YA TENEMOS GOBIERNO, ¿Y QUIÉN EJERCERÁ LA OPOSICIÓN?

Ya tenemos Gobierno. Supongo que ya podemos dormir tranquilos pues está garantizada la “estabilidad y la gobernabilidad”, está garantizado el “orden social”. Nada se mueve de su sitio. Todo sigue igual, como si nunca hubieran pasado dos elecciones casi simultáneas y la posibilidad de realizar un Gobierno alternativo a Rajoy. Todo seguirá igual: la política de austeridad y recortes, el neoliberalismo más feroz que respira el PP (aunque sea con rostros más jóvenes) y la corrupción, pues no ha existido ni petición de perdón ni propósito de enmienda. Ya veremos cuánto más se atreverán los jueces y policías a seguir investigando en las cloacas del Partido Popular si este es de nuevo el que ordena y manda.

Ahora bien, no todo queda igual. La oposición parlamentaria ha quedado desecha, y no solamente el PSOE, que es el principal perjudicado de todo lo que ha ocurrido, sino también Ciudadanos y Podemos.

Ciudadanos puede darse ya por amortizado. Su obsesión por garantizar el Gobierno al PP sin pedir ni siquiera la sustitución de Rajoy, cuando durante meses y meses fueron implacables con la corrupción, les ha hecho perder toda credibilidad. ¿Para qué votar a un partido amateur y novato si los profesionales están al frente?

Otro tema es la pelea que se producirá en los partidos de la izquierda para ostentar el liderazgo de la oposición. Pero eso no nos va a servir a la ciudadanía para nada, salvo para ver cómo se sigue hundiendo más y más la izquierda.

El líder de Podemos no puede seguir ejerciendo la oposición como si tuviera siempre la verdad divina bajo su puño, ni realizando numeritos en el parlamento que los puede ubicar como en un salón universitario, porque eso se lo pone fácil al PP. Ahora no son solamente un partido “protesta” sino que ambicionan liderar la oposición, pues están todavía muy lejos (y hoy mucho más que ayer) de soñar con ser Gobierno. La arrogancia, el ir de “perdonavidas”, la falta de tacto y de empatía no ayuda en la construcción de futuras estrategias comunes. Aunque la impresión que Podemos transmite es que no tiene intención de llegar a acuerdos de ningún tipo con “la otra izquierda”.

Esa otra izquierda sigue siendo el PSOE, que lo tiene mucho más difícil que ningún otro partido. De momento, no parece que las declaraciones públicas que se están haciendo por parte de algunos presidentes autonómicos como el aragonés o algunos miembros de la gestora ayuden a la tranquilidad y a apaciguar los ánimos. Si se pretende machacar a los diputados díscolos exigiendo una disciplina que suena impropia de un partido progresista se abrirá más la brecha. Imagino que la estrategia será alargar al máximo la celebración del congreso federal a ver si el tiempo borra lo ocurrido.

Pero estrategias aparte, me parecen sinceramente lamentables las actitudes ejercidas, pues son las que menos se aproximan a un partido de izquierdas. Muchos militantes socialistas militan en un partido en el que confían por ser un instrumento para mejorar las condiciones de la sociedad, para opinar con mayor libertad dentro que fuera, pero si no es así, si resulta que se impone “el todo por el partido” (una frase que a mí siempre me produce cierto escalofrío) por encima de la conciencia individual, se acabará anulando lo más importante que tiene el Partido Socialista por encima de su historia: la generosidad de su militancia. Muchos de ellos se encuentran ya al borde de su resistencia.

¿Alguien puede creer las palabras de “todo por España y los españoles” cuando se es incapaz de escuchar a las personas que componen una organización?

Por otra parte, Pedro Sánchez abrió la caja de Pandora. Dijo en voz alta cosas que todos sabemos, pero que está prohibido hasta susurrar: que hay poderes económicos y mediáticos que intentan influir en poner y quitar presidentes, y que las relaciones internas en el partido estaban deterioradas y enfrentadas por cuestiones de poder. ¿Algo nuevo que no supiéramos?

Lo realmente interesante, en mi opinión, es el cambio de actitud respecto a la necesidad de hablar, entenderse y dialogar con Podemos, como parte de la izquierda española; y que la cuestión catalana debe solucionarse “votando”. Esas dos cuestiones sí me parecen de interés para construir algo nuevo.

Pero ¿hay posibilidad de construir una izquierda que se entienda y que negocie en el parlamento?

Esto es lo que lamentablemente encuentro más deteriorado en estos momentos: la imposibilidad de que las izquierdas se entiendan. Demasiadas fracturas, palabras gruesas, insultos, reproches, ninguneos y liderazgos. Demasiadas verdades absolutas que siempre están sobre la mesa impidiendo los acercamientos.

En vez de intentar ahora construir una izquierda sólida como oposición al PP habrá pugnas y peleas en ver quién ostenta ese liderazgo. Como siempre, las izquierdas preferirán jugar a ser “cabeza de ratón antes que cola de león”. Y seguiremos dividiéndonos una y otra vez, mientras Rajoy se fuma un puro.