UNA DERECHA PELIGROSA

Siempre solemos calificar las siguientes elecciones como decisivas y trascendentales. En esta ocasión, tales calificativos están más justificados que nunca desde los años de la Transición Democrática, me temo.

Las encuestas nunca fueron el oráculo infalible. En este tiempo de incertidumbres e indecisiones, aún menos. No obstante, ofrecen pistas significativas acerca de lo que puede ocurrir. El PSOE aparece sistemáticamente como primera fuerza. Es cierto. Como también lo es que la derecha, en sus tres formulaciones, está muy movilizada. Y que el porcentaje de voto oculto o dubitativo es muy elevado a menos de una semana de los comicios.

Es decir, lo mismo que se decía de las elecciones autonómicas andaluzas una semana antes de votar. Corolario: la jornada del 28 de abril constituye una formidable oportunidad para impulsar este país hacia el futuro, y un gran riesgo de que las tres derechas sumen lo suficiente para formar Gobierno y nos arrojen de golpe 40 años atrás en la historia.

Y es que las derechas que concurren a estas elecciones son especialmente peligrosas. La tríada PP-Ciudadanos-VOX no representan, por ejemplo, a la derecha gobernante en Alemania y Francia, que han decidido no acordar sus políticas con los ultras anti europeos, xenófobos y machistas. Esta derecha es significativamente peor que la derecha sectaria de Aznar y la derecha corrupta y recortadora de Rajoy. Porque en esta tríada española la ultraderecha marca estrategia, discurso y programa.

Más allá de las lecciones que la historia proporciona a los españoles respecto a las consecuencias de la asunción del poder por la derecha extrema, basta con leer sus programas o atender a sus discursos para concluir que constituyen un serio peligro para nuestros derechos y libertades.

Agradezcamos, al menos, la claridad con que exponen sus intenciones. Han incluido en sus candidaturas electorales a viejos generales de ideología franquista, como en aquellos tiempos aciagos de las camisas azules, los correajes y las botas sobre el cuello de los demócratas. Pretenden legislar para poner pistolas en las manos de los “españoles de bien”, para que vuelvan a hacer frente a los “malos españoles”, hemos de inferir.

No se arredran al manifestar sus intenciones de cerrar los medios de comunicación que no comulgan con sus intenciones, desde las televisiones autonómicas a La Sexta, como en los viejos tiempos del Ministerio censor del franquismo. Explican con claridad que si vuelven a mandar ilegalizarán a los partidos “marxistas” y a los que consideran “enemigos de España”, como ya hicieron durante los cuarenta años más oscuros de nuestra historia en el siglo XX.

Denigran la ideología “de género” y exigen listas negras de feministas. Planean ocultar la violencia machista tras las paredes de lo “doméstico”, desarmando a las mujeres de los instrumentos legales que las protegen, precariamente aun, de sus maltratadores y asesinos. Quizás el siguiente paso sea el de restablecer el permiso del padre de familia para solicitar pasaporte o abrir una cuenta bancaria, como ocurría con nuestras madres y abuelas.

Los gurús económicos de PP, Ciudadanos y VOX son prácticamente intercambiables en sus recetarios ultraliberales. Pretenden acabar con el vigente sistema público de pensiones, basado en el reparto solidario, para establecer un sistema privado o mixto en el que predomine la capitalización de los ahorros de cada cual. Abjuran de los salarios mínimos porque, según sus creencias pre-científicas, castigan la creación de empleo. No creen en la fiscalidad progresiva, porque, según ellos, “desincentiva el esfuerzo”. Y, claro está, prefieren el servicio privatizado al público.

Abascal habla claro contra lo que llama “dictadura progre”, que no es otra cosa que nuestro vigente régimen de derechos y libertades, establecido en la Constitución de 1978. Casado le sigue el juego, por convicción, por miedo a perder votos, o por ambas cosas. Y el “cambiacapas” Rivera ya se ha decantado por un gobierno de las tres derechas, a la andaluza.

Por desgracia, el voto no es como una compra en unos grandes almacenes. Después de votar, ya no hay derecho de rectificación, de reclamación o de devolución. Si no has votado o has votado inútil, ya no queda más que el lamento.

Estamos a tiempo de pararlos. Movilizando todo el voto progresista, que es mayoritario. Aglutinando el voto en el PSOE, la mejor garantía para avanzar y no retroceder. El 28 de abril.