FRENTE A LA INESTABILIDAD DE EEUU, NECESITAMOS UNA EUROPA UNIDA

Que vivimos en la era de la incertidumbre es algo obvio, pero que esa incertidumbre además es alimentada por líderes políticos que gobiernan como si de un juego de rol se tratara, sin capacidad de negociación, por imposición y bravuconerías, y a veces pienso que, no solo estamos en las peores manos, sino también en mentes dañadas capaces de destruir con ligereza y premeditación la frágil convivencia internacional.

Lógicamente me refiero a Trump. La semana pasada, Juan Antonio Sacaluga escribía un magnífico artículo en estas páginas, Las guerras de Trump: ¿sólidas, líquidas o gaseosas?, analizando el clima de confrontación e inestabilidad que está provocando este personaje.

Desde que llegó, su política del American First fue una continua confrontación. En primer lugar, con los propios americanos, con las propias instituciones, con sus propios ministros y consejeros, con su equipo, con los demócratas, con los alcaldes, con el FBI, con los medios de comunicación, con periodistas profesionales, …. No dejó de crear enemigos por donde pasaba. Toda su política era un continuo despropósito, lleno de altibajos, de vértigos, de inestabilidad, de falta de concordia y diálogo. Lo que es peor:  no saber qué pasará al día siguiente, la sensación de que al frente de la primera potencia del mundo se encuentra una persona inestable, imprevisible, sin palabra, sin razones, sin ningún plan, salvo sus cambios de humor o sus bravatas.

Y cuando ha terminado de poner patas arriba al país, ha comenzado con el exterior.

En un mundo especialmente frágil, con una globalización que provoca desigualdad, con unas tecnologías imparables que avanzan vertiginosamente, con un futuro cada vez más líquido frente al que somos incapaces de prever qué ocurrirá en una década, llega Trump a destrozar la poca confianza en las instituciones internacionales, a eliminar los frágiles puentes de diálogo y pactos, y dinamitar cualquier negociación política.

En vez de liderar la globalización, Trump ha convertido a EEUU en una potencia excluyente. Su política internacional es la retirada del papel primordial de EEUU, la confrontación y el insulto como embajador político.

Empezó retirando el Tratado de Asociación Transpacífica; siguió con la ruptura con el Acuerdo del Clima de París; siguió con su retirada del Pacto de refugiados y migración de la ONU; también con la retirada de EEUU de la Unesco; y, comenzó a establecer conflictos internacionales: el menosprecio a Europa, sus salidas de tono con Merkel, Macron, o May; su enfrentamiento con Australia por la política de refugiados; sus tensas relaciones con Corea del Norte; la creciente escalada de tensión con Rusia y las sanciones impuestas; por supuesto, su actuación contra México y el famoso muro; o también contra Venezuela y las injerencias realizadas; la confrontación con Irán que ha provocado que esta nación acelere su plan nuclear; o los últimos movimientos absurdos, de ataque primero y retirada después, contra Huawei y su guerra comercial con China, que lo único que está consiguiendo de momento es una gran inestabilidad bursátil y que China se rearme lo antes posible ante las amenazas americanas.

Como no existen bastantes problemas en este mundo globalizado, en este sorprendente siglo XXI, Trump genera él solo la mayoría de los conflictos.

Cuando el domingo próximo votemos a Europa, pensemos bien que ha supuesto en estos últimos 70 años de paz y prosperidad. Seamos críticos con lo que se ha hecho mal, pero objetivos con lo alcanzado. Pensemos que, una vez más, EEUU busca una política de confrontación mundial para justificar su política nacional.

En esa confrontación, Europa tendrá algo que decir. Y dependerá de quienes gobiernen. Si la opción es los nacionalismos excluyentes, la confrontación internacional, la disolución de la Unión, nos espera un tiempo lleno de sobresaltos y nuevas guerras (desde las políticas a las comerciales).

Esperemos que los europeos hagan uso de su memoria y su razón para emitir un voto que apueste por la estabilidad, el diálogo, los derechos, y la paz.