UNIDAS PODEMOS: EL HUNDIMIENTO

Algún día se estudiará el fenómeno “Podemos” para indicar todos los errores cometidos por un líder y una organización política.

Cuando aún estamos analizando la sorprendente aparición y éxito de este partido en 2014, al auge de la crisis económica y la indignación ciudadana, vemos estupefactos la agonía electoral de esta organización y la caída de su líder.

Muchos de los hijos de votantes socialistas prefirieron ver en Podemos una nueva organización que podría sustituir al PSOE, ya envejecida, con una organización pesada, con años de gobierno a las espaldas. De hecho, muchos vimos con cariño la aparición de una organización joven y nueva que ayudaba a despertar al PSOE. Sin embargo, en apenas cinco años, esos jóvenes votantes han cambiado su voto hacia el PSOE, y no porque hayan madurado (no les ha dado tiempo), sino porque Podemos ha sido incapaz de interpretar desde la acción política la misma realidad que supieron tan bien analizar sociológicamente y desde el activismo.

Protestar y manifestarse no es lo mismo que hacer política.

En primer lugar, a Podemos le sobra mucha arrogancia, prepotencia y creerse en esa posesión de la verdad única, donde todo el mundo está manchado y es impuro, menos ellos mismos. Así es como absorbieron y malograron el voto de IU, dejando a una leal y constante militancia sin referencias políticas, además de humillada. Nació Unidos Podemos, la primera reconversión de aquel incipiente Podemos al que se sumaron inicialmente en torno a Pablo Iglesias, grupos y activistas (Mareas, Anticapitalistas, etc), pensando que lo que les unía -la protesta y el enfado-, era más fuerte que lo que posteriormente les separó -la acción política-. Para nada le sirvió a Podemos “comerse” a IU, ni electoralmente ni tampoco en cuanto al aprendizaje orgánico.

En segundo lugar, sus acciones al frente de los gobiernos comenzaron a ser erráticas, dispersas, y excesivamente populistas. Al tiempo que comenzaron los problemas internos, porque ya dejaron de “jugar” para convertirse en una fuerza política importante. Sin embargo, crear una organización es realmente complejo, y dotarla de instrumentos democráticos mucho más. Aunque los dirigentes de Podemos presumieran de “demócratas” les falló claramente saber crear una estructura interna que respetara el equilibrio entre la dirección y la militancia, entre la centralidad y las autonomías, entre la esencia y la pluralidad. Fallaron internamente, y comenzó el expurgo de muchos de sus dirigentes.

Por otra parte, Podemos tiene dos grandes debilidades: la falta de militancia y la falta de historia.

No se hace militancia a través de las redes sociales, eso no genera “fidelidades”. Así ha podido comprobarse en las votaciones que realiza Podemos entre sus afiliados (cualquiera puede serlo) a través del voto de internet (más fácil imposible), y la escasísima repercusión que tiene. Muy diferente son las movilizaciones de un partido clásico como el PSOE que, en sus momentos críticos, la militancia se moviliza, asiste, participa, debate y critica, y físicamente va a votar, además con una elevadísima participación. Siempre recuerdo a mi amigo Antonio García Santesmases que reflexiona sobre la sorpresa que en dirigentes de Podemos produce la militancia activa del PSOE.

La volatilidad del voto electoral es hoy un componente claramente negativo para las jóvenes organizaciones (también para las clásicas pero menos, porque mantienen un suelo debido a su voto fiel).

La segunda gran debilidad de Podemos es la falta de historia. Una organización tan joven, nació en 2014, sustentada en líderes inteligentes, carismáticos, políticos, y curtidos como el propio Pablo Iglesias, pero que, en momentos de crisis como la actual, no dispone de referencias históricas ni intelectuales ni ideológicas para reforzar a su propio electorado. Entre otras cosas, porque sus referencias pertenecen a otros partidos como el propio PSOE o la aniquilada IU; referencias además que han sido denostadas por el propio Iglesias, quien necesitó para “conquistar los cielos” renegar de la historia.

La encrucijada en la que ahora se encuentra Podemos, reconvertido nuevamente en Unidas Podemos (una feminización del término que ha sido mal comprendida y rechazada por parte de su propio electorado, e incomprendida por la gran mayoría de españoles), es realmente compleja.

¿Qué hacer? ¿Debe cederse en que Iglesias, el líder y cara visible (y prácticamente el único que queda al frente junto a Irene Montero),  no sea ministro? Son conscientes de que ir a unas nuevas elecciones son un suicidio para Unidas Podemos y un riesgo gravísimo para la izquierda, del que seguramente no se recuperaría ni Podemos ni Pablo Iglesias. Por tanto, su única oportunidad de supervivencia es entrar en el gobierno, ser parte de la repudiada casta que tanto han criticado; pero se han ganado tantos enemigos en el camino que no encuentran quien los defiendan. Salvo Monedero, que cada vez que habla, es para incendiar un poco más. Sin embargo, entrar en el gobierno puede suponer el inicio del fin de la propia organización de Unidas Podemos. Gobernar, ser ministros, es formar parte del sistema, dejar la crítica y el activismo, dejar el populismo y asumir responsabilidades. En definitiva, significa que Podemos desaparezca.

Pablo Iglesias sigue denunciando que si él no entra en el gobierno y es vetado se debe a las presiones económicas y al IVEX, un discurso populista que terminará en el momento que Unidas Podemos entre en el gobierno. Y sin excusas, sin culpables, será mucho más difícil articular el discurso político.

Por último, lo ocurrido en la Rioja con la única diputada de Unidas Podemos es inexplicable, y no puede Iglesias eludir dar la cara, no vale con decir que las autonomías son independientes. Lo ocurrido en la Rioja no allana caminos, no favorece las negociaciones, se ve el colmillo torcido de quienes quieren obtener más con menos representación, se traduce cierta repulsión hacia el PSOE, y la todavía soberbia de quienes se creyeron en posesión de la verdad, y ahora les cuesta digerir la fragmentada realidad política del pluralismo democrático.

Ambas organizaciones, PSOE y Unidas Podemos, tienen razones para mantener sus posiciones. Pero la realidad es que la suma de ambas no llega para mantener la estabilidad gubernamental. Unidas Podemos no suma, resta, y eso no es bueno tampoco para el PSOE, puesto que crecer a costa de los votos de la formación de Pablo Iglesias no le dará más colchón para gobernar. Al contrario, puede, con más escaños y votos, quedarse en la oposición, mientras el tripartito de la derecha se alza con el gobierno (como ya ha ocurrido en Andalucía u otros ayuntamientos).

Por tanto, no son buenas noticias ni la falta de entendimiento ni la repetición de elecciones. No lo es para el conjunto de la izquierda.

Ahora bien, creo que Pablo Iglesias debería, además de intentar negociar con el PSOE, buscar alianzas parlamentarias que lo acepten. Las negociaciones no son solamente bilaterales. En esta fragmentación hay que hablar más allá de tu propio espacio político. Evidentemente no pienso en el PP, que siguen ostentando el liderazgo de la derecha (pese a Ciudadanos). El parlamento es más amplio, y si Unidas Podemos son un escollo, deben, no solo imponer sus condiciones o “ceder” ante el PSOE, porque eso no es suficiente para gobernar. Deben saber negociar con un espectro amplio del parlamento español.