VUELVE SALVADOS: LA CONCIENCIA SOCIAL

noguera131016

Cansada de la absurda política nacional, de la incompetencia europea ante la crisis que nunca termina, de las caras avinagradas, de las polémicas estériles entre los que son patriotas y los que lo son más, la vuelta de Jordi Évole con el programa Salvados y su documental sobre los inmigrantes que intentan cruzar el Mediterráneo, jugándose la vida –que es lo único que les queda–, nos devuelve la conciencia y nos hace pensar en las cosas que realmente son esenciales.

Jordi Évole dice una frase (hay muchas más que se pueden recoger) que hace reflexionar. Recojo más o menos lo escuchado: “los inmigrantes vienen con tanta ilusión, pronuncian el nombre de Europa con tanta fuerza, que podría hacer que nos enamoráramos de nuevo de nuestra Europa”.

Nos hace falta enamorarnos de nuevo de Europa, de nuestros representantes políticos, del sistema democrático, de nuestro Estado de Bienestar, de nuestras leyes y constituciones. Pero no resulta fácil cuando los dirigentes europeos se encharcan sin resolver la crisis de los refugiados, dividen Europa a trozos con sentimientos cada vez más xenófobos y preocupantes, no se cambia el rumbo económico pese a ser incapaces de salir de la crisis en la que llevamos inmersos una década, la socialdemocracia ha desaparecido engullida por un liberalismo económico que todo lo que toca lo estropea.

Pero tampoco podemos enamorarnos de esta España que anda como pollo sin cabeza, estirando unos y otros sin saber las consecuencias de los desgarros, con un PP enfangado en la corrupción y en los tribunales sin que Rajoy se inmute, con un PSOE fragmentado entre los dirigentes y las bases ante el estupor de los votantes progresistas que ven cómo se inmola un partido de gobierno, con un Ciudadanos que ya nunca será lo que soñó y desaparecerá como un azucarillo a los pies de los profesionales del PP, o como un Podemos con dos almas, que inicia ahora un proceso de constitución organizativa para acabar situado en la oposición de donde será difícil que salga durante un largo tiempo.

Y los que vienen a las puertas de nuestra casa vienen “sin nada”, con lo puesto, “sin maletas, sin dinero, sin zapatos”, solo traen la esperanza, la que hace mucho que perdimos en este continente donde nos hemos vuelto escépticos y descreídos.

Hacen una larga travesía después de haber perdido todo lo que tenían, algunos de haber sufrido torturas o humillaciones, de haber visto a sus muertos, de dejar su país al que no saben si podrán regresar algún día, y sobre todo, de sentir mucho miedo. Un miedo que no termina nunca, pues el miedo les acompaña arriba de esa lancha, después de haber sido engañados y estafados; un miedo que les acompaña con cada ola, un miedo que sienten cuando son cacheados, o encerrados en un campo de refugiados cuando no son devueltos a su origen.

Europa, la esperanza, la tierra prometida, la bien amada, el paraíso, la posibilidad de sobrevivir, el sueño y el conocimiento, la isla de las oportunidades, … Europa los pondrá de nuevo en su sitio, les despojará de lo único que les queda –la esperanza– porque corren malos tiempos para la solidaridad política.

Y si esto no cambia de rumbo, cada vez tienen peor aspecto, hay gérmenes que no se eliminan fácilmente, que simplemente duermen esperando renacer a la mínima oportunidad. Hay cientos de serpientes revolviéndose en sus huevos.