DE LOS LADRILLOS AL SOL A LA CIENCIA EN SOCIEDAD

En las elecciones autonómicas de 2015 la convicción de que se estaba en un momento duro de la Gran Recesión era notable. Tan notable que fueron varias las ocasiones en que dirigentes autonómicos dejaron de inaugurar instalaciones culturales por el temor a que la sociedad les acusase de que lo que se necesitaban eran, por ejemplo, comedores sociales. Entre los no inaugurados también hubo algún que otro centro de investigación. ¿Cómo se podía explicar que se inauguraran laboratorios para científicos mientras se necesitaba un comedor social? Decir que el centro de investigación se había planificado antes de 2007, por lo tanto antes de la crisis, no era suficiente. Señalar que la mayoría del gasto se había cofinanciado con Europa casi era peor. Ante la negativa de inaugurar uno de aquellos centros, se cuenta que una científica finalmente le dijo al dirigente autonómico: “Si no quieres estar inaugurando un comedor social dentro de 10 años… más te vale que inaugures laboratorios hoy.”

Se suele pensar que la ciencia está lejos de ser la reivindicación social de primer orden, pero las encuestas de percepción social indican lo contrario. La población española es de las que está más dispuesta a invertir en ciencia aún en situación de crisis y anteponiendo dicha inversión a otras aparentemente más sociales. Entonces, ¿por qué el dirigente autonómico no quería inaugurar el centro de investigación? Pues porque la ciencia se ha politizado; pero, ¿cómo se politiza la ciencia?

El proceso es sencillo. El Gobierno reduce en exceso la contribución pública a la ciencia, de modo que manda un mensaje social claro de que la inversión que se hizo en ciencia antes de 2007 fue un error, y que dicho gasto fue parte del problema de la crisis. La dialéctica es facilona. ¿En qué invirtió más Zapatero? Entre otras cosas invirtió crecientemente en ciencia. En consecuencia, y como todo el mundo sabe, en aquello en lo que se invirtió crecientemente tiene muchas papeletas para ser parte de la burbuja. En poco tiempo se llega a la conclusión de que la ciencia desde finales de los noventa tuvo su burbuja de crecimiento provocada por una sobreinversión de dinero público. Una vez detectado culpa y culpable, para volver a ordenar el crecimiento el Gobierno sólo tiene, ¿muy a su pesar?, que pinchar la burbuja de la ciencia.

Este discurso puede parecer partidista, pues no. La ciencia está en la batalla política como la educación y el modelo energético. El que venga después cometerá el mismo fallo de acusación de burbujeo, que le servirá para “pinchar” a diestro y siniestro sin querer ver que no son burbujas todo lo que crece.

El pinchazo a la ciencia ha sido salvaje, sonoro y sangrante, aún con los intentos de algunos/as funcionarios/as ministeriales por paliarlo y despolitizarlo. Pero la realidad es inapelable. Ningún país de la OCDE ha sufrido una merma del 35% del presupuesto público en ciencia. El siguiente país ha sido Irlanda, pero su pinchazo sólo ha sido del 18%[i]. Esto ha llevado a que la Comisión Europea haya recriminado a España la absoluta falta de compromiso de su Gobierno y de todo el aparato de las distintas Administraciones Públicas con las políticas de apoyo a la ciencia y la innovación[ii].

La crítica de la Comisión incide en dos puntos. Por un lado, los presupuestos públicos en esta materia ni siquiera llegan a gastarse y, por otro, España es una economía de un tamaño tan grande que no puede despreciar a la I+D como fuente de riqueza. La recomendación es que la inversión pública debe estar por encima del 1% del PIB. La Comisión se pregunta por las razones de este ensañamiento sin sentido contra la ciencia, y deja claro que sus dos censuras son la cara de una misma acusación: la política en España no puede permitirse el lujo de dejar al albur de la iniciativa privada a la ciencia. De otra forma nunca se llegará al 2% del PIB en inversión en I+D, un objetivo con el que se había comprometido para 2020 y que ya se sabe que ha quedado definitivamente abandonado por parte de España.

Pero, ¿para qué tanta obsesión por parte de Europa en alcanzar el 2% del PIB? Sencillo, esa es la cifra, sea cual sea el reparto entre lo público y lo privado, que al menos asegura no quedarse fuera del cambio de modelo productivo ligado a la digitalización de todas y cada una de las actividades económicas conocidas y por conocer. Así que la ciencia se vuelve la clave del futuro.

¿Quieres solucionar el desempleo? Piensa en ciencia. Algo de este cambio mental parece estar surgiendo en los últimos meses, pero lo cierto es que la desidia de nuestros gobernantes y políticos sobre la viabilidad del cambio de modelo productivo, para abandonar “los ladrillos al sol” y pasar a “pensar en ciencia”, cada día está más enquistada. La posibilidad de que el actual Gobierno y los venideros, sea cual sea el color político, apuesten una vez más por el turismo y la inversión inmobiliaria como nuestros motores de competitividad es alta. Todavía no hay ninguna política de comunicación en ninguno de nuestros partidos políticos que salga ahí afuera y diga que la política científica no estará supeditada a la del empleo, como sí lo está ahora. Empleo y ciencia no son cosas distintas y que nada tengan que ver una con otra. Ante la disyuntiva de laboratorios o cualquier ayuda a la generación inmediata de empleo, la decisión no ha variado mucho desde las elecciones del 2015 en la cabeza de todos y cada uno de los políticos independientemente de su color: invierte en empleos del pasado y tendrás paro en diez años, inaugura un laboratorio y crearás nuevos trabajos en el futuro.

A los políticos les va bien con la desidia, pues la tentación social va en el mismo sentido. El ciudadano medio identifica al turismo como uno de los salvadores de la crisis, y sólo está seguro de que las cosas empiezan a marchar bien si ve la oportunidad de nuevo de colocar sus ahorros en una inversión inmobiliaria, ya que le dan una mayor y segura rentabilidad que la que le ofrece la inestable bolsa o la ridícula rentabilidad de las cuentas bancarias. Tampoco es muy alentador que en el Eurobarómetro los padres españoles sigan reclamando al sistema educativo que sirva para proporcionar trabajo, frente a los padres suecos que reclaman que desarrolle la creatividad de sus hijos. Con creatividad se crean nuevos trabajos, con viejos empleos se crea paro. El “¡que inventen ellos!” no era un problema de Unamuno, es una impronta cultural que detectó Unamuno en el homo hispanicus. Habría que educar a los padres en el lema de que si capacitas para trabajar hoy a tu hija mañana estará en el paro, mientras que si la haces ser creativa mañana creará nuevas profesiones.

¿Piensas que es un pensamiento ilusorio, sin sentido y panglosiano? Te equivocas, el ciego eres tú. Menos mal que la realidad ha venido a contradecir este engaño colectivo de falsas expectativas tan arraigado en muchas de las cabezas de los hispanicus. La gráfica que muestro deja bien claro que el mundo ha cambiado ya. Se ha digitalizado a fuerza de avances científicos.

Las crisis profundas son crisis estructurales que traen el futuro al presente. Aquellos países que tienen menos recursos culturales para entender el futuro, y la ciencia es ya la esencia de la cultura de nuestras actuales sociedades, son los que peor arrostran las crisis sociales (las crisis que medimos en términos de destrucción de empleo y capacidad de reposición) y en eso España ha sido la campeona mundial sin paliativos en la Gran Recesión iniciada en 2007. Las bases sociales de la ciencia, es decir las conexiones entre la ciencia, por una parte, y, por otra, la industria, las Administraciones Públicas y la sociedad, eran tan débiles que han volado por los aires en estos diez años, sin mucha preocupación por parte de los políticos en y fuera del gobierno.

Lo primero que marca esta gráfica es que la crisis ha sido en términos de empleo una cosa de cuatro países: Eslovenia, Portugal, Grecia y España. Si además tomamos este cuarteto en su conjunto, el 60% de la responsabilidad la ha tenido España, dado su volumen de población (46 millones de habitantes frente a los 34 millones que suman los otros tres países). Así que esta crisis, desde el punto de vista del empleo, podía denominarse para los anales de la historia como la “Crisis Española”, emulando a la gripe del 1918. Ni siquiera se puede tildar de la crisis del Sur de Europa, pues como muestra la gráfica Italia ha saldado la crisis con la misma creación de empleo que ha perdido. Y de ahí para arriba están los países que han transformado sus estructuras laborales con éxito creciente, hasta llegar a los seis países que en términos de empleo puede decirse que la crisis ha sido una oportunidad para transformar intensamente sus estructuras laborales y crecer: Estados Unidos, Chile, Suiza, Israel, Nueva Zelanda, Luxemburgo y Reino Unido.

Lo segundo que marca esta gráfica son las actividades que han protagonizado el cambio. Sí, el mundo se ha digitalizado y “cientifizado”. Países como Suiza, Israel, Japón, Reino Unido, Alemania, Francia, Australia, Noruega, Hungría, Austria, Suecia, Lituania, Luxemburgo y, especialmente, Bélgica han basado el crecimiento del empleo en la ciencia, la tecnología, la informática, las telecomunicaciones, los servicios a las empresas, los nuevos autónomos de la economía colaborativa y toda la actividad de las administraciones públicas relacionadas con ella, tales como son la educación, la investigación y la salud. Y ahora viene lo grande e inesperado. También en España estos mismos sectores han sido los creadores del empleo más sólido y permanente. Por el contrario, el ladrillo y el turismo están lejos, muy lejos, de ser la locomotora de nuevo o de algo. La locomotora ya está en marcha y tiene base científica y tecnológica, así que no es cuestión de apostar por la ciencia, es cuestión de que no la obstaculicemos entre todos. Por lo que más quieran, volvamos todos a invertir en ciencia. Y si a alguien le queda la tentación de dar prioridad al turismo y al ladrillo frente a la ciencia recuerde que sigue siendo muy patente el desastre que colectivamente hicimos al dejar una generación de jóvenes tirada sin educación porque los salarios en la construcción y el turismo eran altos y los absorbían[iii]. Busca empleo y tendrás paro, apoya a la ciencia y crearás nuevos trabajos. Los ninis son la gran burbuja social que aún arrostramos y curarla no tiene nada que ver con “pinchar” y desangrar a la ciencia.

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[i] Para cualquier consulta sobre las cifras véase el Informe sobre la Ciencia y la Tecnología en España de la Fundación Alternativas publicado en 2018, http://www.fundacionalternativas.org/las-publicaciones/informes/informe-sobre-la-ciencia-y-la-tecnologia-en-espana

[ii] “La Comisión critica a España por las bajas cotas de innovación. El Ejecutivo comunitario señala la falta de ejecución del presupuesto público” El País, 9 de marzo de 2018. https://elpais.com/economia/2018/03/08/actualidad/1520538243_699787.html

[iii] En 2016 el porcentaje de ninis superaba el 25% (jóvenes entre 20 y 24 años que ni trabajan ni estudian). En términos acumulados supone 1,5 millones de jóvenes. OCDE (2017), Education at a Glance: OECD Indicators, OECD Publishing, Paris. https://www.keepeek.com//Digital-Asset-Management/oecd/education/education-at-a-glance-2017_eag-2017-en#page3