EL AYUNTAMIENTO DE LOS MADRILEÑOS SE PRESTA A COLABORAR CON LOS INDEPENDENTISTAS CATALANES

El alquiler de unas dependencias municipales de Madrid para que el Presidente Puigdemont dé una conferencia en el marco de la presión independentista por un referéndum, es una noticia grave y, sobre todo, triste. Es grave porque introduce al Ayuntamiento de Podemos en la campaña independentista y es triste porque demuestra el desprecio de los dirigentes de Podemos por la opinión de los madrileños.

El primer tema que suscita esta decisión es el tono que adoptará Puigdemonmt. ¿Dirá en Madrid las barbaridades que ha ido contando en Bruselas o en Estados Unidos? ¿Dirá que la democracia española es de baja calidad y se parece a la turca, que España oprime a Cataluña, que se persigue a los independentistas y que éstos son como el movimiento de derechos civiles de Estados Unidos? (véase Javier García Fernández: “¿Cuándo dejarán de hacer el ridículo?”, Sistema Digital, 26 de abril de 2017). O, por el contrario, ¿se revestirá de la misma piel de cordero con que sus compañeros se revisten ante los Tribunales? En ambos casos, el argumento principal de Puigdemont será falaz: que se permita a los catalanes el derecho a decidir, derecho que no existe en la Constitución ni puede existir. Y también será falaz la negociación que pedirá Puigdemont al Gobierno porque lo único que no puede negociar un Gobierno democrático es cómo se rompe el Estado democrático que es lo que subyace tras la petición de referéndum (véase el muy interesante artículo de Llàtzer Moix: “Representación y realidad”, La Vanguardia, 14 de mayo de 2017). Alquilar un local para que un independentista ofenda a la democracia española, mienta y pida con aire sumiso el mejor procedimiento para romper esa democracia no es adecuado para un Ayuntamiento que representa a todos los madrileños.

En segundo lugar, yendo más allá de la presencia de quien quizá insulte a los españoles, la conferencia de Pugdemont forma parte de la estrategia del Pacte Nacional pel Referèndum, que es la organización-estrategia creada por los independentistas que fuera de Cataluña buscan legitimación al referéndum. Y ahí, con la complicidad de Podemos, los independentistas, que propugnan la ruptura del Estado democrático español han conseguido poner una pica en Flandes. Los independentistas fracasaron al pretender que el Senado cediera una sala a una persona que propugna un golpe de Estado pero el Ayuntamiento, con el asentimiento de la Alcaldesa Carmena, cede su sala a quien propugna el golpe de Estado y se sube a la campaña de ruptura de España. Un poco fuerte.

En tercer lugar, el tema es más grave porque los que se enfrentan al secesionismo en Cataluña no tienen las mismas posibilidades en Cataluña. Como comentaba Joaquim Coll (“Una respuesta diferente para Cataluña”, El País, 15 de mayo de 2017) en Cataluña el control independentista de los medios de comunicación es absoluto y a eso se debe el ascenso de los secesionistas, que no encuentran medios de comunicación que den la réplica. Que el Ayuntamiento de Madrid contribuya a facilitar la campaña de agit-prop de los que han creado una opinión única en Cataluña es también un exceso. Todo esto es muy grave porque Podemos, a través de su sucursal madrileña, no representa más de un una cuarta parte de los electores madrileños (véase la última encuesta de Metroscopia publicada en El País, 15 de mayo de 2017) y con un apoyo minoritario impone sus particulares visiones de España a los madrileños.

¿Por qué Podemos y los antiguos comunistas están tan volcados en apoyar el independentismo? En primer lugar, por pereza intelectual, porque creen que España es la España de Franco que oprimía los nacionalismos. En segundo lugar, y esto es más grave y más determinante, porque tanto los dirigentes de Podemos como los nostálgicos de una revolución imposible, creen que si Cataluña se separara de España se daría en ambas un proceso revolucionario. Y qué mejor que hacerlo para celebrar el centenario de la revolución bolchevique.

En este marco, sorprende que a la Alcaldesa de Madrid, Carmena, le parezca “estupendo” (sic) que el Presidente secesionista venga a soltar su mitin a las dependencias municipales de Madrid porque cree que así se puede dialogar. ¿Frivolidad? ¿Ingenuidad? ¿Resabios de antigua comunista que quiere la revolución? Lo cierto es que con la exigencia de referéndum es imposible el diálogo con el Gobierno que es a lo único a lo que no puede acceder. Carmena no debería olvidar que fue votada por muchas personas que no compartían su alianza con Podemos y que con salidas tan sectarias no se aproxima a sus electores.

Finalmente, hay que señalar la tibieza de la reacción de la representación municipal socialista. En lugar de sumarse a las protestas del Partido Popular, e incluso pactar con éste la petición de medidas cautelares ante los Tribunales (dada la locuacidad de Puigdemont, con la jurisprudencia del Tribunal Constitucional probablemente hay materia suficiente para instar al Poder Judicial a que suspenda el acto en las dependencias municipales), la Portavoz Causapié, al menos en unas declaraciones a la SER se mostró ambigua y hasta comprensiva con una Administración como la catalana que va derecha al golpe de Estado. Así no remota el PSOE en Madrid porque para populismos destructores del Estado, Podemos, que es genuino.