VIAJE DE BERLÍN A GREENWICH

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¿Alguien sabe por qué en Finisterre, en verano, se pone el sol después de las diez de la noche, y a finales de octubre sale a las nueve de la mañana, lo que hace que la gente se tenga que levantar de noche durante meses? La respuesta es sencilla, una Orden de Presidencia del Gobierno de 7 de marzo de 1940. Es decir, una orden franquista para situar la hora de España en sintonía con la Alemania nazi que todavía perdura. Y que provoca, exceptuando China, que nuestro país sea el que más desfase tiene entre su hora legal y su hora local. Y que Finisterre sea el lugar donde ese desfase es el mayor en nuestro territorio, con dos horas y cuarenta minutos.

En estos tiempos de incertidumbres, donde después de más de cien días desde la celebración de las elecciones generales aún no tenemos gobierno, y podemos encaminarnos a unas nuevas elecciones si en treinta días no se nombra Presidente del Gobierno, es oportuno recordar que una de las singularidades de España es que en ocasiones lo que es provisional se convierte en permanente.

Un ejemplo significativo es el caso del huso horario. Como señalábamos antes, en 1940, la dictadura, en la Orden de Presidencia del Gobierno de 7 de marzo, indicaba el inicio de una hora de verano y establecía en su artículo quinto que, “en el momento oportuno”, se informaría de la vuelta al horario normal. Pues ese “en el momento oportuno” no llegó, y se mantuvo el huso horario aquel lejano octubre para adoptar la hora alemana. Y setenta y seis años después, seguimos alineados con Berlín y no con la hora que nos corresponde, que es la de Europa Occidental y no Central.

Pero, es hora, nunca mejor dicho, de cambiar, porque ya ha llegado el momento oportuno para volver al huso horario que nos corresponde, por razones de eficacia y bienestar de los ciudadanos. Por ese motivo, una de las primeras medidas que debe aprobar el próximo gobierno es que España tenga la hora que le corresponde, es decir, la de Greenwich, que tienen Inglaterra, Portugal o Canarias.

Algunas personas pueden cuestionar la medida, otras si debe de ser una de las primeras acciones de un futuro Gobierno con todos los problemas que tiene España. Pues la respuesta es clara. Sí, primero, porque ya está estudiado suficientemente. Basta recordar que la Asamblea Parlamentaria del Consejo de Europa aprobó, en el año1999, la Recomendación 1432 (Observance of The System of European Time Zones) que propuso al Consejo de Ministros del Consejo de Europa que los Estados intentaran evitar la doble hora de verano, porque tiene una serie de consecuencias negativas para la salud, relacionados con el ritmo de sueño especialmente en niños y personas mayores, y medioambientales, con mayor contaminación por tráfico, y mayor consumo de aire acondicionado, entre otros. Y sugería a los Estado reestablecer en invierno la hora correspondiente con su meridiano. O basta con leer el Informe de la Subcomisión del Congreso para el Estudio de la racionalización de horarios, la conciliación de la vida personal, familiar y laboral y la corresponsabilidad.

Segundo, porque como señala la Constitución española, en su artículo 149.1.12 , el Estado tiene competencia exclusiva sobre la determinación de la hora oficial. Y se podría tomar la decisión de una vez por todas, sin más excusas y dilaciones, despúes de más de setenta años. En este punto, también puede venir bien recordar, para todos en general y especialmente para los miembros de la cofradía del no permanente, el caso portugués. Portugal en aras a armonizar su huso horario con otros Estados de la Unión Europea adoptó en 1993 el de Europa Central. Solo duró tres años, y en 1996 volvió a Greenwich, porque le pasaba como ahora a Finisterre, amanecía durante meses a las nueve y en verano anochecía más tarde de las diez.

Y tercero, porque esta acción debe ser la primera de una serie que lleve a racionalizar de una vez por todas los horarios en España. Somos el tercer país de la Unión Europea con jornadas más largas, y la singularidad de los horarios, en todos los ámbitos de la vida, dificulta gravemente la posibilidad de compaginar la vida personal y laboral, y son causa de graves problemas de salud que tienen su origen en la incapacidad de controlar el tiempo dedicado a la vida personal.

De ahí, que como señaló el informe de la Subcomisión del Congreso para el Estudio de la racionalización de horarios, la conciliación de la vida personal, familiar y laboral y la corresponsabilidad, una de las principales recomendaciones que hizo fue “emprender iniciativas legislativas de carácter transversal que nos encaminen hacia unos horarios de vida y de trabajo más acordes con los de los países de la Unión Europea. Por ello, resulta cada vez más necesario repensar la organización del trabajo. Las normas laborales deben fomentar un cambio de organización laboral para emplear más racionalmente el tiempo de trabajo. Disponer de horarios flexibles y racionales es un elemento de adaptabilidad que redunda en un incremento del rendimiento y la competitividad.”

Una decisión del nuevo Gobierno debe devolvernos a Greenwich y cambiar nuestras vidas. Pero, siendo conscientes que los derechos de conciliación son derechos fundamentales, como corrobora la jurisdicción del Tribunal Europeo de Derechos Humanos.

Es la hora.