy a tratar de narrarles cómo un grupo bastante “inter” (intergeneracional, interdisciplinar e intergénero) ha decidido embarcarse en la aventura de crear una AEAC, y también de esbozarles cuáles son algunos de nuestros objetivos. Pongámonos en antecedentes. El año 2017 fue bastante prolijo en cuanto a iniciativas que perseguían inducir cambios en la política científica de nuestro país. Alguna de ellas como #CienciaenelParlamento siguen en marcha con notable éxito, y otras han conseguido llevar 275.000 firmas al Congreso de los Diputados. Sin embargo, y protestas mediante, la situación de la mayor parte de la comunidad científica se ha ido complicando durante los últimos 7 años debido principalmente a la desmesurada burocracia y continuo control de gasto que impiden por ejemplo ejecutar el dinero presupuestado en I+D. Por si fuera poco, la entrada de la Ley de Contratos del Sector Público no ha hecho sino añadir más trabas a nuestra labor científica. La situación resulta cuanto menos curiosa: si tanto consenso político existe en torno a la falta de apoyo al sistema público de I+D, si existen tantas ganas de cambiar esta situación, ¿qué es lo que está fallando?, ¿nuestros representantes políticos?, ¿la comunidad científica?, ¿la sociedad española?, ¿todos?

Con estas preguntas en mente tuve el gusto de recoger, a finales de mayo de 2017, el testigo ofrecido por Emilio Muñoz para mantener un grupo de debate sobre política científica. Este grupo fue creciendo en efectivos y pronto se hizo necesario otorgarle una identidad, un nombre. Escogimos CURIE como acrónimo de Cientí[email protected] [email protected] por la Reactivación de la Investigación en España; hace unos días les explicaba el por qué en otro artículo.

A finales de noviembre de 2017 ya se observaba cierta bicefalia en el seno del grupo CURIE, en tanto en cuanto coexistían dos iniciativas: la primera la de formar una AEAC política pero no partidista a imagen y semejanza de la Asociación Americana para el Avance de la Ciencia (AAAS), y la segunda la de estudiar vías para incrementar la participación de la comunidad científica en la vida política (considero personalmente que la retirada paulatina de científicos del ámbito político es una de las principales causas de la situación desoladora en la que se encuentra la ciencia en España). El caso es que ambas iniciativas perseguían, cada una a su manera, colocar de nuevo a la ciencia en la agenda política. Y en este punto, donde uno esperaría que en virtud del ego que suele caracterizar a la comunidad científica cada iniciativa tirase por su lado, decidimos unir fuerzas y darle el empujón definitivo a la AEAC.

Entre nuestros objetivos a corto, está alcanzar primero un pacto científico por la ciencia y la tecnología para después abordar un pacto social. Y qué mejor año para iniciar esta aventura que 2018, en el marco del 40 aniversario de nuestra Constitución. No olvidemos que el artículo 44.2 recoge la obligación de los poderes públicos de promover la ciencia y la investigación científica en beneficio del interés general. Desde la AEAC queremos luchar también por el reconocimiento de la ciencia como un derecho humano, como así lo contempla el artículo 27 de la Declaración Universal de los Derechos Humanos (ONU, 1948). Quisiera recordar en este punto que la concepción e implementación de la AEAC ha sido una idea eminentemente femenina: propuesta por Amaya Moro desde Baltimore y adoptada casi inmediatamente por Carmen Andrade quien consiguió que unos pocos nos adscribiésemos rápidamente a la idea.

Como les proponía en el título de este artículo queremos hacer las cosas de una forma diferente. Para ello hemos abierto nuestra asociación a toda la población, a cualquier persona que quiera participar en ella, sea científica o no. En el seno de la AEAC está la convicción de ser una entidad eminentemente transversal y horizontal, intergeneracional, aglutinante de científicos y ciudadanos sin importar su ideología, incluyente e inclusiva, con proyección política pero no partisana. El camino hacia el tan ansiado pacto social por la ciencia puede ser una AEAC liderada por científicos y con el sólido apoyo de la sociedad.

El acto de presentación del día 23 suscitó un debate en torno a muchas de las cuestiones que afronta nuestra sociedad ante los retos que impone el actual cambio de paradigma tecnológico y ante el panorama de desolación científica. Debo resaltar que este debate es muy urgente en España si queremos que nuestro país no sea vagón de cola en los ámbitos científico-tecnológicos y se convierta en mero consumidor de los éxitos industriales de otros. De entre los temas y preguntas que surgieron durante ese debate, fue muy interesante la observación de uno de los allí presentes (que me perdone porque no pude retener su nombre) y que planteó una pregunta que probablemente mucha gente no se haga: ¿qué culpa tenemos los científicos de la actual situación de crisis en la ciencia española?

Desgraciadamente estimo que tenemos una gran parte de la culpa por dos sencillas razones. En primer lugar nos hemos ido desentendido totalmente de la política científica (salvo contadas excepciones), siendo este un tema que merece un estudio histórico comparado. Nos hemos dedicado a protestar pero no hemos pasado a la acción. Uno de los mantras que debemos quitarnos de encima es que los científicos estamos sólo para asesorar. No señor, también estamos para participar. En segundo lugar está el hecho de que a pesar que desde la órbita científica se han planteado numerosas iniciativas para tratar de paliar en la medida posible la actual situación, no hemos sido capaces ni de coordinarlas ni de alcanzar un gran pacto científico al respecto. Antes de un pacto social por la ciencia necesitamos primero un gran pacto científico. Y por científico, por ciencia, no sólo me refiero a la investigación que es en lo que un servidor se ocupa, me refiero a su gestión, a su administración, a su divulgación, a su enseñanza, a su aplicación. [email protected] estamos llamados a adscribirnos a dicho pacto científico, que muy probablemente será una de las primeras iniciativas de la AEAC.

Les animo a respaldar y a apoyar a la AEAC convirtiéndose en [email protected] de la misma; estimamos poder empezar a tramitar las solicitudes durante la segunda quincena de mayo y empezar nuestras actividades con el objetivo de lograr cambiar las cosas de una forma diferente y oportuna.