Y AHORA, ¿CÓMO?

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Algo va mal. Terriblemente mal, cuando los actores políticos principales no son capaces de llegar a acuerdos para gobernar España, anteponiendo el bienestar de los ciudadanos a cualquier otro interés por legítimo que pudiera ser. Es cierto que no todos tienen la misma responsabilidad, pero los ciudadanos están hartos. Como demuestra que para ellos el cuarto problema más importante de la España actual es los/as políticos/as en general, los partidos y la política. Y que el segundo, sea la corrupción y el fraude.

Los españoles necesitamos algunas certezas para vivir, y entre ellas se encuentra tener un Gobierno que dirija la política interior y exterior, la administración civil y militar y la defensa del Estado. El hecho de llevar meses con un Gobierno en funciones, que no quiere ni ir al Parlamento a rendir cuentas, genera una serie de incertidumbres que ya comienzan a percibirse. Así, un 79,9 por ciento de los españoles califica la situación política como mala o muy mala en el último barómetro del CIS. Y un 68,1 por ciento califica la situación económica como mala o muy mala.

En este contexto, cuando todo parece conducir a una repetición de las elecciones generales por falta de acuerdo para nombrar un presidente del Gobierno, es oportuno destacar el paso dado por el Rey de España al comunicar al Presidente del Congreso su decisión de celebrar nuevas consultas, los días 25 y 26 de abril, para conocer si puede proponer un candidato a la Presidencia del Gobierno que cuente con los apoyos necesarios, una vez que el candidato propuesto en primera instancia no consiguió los votos suficientes. O por el contrario, y como establece el artículo 99.5 de la Constitución, transcurrido el plazo de dos meses a partir de la primera votación de investidura sin que ningún candidato hubiera obtenido la confianza del Congreso, disolver ambas Cámaras y convocar nuevas elecciones con el refrendo del Presidente del Congreso.

El paso dado por el Rey, su proceder activo, no solo está dentro de la normalidad democrática, al cumplir con las prerrogativas constitucionales convocando una tercera ronda de consultas con los representantes de los distintos grupos parlamentarios, sino que además está cargado de simbolismo, al poner frente al espejo de sus decisiones a cada uno de los líderes de las principales fuerzas políticas.

Principalmente, al Presidente en funcionales, Mariano Rajoy, que no solo se negó a ser propuesto para intentar la investidura, sino que ha mantenido una actitud pasiva y errática más calculadora de sus interés personales y de partido que de los intereses generales de España. Y al líder de Podemos, que en plena sintonía estratégica con el PP, ha mantenido un postureo político con el último y único objetivo de intentar acabar con el PSOE y superarle electoralmente. Aunque, para ello, se haya olvidado de las necesidades sociales y económicas de amplias capas de la población española que siguen sufriendo mucho en su día a día.

Queda poco tiempo para el acuerdo antes de unas nuevas elecciones, pero no hay que despreciar la posibilidad de que se pueda producir como ocurrió en Cataluña. Si bien, el ejemplo catalán pone muy a las claras que una cosa es dar los votos para que haya un gobierno, y otra muy distinta poder gobernar. Por ese motivo, ya sea ahora o después de unas nuevas elecciones, es importante para el bienestar de los españoles y la estabilidad de España que cuando se produzca un acuerdo, éste sea un proyecto de presente y futuro para el país. Lo contrario, sería tener un Gobierno atado de pies y manos que no podría realizar la tarea que tiene encomendada por ley.

Pero pensando que finalmente se celebren elecciones, hay dos cuestiones que tienen gran importancia de cara a los ciudadanos: con qué programa electoral se van a presentar los distintos partidos políticos, y si van a ser capaces de llegar a un acuerdo si como dicen las encuestas el escenario parlamentario tendrá la misma fragmentación que ahora.

En lo relativo al Programa Electoral, ¿se presentarán los partidos con el mismo que en las anteriores elecciones? ¿Lo modificarán por los distintos textos que han presentado en las negociaciones? Sea de una u otra manera, sería importante que no solo dijeran qué es lo que van a hacer, sino cómo y con quién. De esta forma, los ciudadanos podrán ir a unas hipotéticas nuevas elecciones con la mayor información posible antes de depositar o no su voto en las urnas.

En cuanto al diálogo y los acuerdos, es preciso que todos los partidos con representación parlamentaria sitúen al Parlamento en el centro de la vida política del país, y en el espacio central de los diálogos que lleven a la conformación de un futuro gobierno, como ha hecho en este tiempo principalmente el PSOE. Pero también, es necesario desterrar el insulto como estrategia política frente al adversario, y ser conscientes que el Parlamento no es un programa de televisión. Con lo cual, un poco de espectáculo puede ser asumido, pero no el circo. ¿Por qué? Porque en ese lugar se representa al pueblo español.

Esperemos que en nuestra querida España no lleguemos a cumplir la Ley de Katz, que dice que los hombres y las naciones actúan razonablemente cuando ya han agotado todas las otras posibilidades. Lo veremos.