Rafael Simancas

VAMOS A DESMONTAR MENTIRAS

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El pasado martes 26 de abril, Pablo Iglesias compareció ante la prensa acreditada en el Congreso y aseguró que el PSOE había contestado “no” a la oferta de un acuerdo de Gobierno por parte de Compromís. Se trataba de una mentira evidente y descarada, y como tal se reflejó en las caras de sorpresa e incluso en las preguntas de varios periodistas presentes.

Los representantes de los medios están acostumbrados, por desgracia, a escuchar análisis interesados que deforman los hechos más explícitos, pero en este caso la mentira carecía incluso del más leve disimulo. Hacía solo unos minutos que Antonio Hernando, el portavoz socialista, había dado a conocer en aquella misma tribuna la contestación afirmativa del PSOE a 27 de las 30 reivindicaciones de Compromís, con muy leves matizaciones en las tres restantes.

Sin embargo, peor que las caras de estupefacción fue comprobar poco después los gestos de resignación con que esos mismos periodistas encajaban otra mentira más. El PSOE había dicho sí a lo más sustantivo de la oferta de Compromís, y había contra-ofertado razonablemente en algunas de las propuestas de Gobierno. Pero Iglesias, al más puro estilo goebeliano, decidió mentir a fin de descartar cualquier debate que le apartara del que fue su propósito constante desde el 20-D: mantener a Rajoy en las funciones del Gobierno y forzar nuevas elecciones, para alcanzar, esta vez sí, el sorpasso y el poder.

Iglesias comparte con Rajoy muchas cosas. La voluntad de mantener este Gobierno de derechas en funciones. Bloquear cualquier gobierno de cambio presidido por un socialista. El rencor al PSOE. Compartieron en dos ocasiones el voto contrario a la investidura de un Gobierno de cambio, el 2 y el 4 de marzo. También comparten la afición por la mentira.

Rajoy suele afirmar falazmente que él gano las elecciones y que, por tal razón, le corresponde gobernar el país. Doble mentira. En una democracia parlamentaria, obtener más votos que otras candidaturas no equivale a ganar las elecciones. Gana quien obtiene un resultado que le permite formar gobierno, y ese no es el caso de Rajoy, evidentemente. Y no corresponde gobernar el país al líder de la minoría parlamentaria con más escaños, sino al candidato que sume más apoyos en su investidura. Pero Rajoy ni tan siquiera lo ha intentado. Es más: pasará a la historia como el primer y, hasta ahora, el único candidato que rehusó el encargo del Jefe del Estado para someterse a la investidura.

Por su parte, Iglesias miente una y otra vez cuando asegura que hay dos opciones de Gobierno desde el 20-D, una de derechas y otra de izquierdas, a la valenciana. Completa la alternativa falaz con la acusación al PSOE de escoger a la derecha. La verdad es que no existe una mayoría de izquierdas en el Congreso de los Diputados. De hecho, PSOE, Podemos y sus confluencias, Compromís e IU, lo que Iglesias denomina “la vía del 161”, tiene eso precisamente, solo 161 diputados. Aunque se sumaran ERC y Bildu, que son más independentistas que izquierdistas, aún se quedarían en 172, por 178 de las derechas que representan PP, Ciudadanos, Democracia y Libertad, PNV y Coalición Canaria.

En las Cortes valencianas hay mayoría de izquierdas, con PSOE, Podemos y Compromís. En el Congreso español, no. Iglesias miente, y lo sabe. En realidad, la única vía que tiene la izquierda para intentar formar gobierno consiste en sumar algún socio de la derecha. Las propuestas de Iglesias implican acuerdos con la derecha independentista catalana, que exige como condición un referéndum separatista. El PSOE prefiere un acuerdo con Ciudadanos sobre la base de un programa reformista para la recuperación justa y la regeneración democrática. Iglesias unió su voto al PP para que Rajoy siguiera gobernando. El PSOE nunca votó ni votará con Rajoy en una investidura. Lo demostró en el Ayuntamiento de Madrid, por ejemplo.

Rajoy miente al responsabilizar al PSOE de su incapacidad para sumar socios en una eventual investidura. La verdad es que ni un solo grupo parlamentario ajeno al PP está dispuesto a aliarse con el partido de las imposiciones, de los recortes y de la corrupción sistémica. Rajoy está solo por méritos propios, no por la culpa de Sánchez.

Iglesias vuelve a mentir cuando afirma haber intentado un acuerdo con el PSOE, “cediendo” incluso una vicepresidencia que jamás tuvo en su poder. La verdad es que Iglesias ha bloqueado y boicoteado una y otra vez cualquier posibilidad de acuerdo. Las excusas han sido diversas, desde la condición inapelable del referéndum separatista en Cataluña hasta la exigencia de contar con cuatro grupos parlamentarios, incumpliendo la ley, pasando por la reivindicación del control político sobre jueces y fiscales, o el veto a Ciudadanos.

Iglesias solo se sentó en una mesa de negociación sobre contenidos en dos ocasiones: en la primera se levantaron a las 48 horas; en la segunda no llegaron a las 24, y ni tan siquiera esperaron respuesta a su documento de 20 supuestas cesiones. No. Iglesias solo ha buscado las elecciones repetidas, desde la misma noche del 20-D, como medio para alcanzar sus dos obsesiones: los sillones del poder y la derrota del PSOE.

Es legítimo buscar acuerdos o no buscarlos. Es lícito procurar la continuidad de Rajoy o el Gobierno del cambio. Lo que no es lícito ni legítimo es la mentira como herramienta habitual para obtener rendimientos políticos. Ni lícito, ni legítimo, ni eficaz. Pero esto último, Rajoy e Iglesias, me temo, no lo descubrirán hasta el 26 de junio.