Y SEGUIMOS CON CATALUNYA: HARTAZGO Y PREOCUPACIÓN A PARTES IGUALES

Entiendo que definir de “hartazgo” la compleja situación catalana que estamos viviendo resulta un poco frívolo, sobre todo, porque nos mantiene a todos en vilo, con una profunda preocupación al no saber quién se retirará antes de la contienda. Y si no se retira nadie, qué pasará.

Llega el 1 de octubre y habrá que ver si se ponen urnas, y si, al mismo tiempo, las fuerzas de seguridad (a las que nunca vi tan responsables y tan vapuleadas en un Estado de Derecho) deben ir retirando. Pero mientras llega el momento, sigue aumentando la crispación y siguen “malinterpretándose” decisiones políticas y actos judiciales, con la única intención de ganar esta partida, aunque sea haciendo trampas (como ha ocurrido con el ataque injustificado a Manuel Carmena).

Resulta un “hartazgo”, porque la decisión independentista es absurda y fuera de toda lógica, porque desde hace tiempo no se habla de nada más que de la gran cortina de “independentismo” (que va desde las salidas de tono de Rufián al estilo más sensible de Junqueras), obviando los problemas que sigue teniendo España y Europa, pero que ahora carecen de importancia: se termina el plazo de reubicación de refugiados cuando, no solo ha sido un fracaso de la UE, sino una verdadera artimaña para que Grecia se convierta en un “callejón sin salida”; uno de cada tres jóvenes españoles (el doble que la media europea) no termina los estudios obligatorios; a los españoles nos estafan de nuevo, cuando los bancos no devolverán el dinero de su rescate, mientras se blindan para evitar las compensaciones a sus clientes; sigue investigándose la corrupción, que va desde el “pitufeo” a los grandes botines, pero parece que todo se ha olvidado; el empleo se ha convertido en barato, temporal y sin derechos, pero no se modifica la estructura productiva de algunas de nuestras Comunidades Autónomas; y la financiación del Estado sigue siendo injusta y desigual, lo que provoca grandes agravios entre los españoles.

Pero, todo pasa a un segundo lugar, porque la actualidad NO es Catalunya, sino el independentismo, que ha conseguido romper la agenda nacional (supongo que con el agrado de Mariano Rajoy) y sumirse en esta loca espiral.

Pero lógicamente no es solo una cuestión de “hartazgo”, sino de honda “preocupación”, ya que estamos poniendo en cuestión la Constitución, la legalidad, la estructura del Estado, sin saber qué haremos luego. Y porque no podemos mirar hacia otro lado, puesto que el problema, nos guste o no, lo compartamos o no, está ahí y seguirá estando si no se cierra políticamente.

¿Independencia, para qué? No es para dejar al margen la corrupción (pues espero que la “República catalana” asuma a su estimada familia Pujol y demás congéneres); no es para hablar de educación o sanidad públicas, ya que las mayores privatizaciones residen en Cataluña; ¿para qué es?

Porque el problema se producirá el día 2 de octubre.

Si no se produce el referéndum, porque lo evita el Gobierno Central, será una victoria pírrica, pues los independentistas se considerarán “los mártires de la República catalana”.

Si se produce el referéndum (cosa poco probable) y ganara el SÍ, habrá que ver con qué margen, puesto que no se puede dividir el territorio catalán en dos mitades, para que cada uno elija libremente (lo que no sería descabellado tan y como están las cosas) si quiere seguir perteneciendo al Estado Español o ser independiente. Hay una débil mayoría que pretende imponerse al otro 50%.

Pero habría que preguntar al independentismo, quién gobernaría esa República y con qué programa. Pues hasta ahora se han mezclado “churras con merinas”, sin que unos y otros digan qué piensan hacer, y si es compatible la izquierda radical independiente con el conservadurismo burgués catalán.

Y, ¿si pierden?, ¿se callarán durante una larga temporada como así han hecho otros independentistas en otros países?

Coincido plenamente con José María Izquierdo, cuando señala que “ocurra lo que ocurra el 1 de octubre, haya urnas o no, ya se ha producido la fractura social entre los seis millones de votantes catalanes”. Y ese es el verdadero problema de esta locura: que Cataluña puede dejar de ser la tierra prometida hasta para muchos catalanes.