UNA CAMPAÑA MUY SINGULAR

noguera040516

Ya estamos en campaña. Una campaña claramente diferente a las anteriores por los precedentes y también por la inteligencia con la que se debe desarrollar.

Los precedentes han hundido en más desesperanza a la ciudadanía.

Hay que rebajar la tensión que está creciendo frente a los partidos políticos sobre el fracaso de estos meses, porque no es bueno seguir avivando llamas que imposibiliten la comunicación para lograr acuerdos posteriores.

Pero, sin ninguna duda, la mayor responsabilidad la tienen los partidos, especialmente, los que se han autollamado “del cambio” o “de la regeneración”.

Hemos llegado a este punto porque no ha habido voluntad real de llegar a un acuerdo. No se ha entendido completamente lo que significa “pactar” y, sobre todo, no se ha comprendido que nadie tenía fuerza suficiente para imponer sus posiciones. No hay imposiciones, sino cesiones. Ese es el gran valor de la política y la democracia.

Que nadie se llame a engaño porque todos han defraudado a sus electores. Salvo el PP. ¿O alguien esperaba un comportamiento diferente de un partido que tiene sus estructuras agarrotadas por la corrupción?

Resulta vergonzoso ver a Rajoy reclamar que no existan vetos. Sería creíble de decir y aplicar, si no fuera porque el PP necesita de forma urgente una regeneración de sus propias estructuras. El PP no está preparado para afrontar una contienda electoral democrática, después de haber pervertido el sistema reiteradamente. Y bien que lo siento por sus votantes, que tienen todo el derecho a pensar y votar con libertad, pero una de las cualidades del sistema democrático es que sus instituciones funcionen y sepan “limpiar” la suciedad. Eso no lo ha entendido todavía Rajoy, quien se presenta de nuevo cuando, en cualquier país democrático, habría dimitido hace tiempo.

Si el PP no lo comprende, deben hacerlo sus votantes por bien de la democracia y también del pensamiento conservador. ¿Pueden seguir votando a un partido que está judicialmente investigado, con todos sus principales cargos públicos representantes de una época sentados en el banquillo?

Claro que es imprescindible establecer ciertos vetos, los que impone la salud del sistema. ¿O acaso todo vale?

En la otra parte, están los partidos de la “regeneración”. Y aquí recojo los comentarios que exponen mis alumnos de sociología y política, y que representan todo el arco de votantes: las puestas en escena poco naturales y muy “teatralizadas” cuando se suponía que estábamos en una forma de comunicar basada en la sinceridad; insultos y descalificaciones subidos de tono y sin mucho rigor que sólo servían para abrir brechas; los “juegos de tronos” que tanto gustan a unos para calentar ambientes en busca de votos y no de consensos; incompatibilidad previa sin ninguna empatía ni intento de ponerse en el lugar del otro; ambición y ansia de poder.

En definitiva, mucha gente pensó que estábamos ante “lo nuevo”, pero estos cuatro meses han sido una repetición de “lo viejo”.

Pero lo hecho, hecho está. Y no se puede volver atrás. Pero tiene consecuencias. La peor de ellas el desencanto producido en la ciudadanía que pensaba que llegaban nuevos tiempos.

¿Cómo vamos a hacer la campaña?

Si estamos ante un clásico donde vamos a ver quién ha tenido más culpa, podemos dar por perdido al votante y nos quedaremos con los más “fieles”, pero conseguiremos que aumente la abstención. La abstención será el principal problema que los partidos deben considerar.

Habrá que añadir a esta campaña los ingredientes que no se prodigaron durante estos cuatro meses: paciencia, prudencia e inteligencia emocional.

Dejarse llevar por los mítines enardecidos, por las frases para los convencidos, por los insultos grandilocuentes, no nos llevarán a ningún lado. A no ser que luego sea tan fácil de olvidar lo que se ha dicho como de decirlo.

A veces, parece que las palabras ya no significan nada, pues no tienen transcendencia. Quizás ese es uno de los problemas en política a la hora de pactar y negociar: el valor de la palabra dada.