EL PP DISTRAE CON LA PRISIÓN PERMANENTE REVISABLE

Resulta interesante recordar lo que afirmó el Consejo General del Poder Judicial en un informe sobre la reforma del Código Penal que pretendía llevar a cabo el PP, y que finalmente aprobó en el año 2015. En concreto, en relación a la prisión permanente revisable, dijo que “a juicio de este Consejo resulta cuanto menos dudoso que una privación de libertad potencialmente perpetua sea conciliable, en un ámbito estrictamente interno, con la reinserción contemplada en el artículo 25.2 de la Constitución. Las penas privativas de libertad de carácter temporal no excluyen el reingreso del penado al entorno social, por muy extensa que sea su duración -salvo por el fallecimiento de este último- pues en el peor de los escenarios posibles, es decir, cuando el penado no obtenga beneficios que supongan un acortamiento de la condena, al menos alcanzaría la libertad finalizada la duración de la pena fijada en sentencia, o dicho con otras palabras, se reinsertaría en la sociedad una vez finiquitada la sanción impuesta, lo cual no tendría lugar cuando se le aplicara la Prisión Permanente Revisable”. Se puede decir más alto, pero no más claro.

España es uno de los países más seguros del mundo. Ese logro es un esfuerzo colectivo de la democracia española, que debe ser conservado y mejorado desde los poderes públicos, con más medios materiales y humanos a los cuerpos y fuerzas de seguridad del Estado. Pero también, con más trabajo en el ámbito de la educación y de la igualdad.

España también es uno de los países con un código penal más duro en cuanto a los años que un condenado puede permanecer en la cárcel, a pesar de cierta visión distorsionada que existe en la sociedad española sobre la duración de las condenas. Y ello, antes de aprobarse la prisión permanente revisable, que es una cadena perpetua encubierta, que no tiene cabida en nuestro ordenamiento constitucional, y que hasta ahora solo se ha utilizado una vez.

Dicho esto, hay que señalar, que lo que no se espera de un gobierno es que utilice el dolor terrible de unas familias que han perdido a seres queridos de manera violenta, para intentar tapar sus problemas y hacer política. Esa estrategia de la distracción, que pretende que los ciudadanos se olviden de otras cuestiones cruciales que les afectan a ellos, y al propio gobierno y al PP, no les va a funcionar como tampoco funcionó en otros países cercanos cuando se utilizó de manera parecida y con los mismos fines.

Con la excusa de “castigar los crímenes que más repugnan a la sociedad”, se aprobó, en el año 2015, la prisión permanente revisable. Pero desgraciadamente, con ella en vigor también se han producido crímenes terribles. Por lo que decir ahora que se endurecerá este tipo de pena, es un nuevo acto de demagogia del PP. Que además, vuelvo a reiterar, se aprovecha del sufrimiento de muchas víctimas.

El Gobierno de Mariano Rajoy decidió introducir en España la prisión permanente revisable. Una cadena perpetua camuflada que no cabe en nuestra Constitución y que nos retrotrae nada más y nada menos que a la España del siglo XIX. Esto último no es un eufemismo. El último Código Penal que incluía la cadena perpetua era el de 1870, donde existía la cadena perpetua y la reclusión perpetua. Después, y tras su eliminación, en España no ha existido la cadena perpetua en la legislación penal ni en el periodo de la dictadura.

Ahora, intentando aprovechar la coyuntura, el PP anuncia que pretende endurecer y ampliar los casos en los que se puede utilizar la prisión permanente revisable. Pues bien, hay que decir que el Gobierno de Mariano Rajoy miente, porque no tienen mayoría en el parlamento para hacerlo. Y continúa mintiendo, cuando pretende hacer ver a la sociedad que no es una barbaridad esta cadena perpetua encubierta, porque nos homologa con Alemania, Francia e Italia. Países, que nadie puede poner en duda por su trayectoria democrática y su defensa de los derechos humanos.

Este argumento, el que habla de equiparación con los países europeos, que tanto gusta al Presidente del Gobierno y a su Ministro de Justicia, también choca con la realidad de los ordenamientos penales de estos países.

Frente a la idea que nos quieren trasladar de que en España los criminales no cumplen con penas de cárcel suficiente y es un cachondeo esto de la reinserción, los ciudadanos deben saber que en Alemania la pena de cárcel máxima no supera los quince años; en Francia, es de veintidós años el tiempo máximo durante el cual una persona no puede beneficiarse de medidas de adaptación de la pena; y en Italia, una vez cumplidos 26 años puedes quedar en libertad condicional. En España, antes de este invento, las penas máximas eran de veinticinco, treinta y cuarenta años, y no existía revisión judicial periódica personal del penado. Ahora, alguien puede estar toda su vida en la cárcel, es decir, cadena perpetua encubierta.

Por último, frente a la política de mazmorras permanentes, que el PP ha impuesto en el Código Penal con la prisión permanente revisable a los 25 o 35 años de condena, hay que recordar que en España las penas privativas de libertad y las medidas de seguridad están orientadas hacia la reeducación y la reinserción social, como establece el artículo 25.2 de la Constitución. Y, por tanto, esta cadena perpetua camuflada no cabe en nuestro ordenamiento y por supuesto en nuestras mentes.

Por estos motivos, el Congreso debe derogar definitivamente la prisión permanente revisable. En nuestra democracia, la cadena perpetua, aunque sea camuflada, tiene que ser un mal recuerdo de siglos pasados. Y junto a esto, todo el apoyo a las víctimas.