Y TROTSKY RESUCITÓ

El mimetismo de Podemos con el medio ambiente político es cada día mayor, hasta tal punto que va resultando muy difícil   diferenciarlos de la casta. Como Rajoy se deje coleta o Iglesias Turrión corbata van a tener que ir al Congreso con su nombre en un distintivo como las azafatas de Iberia para que puedan distinguirse en las ruedas de prensa. Hasta Bescansa debe estar a punto de reservar plaza para su hijo en el colegio del Pilar de Madrid.

La última característica castiza (relativa a la casta) que han adoptado es la clásica hipocresía de los partidos tradicionales, esa, tan criticada por los recién llegados, que les hace hablar de unidad interna mientras bulle la conspiración continua de todos contra todos.

En el caso de Podemos esa contradicción se lleva al límite ya que va desde los besos (literalmente hablando) entre contendientes hasta la persecución despiadada en twiter. Cuando Iglesias Turrión insiste reiteradamente en que va a dejarse la piel en su actividad política es exactamente literal ya que se están despellejando a la luz de todos. Y, tambien, nunca mejor dicho lo de la luz, y el sonido mejor que los taquígrafos, porque se está retransmitiendo en directo para toda España a través de los medios de comunicación.

Así, hemos podido saber cómo Errejón-Trotsky ha podido sobrevivir a la sentencia de Iglesias-Lenin y le está presentando batalla hasta tal punto que la misma está, ahora, en lo que en términos deportivos se conoce como de empate técnico. Es como si Trotsky hubiera resucitado por lo que, a los encargados de ejecutarle se les podría decir aquello de “los muertos que vos matáis gozan de buena salud”.

Pero ¿que se discute en Podemos?. Pues algo tan moderno como el debate entre centralización o descentralización del poder. Lo que causó la caída del imperio romano y de varios otros imperios a lo largo de la historia. Lo que los franceses llevan haciendo desde la desmembración del imperio carolingio hasta la V República pasando por la Guerra de los Cien Años o los jacobinos y los girondinos. O Reino Unido, o Italia o España. Y, por supuesto, la Unión Soviética. Bien, pues esa dialéctica, unos señores que dan clases, precisamente, de ciencia política, acaban de descubrir ahora. Y debaten sobre ella como si la estuvieran inventando pero con la misma intensidad con la que siempre se ha hecho, aunque con la ventaja de que, desde que Henry Dunant estuviera en la batalla de Solferino, ya se cuida mejor de los heridos de guerra.

Lo dicho, la casta ha acogido en su seno a esta gente y eso tiene difícilmente vuelta atrás ya que una refundación del partido tan al poco tiempo de su creación resulta chocante. Como tambien lo es el que utilicen el mismo concepto que otros partidos por mucho que lo quieran llamar de formas más imaginativas. El twiter no da más que para maquillar, simplemente, la antigua trompetilla del pregonero.