UNA INVESTIDURA RODEADA DE TRAMPAS

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Salvo cuando un partido obtiene una mayoría parlamentaria holgada, ningún proceso de formación de Gobierno es un trámite fácil, porque han de negociar partidos que siempre están en cierta posición de debilidad. Es una regla política permanente sobre la que no cabe escandalizarse. No resulta admisible, sin embargo, que en el primer proceso de formación de Gobierno que se da en la España democrática sin mayorías suficientes, algunos partidos jueguen haciendo trampas. Y en este momento el Partido Popular y Podemos están haciendo trampas a fin de impedir que Pedro Sánchez pueda formar Gobierno y, tras ese fracaso, que transcurran los dos meses que establece la Constitución y vuelvan a convocarse elecciones. Son trampas de distinta naturaleza (no hay dos tramposos que sepan hacer las mismas trampas) pero concuerdan en el objetivo que es la celebración de unas nuevas elecciones en las que creen (yo creo que equivocadamente) que obtendrían mejores resultados.

La primera trampa, la más grave, está narrada en El Mundo de 9 de febrero de 2016, aunque parece ya desactivada. Según el diario madrileño, en Moncloa (es decir, Rajoy y Sáenz de Santamaría) habrían pensado que las Cortes podrían auto-disolverse sin haber celebrado debate de investidura. Llegaron a pensar en solicitar un dictamen del Consejo de Estado pero, según el periódico, tras alguna conversación, la Zarzuela impidió que se formalizara la petición. La noticia es creíble, porque si de Moncloa dependiera aún no se habrían celebrado elecciones (que Moncloa quería retrasar a este mes de febrero). Nunca ha habido una legislatura en la que se ha vulnerado tanto la Constitución o, al menos, se ha rozado tanto la inconstitucionalidad. Que el Gobierno de Rajoy, amparándose en un dictamen del Consejo de Estado, pretendiera que el Congreso de los Diputados, atribuyéndose la soberanía nacional (que no tiene, porque corresponde al pueblo español sin intermediarios), aprobara su auto-disolución, es un dislate que roza la demencia. En todo caso, era una trampa para impedir la elección de una persona distinta de Mariano Rajoy.

La segunda trampa que ha pretendido el Partido Popular era que el Pleno del Congreso votase (se supone que como proposición no de ley) una fecha casi inmediata para la celebración del debate de investidura. Hoy parece que ha desistido de la iniciativa pero merece la pena reflexionar sobre el tema pues, en primer lugar, no sabemos si en algún momento posterior volvería a intentarlo si pudiese sacar un beneficio y, además, tiene más carga constitucional de lo que parece. Era una doble trampa, en sentido político y en sentido jurídico. En sentido político porque pretendía acogotar a Pedro Sánchez en una negociación a uña de caballo a fin de que fracasase y, desde ese punto de vista, era un acto político desleal, porque en 1996 nadie apresuró a Aznar para que negociara con Pujol y con Arzalluz. La formación de un Gobierno es una operación lo suficientemente compleja por sí misma como para someterla a un término temporal.

Pero en términos jurídicos la fijación de una fecha para el Pleno de investidura es también doblemente tramposa. En primer lugar porque se trata de una maniobra que interfiere la propuesta del Rey. Si el Monarca propone un candidato, las exigencias de gobernabilidad conducen a no poner trabas a la propuesta regia mediante un procedimiento tan basto como limitar en el tiempo la vigencia de la iniciativa. Dicho en términos coloquiales, es una forma de boicotear la propuesta del Rey. En segundo lugar, una iniciativa de ese tipo vulneraría las atribuciones del Presidente del Congreso. De forma directa, la Constitución no regula nada pero el Reglamento del Congreso establece que “en cumplimiento de las previsiones establecidas en el artículo 99 de la Constitución”, el Presidente de la Cámara convocará el Pleno. Es decir, se trata de un procedimiento especial de convocatoria del Pleno donde la Mesa, que tiene facultades para fijar la fecha de los Plenos, es desplazada por el Presidente.

El hecho de que el Partido Popular haya desistido de su trampa no impide tenerla presente, máxime cuando no se sabía cuál iba a ser la postura de Podemos.

La última trampa que se está tendiendo a Sánchez en su búsqueda de la investidura proviene de Podemos. No es de carácter jurídico sino político, pero es igualmente reseñable. Como es sabido, mientras Sánchez estaba entrevistándose con el Rey, Iglesias Turrión, rodeado como acostumbra de sus fieles, anunció el Gobierno que iba a ofrecer al PSOE (Vicepresidencia, Interior, Defensa, etc.). Si la oferta era impertinente en el tiempo e impositiva en el contenido, en la forma era insultante, lo que hizo pensar a mucha gente que en realidad era un rechazo (con el histrionismo a Iglesias Turrión) a un acuerdo con el PSOE. Desde entonces, Podemos ha seguido en la misma dirección: una lista de Gobierno filtrada desde Zaragoza, veto a las negociaciones del PSOE con Ciudadanos, constantes desprecios a Sánchez y al PSOE (incluso por no disfrazarse, como hizo Iglesias Turrión, de camarero). Y ya el dislate se produjo ayer cuando Iglesias Turrión pidió que en un Gobierno de coalición Podemos e Izquierda Unida tuvieran la mayoría de Ministros porque suman más votos que el PSOE. Como Iglesias Turrión no parece tonto, hay que entender que su actitud va dirigida a imposibilitar todo acuerdo con el PSOE y, en tal sentido, sí es una atrampa que muy conscientemente está tendiendo a Sánchez para que fracase.

Las trampas que ha preparado el Partido Popular han ido desactivándose, pero no es imposible que intente otras para evitar un Gobierno de izquierdas en España. Y Podemos seguirá persistiendo en sus desplantes y ofensas al candidato y al PSOE. Desde el idilio Aznar-Anguita, nada nuevo en la derecha y en la izquierda que conviene a la derecha.