¡EN CAMPAÑA!

Saber si ha sido un acierto la fecha del 28 de abril para las elecciones nacionales solo se sabrá después de los resultados. Y esos resultados, sean los que sean, condicionarán claramente las posteriores elecciones municipales y autonómicas. Porque el resultado tendrá el efecto de reverberación, pues apenas habrá tiempo para modificar el voto. Así que, el domingo 28 de abril marcará claramente los gobiernos sucesivos.

Confieso que soy de las poquísimas que prefería un superdomingo electoral. Lo explicaré aunque ahora ya está decidido. Pensaba en varias razones: porque la fecha del 28 de abril, con campaña en semana santa no me parece adecuada; porque, como he comentado antes, condicionará de forma excesiva el resultado de las siguientes; porque el efecto de “contagio” de las nacionales no será superado, ya que estaremos votando al tiempo que confeccionando gobierno; porque no creo que la ciudadanía en general le preocupe tanto que se diferencien unas elecciones de otras; y porque me inquieta la invisibilidad de las elecciones europeas que en esta ocasión me parecen cruciales, ya que estaremos ante la decisión primaria de elegir si continuar o no con el proyecto europeo, y si se hubieran juntado con las generales, habríamos podido enlazar ambos debates y ver cómo se retrataba la derecha.

Porque una de las cosas más interesantes de esta campaña es ver cómo se diferencian los tres partidos de derecha, y un buen retrato habría sido hablar de qué y cómo quieren el proyecto europeo.

De momento, parece que es Vox quien marca el ritmo de Casado y Rivera. Tanto es así que Casado (aparte de que se sienta cómodo en el extremismo) se ha convertido en una verdadera caricatura: insultos fáciles, risas que acompañan un discurso hueco y demagógico, la imagen de quien no se cree realmente lo que dice (al menos eso esperamos algunos, que la derecha de este país no sea la que representa Pablo Casado). Aunque Casado le hable a los suyos para que no se fuguen votos hacia el extremismo, su futuro está ligado inexorablemente a Vox. Ya no podrá caminar sin esa muleta, mientras Casado les ría las gracias y se aproxime a sus tesis en vez de crear una derecha conservadora demorática.

Quien podría diferenciarse de ese extremismo es Rivera, pero, en estos momentos, está absolutamente condicionado por el tema catalán. Y de hecho, ya ha dado la campanada poniendo líneas rojas frente al PSOE. ¿Y eso? Que no haya buena sintonía personal, no puede significar anular proyectos políticos. A mí tampoco me hace ninguna gracia sentarme a hablar con Rivera, después de los numerosos bandazos ideológicos que ha dado desde que se definió como socialdemócrata en tiempos no tan lejanos. Pero asegurar de forma radical esas afirmaciones, mientras es capaz de tontear con Vox, resulta incomprensible aquí y en cualquier país de Europa (por eso, la importancia de las europeas).

Rivera tiene un grave problema, y es que ya no puede definirse como un ultra español cuando habla de Cataluña y un liberal centrista cuando se refiere a España, porque ese discurso no encaja con el tripartido conservador. Por lo que cada vez es menos liberal y más extremista. ¿Podrá resistir Rivera sin hacerse fotos al lado de Abascal? ¿Cuánto tiempo más podrá seguir haciendo “la cobra”?

Porque del único que tenemos claro lo que dice y lo que quiere es Vox. Y sin complejos, “españoles valientes”, a ver quien dice la barbaridad más grande. Y lo peor de todo, es que ellos sí se lo creen. Que su gobierno supondría una verdadera involución en derechos, valores, libertades, que no encajan en la Unión Europea. Es más, creo que son los únicos del tripartito que están disfrutando con esta situación, viendo como manejan a Casado y Rivera como si fueran marionetas: ahora el feminismo, ahora la bandera, ahora la inmigración, ahora el aborto.

Lo que ocurra en estas próximas elecciones generales será crucial para el futuro de España. Paradójicamente, el bipartidismo murió hace tiempo, pero nunca como hasta ahora se ha visualizado una confrontación ideológica tan extrema.

Pero el resultado será también mirado con lupa en Europa, tanto por parte de los defensores de la Unión como de sus detractores. Por eso es tan importante, en mi opinión, que los partidos nacionales se retraten en sus posiciones europeas, porque allí no cabrá la demagogia ni los engaños de trileros.