¿ESTADO O NACIÓN?

Una de las instituciones que ha entrado en crisis con la globalización económica es el Estado-nación, tal y como lo conocemos, y que surge como concepto después del derrumbe del estado feudal.

Un territorio, una identidad, una legislación, un gobierno. Y en ese espacio geográfico-histórico se fueron asentando las democracias representativas. Unas democracias que hoy se encuentran en crisis por la desconfianza de la ciudadanía.

Parte de esa desconfianza se produce por el debilitamiento del Estado-nación, que se ve inviable para gobernar la globalización económica.

No es el único elemento pero es uno de los puntos esenciales del descrédito del Estado. Hoy, los gobiernos nacionales no controlan una economía que ruge por el planeta, reconvertida en un capitalismo financiero, que ha encumbrado como “ciudadanos del mundo” a una élite de megarricos, mientras los demás nadamos a brazo partido ante este desconcierto.

Pero lo que se ha roto en esta crisis son los dos conceptos que se unen, el Estado y la Nación.

Y lo estamos viendo en el sentimiento nacionalista e identitario que está recorriendo Europa, como ocurrió con el Brexit. Incluso con un nacionalismo que supone cerrar fronteras, mirar hacia el ombligo y elevar el tono chauvinista frente a una Europa que, en la crisis económica, ha presentado su peor cara, con los burócratas de la Troika poniendo sanciones.

Eso ocurre también en España, donde el debate catalán, provocado por los independentistas, se ha convertido en un duelo de “nacionalismos”. El español versus el catalán.

De hecho, quienes intentan hablar del Estado, de la desigualdad, del paro, del mal gobierno del PP, de la corrupción, etc, pierden votos, metidos en un debate a ver quién tiene más grande la bandera. Porque no se habla de Estado, se habla de Nación. Algo que le viene muy bien al PP y a Mariano Rajoy, quien ha gestionado pésimamente el conflicto catalán, porque su interés no es solucionarlo, sino pescar votos en el río revuelto del independentismo, sacando a pasear las señas de identidad nacionales.

Según las últimas encuestas, entre ellas, las del periódico diario.es, el partido popular toca fondo. El PP se sitúa por debajo del 30%, su peor resultado, y además, un 80% de votantes (la mayoría también de los suyos) apuesta por un recambio de Rajoy.

Lo que resulta sorprendente es que, con la que sigue cayendo con los casos de corrupción, el PP siga vivo. Dice Rajoy que son casos de hace diez años, pero el cinismo y la hipocresía con la que los dirigentes del PP (incluido el presidente) actúan, mirando hacia otro lado, denotan que algo grave está pasando para que todavía sigan siendo el partido más votado, aunque vayan en descenso.

¿Y la gestión de la desigualdad? ¿Y el precariado en el empleo? ¿Y los recortes en educación y sanidad? ¿Y la expulsión de la ciencia de nuestro país? ¿Y esquilmar la caja de la seguridad social? Y tantas otras cosas que ocurren en este país llamado España, cuyo sentimiento de identidad debería construirse pensando en el futuro.

Y nuestro futuro cada vez está más negro, porque estamos descapitalizando nuestra España, a base de expulsar al conocimiento y la formación de nuestro mercado laboral y social.

En la Comunidad Valenciana sabemos bien esa estrategia del PP, utilizada por los populares valencianos con Camps a la cabeza. En primer lugar, se busca un enemigo externo, luego se hincha el pecho hablando de “las señas de identidad” y, finalmente, se esquilman las arcas públicas.

Pero cuando ya no quede Estado, ¿nos quedará la Nación?  Quizás también esté vacía porque haya sido mal utilizada en esta jerga patriótica de los servidores que nos gobiernan.