UNA PAGINA DE HISTORIA

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El 22 de Febrero de 1948 el refectorio del antiguo convento de los Jacobinos, en Toulouse-Francia, una inmensa sala, no podía albergar la multitud de socialistas que venían a presenciar el último día del III Congreso del PSOE celebrado en el exilio.

La expectación estaba justificada por la presencia de Indalecio Prieto y por los motivos que justificaban su desplazamiento desde México. Indalecio venía a hacer ratificar por el soberano Congreso el giro total de la política del partido, cambio que había conseguido siete meses antes en la reunión de la Asamblea de delegados departamentales, equivalente al actual Comité Federal de los socialistas.

El asunto era de suma importancia. Desde el momento de su reorganización, en México y en Toulouse, los exiliados socialistas estaban divididos entre quienes apoyaban el restablecimiento de las Instituciones Republicanas, en particular del Gobierno, tesis de la Ejecutiva de Toulouse, y quienes seguían la estrategia de Prieto que pensaba que un Gobierno Republicano no permitiría la solución del problema español, ya que los Aliados vencedores de la Guerra, Inglaterra, Estados Unidos y Francia, nunca aceptarían sustituir al Caudillo por tal institución vinculada a la Guerra civil. Para él había que abrir negociaciones con los monárquicos para conseguir la instalación de un Gobierno provisional que sucediera al Franquismo, tesis que contaría con el apoyo de las potencias occidentales.

En Julio de 1947, cuando Rodolfo Llopís, secretario general del partido, era Presidente del Gobierno republicano, Prieto había obtenido que su política triunfase. Los socialistas se retiraron del Gobierno y una Comisión fue designada, encargada de las negociaciones con los Monárquicos.

Desde entonces una lucha feroz se apoderó de los socialistas. En las agrupaciones los debates eran tensos, alguna vez se llegó a la violencia física. La Comisión Ejecutiva, cuya vida había perdonado Prieto en la Asamblea, no escondía su hostilidad a la nueva política, para gran irritación del célebre líder. El problema era evidentemente importante. Los socialistas se alejaban no solo de la legalidad republicana, sino también de su legitimidad, y la perspectiva del acuerdo con los monárquicos no era segura, y menos la consiguiente decisión de los gobiernos occidentales.

El Congreso duraba desde el 18, y ya había sido desaprobada por una fuerte mayoría la gestión de la Comisión Ejecutiva. El 22 se examinaban las propuestas de posición política de Prieto, y las de los partidarios de la Comisión Ejecutiva, y a continuación, como era norma, se votaba la nueva Dirección.

El semanario El Socialista refiere así el final de la intervención de Prieto, pidiendo la aceptación por aclamación del nuevo rumbo político:

«Os ruego, en bien del Partido, en bien de España, en bien de la clase trabajadora española, en consuelo a nuestros presos y en homenaje a nuestros muertos, que, salvada vuestra responsabilidad con vuestras manifestaciones, hagáis que por voz aclamatoria se apruebe este dictamen, con respeto del cual no nos anima ningún espíritu de hostilidad, ni hacia las personas ni hacia los fines perseguidos. Tened fe en nosotros, ¡la merecemos! (bajando de la tribuna, el orador se dirige al compañero De Francisco -que era el Presidente saliente del PSOE- que le recibe en sus brazos, produciendo una formidable ovación y grandes aclamaciones, mientras el Presidente del Congreso exclama ¨La Mesa no os pregunta porque no es necesario y declara que el Congreso aprueba el dictamen por aclamación¨. Se repiten la ovaciones entre atronadores vivas al Partido Socialista Obrero Español».

El siguiente paso fue la elección de la Comisión Ejecutiva, y a propuesta de Indalecio Prieto fue elegido Secretario General Rodolfo Llopis, ocupando él mismo el cargo de Presidente del partido.

La Historia no tiene que repetirse siempre, pero en ella se pueden encontrar inspiraciones.