VÉRTIGO

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El vértigo es una sensación que me invade cuando en mis reflexiones alterno la actualidad política y la movida científica que nos sacude o nos va a sacudir.

Por una parte, como muchos, asisto, con más enfado que sorpresa, a las peripecias de la formación de un gobierno que unos chantajean con teatralidad y otros tratan de resolver con tesón y corrección. Es evidente que desde la mismísima noche electoral del 20 de diciembre Iglesias Jr se ha lanzado a una nueva campaña electoral. Día tras día ha escenificado con cierto descaro y mala educación su planteamiento. Por una parte ha afirmado repetidamente que apoyaría a Pedro Sánchez y al PSOE para la Presidencia del gobierno, al mismo tiempo que anunciaba en conferencias de prensa que no confiaba en él, que le imponía su propio programa de gobierno, a sabiendas que era inaceptable, en particular en cuanto a la consulta soberanista, primero limitada a Cataluña y luego ampliada a quien se le antojase, que decidía de los Ministerios, ocupando no sólo todos los que conciernen el Orden público y la Defensa, ¿huele a Chavismo, no?, sino también la exigencia de ocupar la Vicepresidencia para poder vigilarle y asegurar el cumplimiento de sus exigencias. Debería entender, al menos, que un Presidente de Gobierno no comparte poder, lo reparte.

No vale discutir con los suyos las formas, son las de otro mundo político, que desde luego la inmensa mayoría de los españoles rechazamos. Como siempre, se disfraza en la defensa de los más débiles, de los más vulnerables, de los más perjudicados por las políticas conservadoras de ajuste injusto. Y la historia ha demostrado de sobra que tal engaño es el mejor camino para aumentar la desigualdad, la precariedad, la miseria.

Es de prever que todas estas maniobras terminen con la negación de la investidura de Pedro Sánchez, dando paso a la incitativa de Rajoy, quien, desvergonzado, tratará de renovar, por desidia, su cargo de Presidente. Sería grave, porque nuestro sistema constitucional le daría fuerza para durar. En efecto, una moción de censura será tan difícil de obtener como lo es la investidura, ya que exige otra investidura alternativa. Y que le sea difícil gobernar sin mayoría poco le importará, recordemos el asunto del Prestige.

Por otra parte, en estos últimos tiempos se amontonan las noticias de hazañas científicas o tecnológicas que hacen prever una mutación profunda de nuestro mundo, al menos de su parte desarrollada en la cual vivimos.

Los progresos en ciencias fundamentales, como el hecho de encontrar las ondas gravitacionales, las evoluciones biotecnólogicas que van a revolucionar gran parte de la medicina, los logros de la inteligencia artificial que sitúan los robots, no como una perspectiva de porvenir lejano, sino como un problema inmediato de supresión de millones de puestos de trabajo, la irrupción de la economía por Internet, deberían suscitar profundas reflexiones entre los organismos creados para gestionar la sociedad a partir de los intereses generales, sean partidos políticos o sindicatos, y evidentemente gobiernos.

Es evidente que temas muy actuales como el trabajo, el tiempo dedicado a él, su forma, y su ausencia, es decir el paro, la jubilación, el coste de la sanidad, la revolución necesaria en la educación y en la formación permanente están y estarán cada vez más condicionados por la nueva época postindustrial, cuando además vivimos en la incertidumbre que generan la teoría del caos y la mundialización, los últimos batacazos financieros debidos a lo que ocurre, muy lejos de nosotros y, al mismo tiempo, a nuestra puerta, en China, lo demuestran.

Ciertamente nuestros responsables políticos son conscientes de tales presiones, la última conferencia sobre el calentamiento climático lo ha demostrado, al menos en cuanto a la forma. Pero debemos reconocer que el mundo avanza cada día más rápidamente, cuando nuestras formas de gobernar los problemas son excesivamente lentas, insuficientes, y van al arrastre. Nunca fue tan verdad decir: gobernar es prever, y ¡qué lejos estamos de ello!