UNA AMBICIOSA AGENDA PARA EL GOBIERNO, POSIBLE DESDE EL ACUERDO

No hay que ser ingenuos, el discurso de ilegitimidad del Gobierno salido del voto mayoritario y libre de los Diputados del Congreso, va a ser reiterado ahora, y después del Congreso del Partido Popular y con el líder que elijan o designen. La muletilla del ¡pacto con Bildu! la oiremos como estribillo a todo. Por tanto, el Gobierno recién constituido debe hacer oídos sordos a tanto tango lastimero que PP y Ciudadanos, tanto monta monta tanto, y aferrarse a su agenda estabilizadora anunciada hasta que llegue el momento oportuno de la convocatoria electoral. Con ello unirá sin duda a la legitimidad democrática, que ya tiene, la legitimidad ciudadana.

Ello pasa por dos estrategias políticas que se realimentan entre sí. En primer lugar, hacer que el Parlamento sea un espacio de debate político productivo, es decir para proponer, acordar y cambiar situaciones que lo están demandando. Dejar atrás el bloqueo y convencernos de que la nueva realidad política pasa principalmente por contrastar y negociar soluciones y no pretender visiones unidimensionales de la sociedad. En segundo, empezar a caminar por la misma senda en la solución del problema catalán. Desde el planteamiento que ya ha quedado meridianamente claro con palabras y con hechos de que la vía de encuentro ha de hallarse desde la unidad de España, desde el respeto a la Constitución, al Estatuto de autonomía y al ordenamiento jurídico y recuperando la vía de la política (negociación, consenso y acuerdo). Ello obliga a un rebajamiento de la tensión, sacando el conflicto de la calle y de la cotidianidad ciudadana. Eso se hace visualizando el diálogo en el Parlament, en el Congreso y en las mesas gubernamentales. Evidentemente estarán los no partidarios por un lado y otro, los que apuestan por el choque cívico, los convencidos de que el problema se solventa metiendo a 2 millones de separatistas en Estremera hasta que cambien de opinión o ganado un pulso al Estado.

El Gobierno de España no lo tiene fácil, por ello se requiere mucho diálogo parlamentario e institucional, donde se situé la palabra por delante de las banderas. El gobierno catalán y los partidos también tienen que llegar a la convicción de que no queda otra.

La política del acuerdo que ha de impulsar el Gobierno se abre en otros frentes como la Financiación autonómica a la que hay que llegar antes de que se celebren las elecciones autonómicas y locales, pues no pueden seguir estando en precario las instituciones que soportan la cohesión social de los ciudadanos.

Las políticas sociales y laborales que han retrocedido en los últimos años abriendo una gran brecha en las condiciones de vida de millones de ciudadanos han de ser prioritarias. Esa reconstrucción de la sociedad post-crisis también requieren diálogo y cesión de posiciones buscando nuevas alternativas. Revitalizar el Pacto de Toledo dando certidumbres y calidad a las pensiones de aquellos que han realizado el doble esfuerzo de construir el Estado de Bienestar y sujetar a sus familias con la crisis y el desempleo, soportando la merma de la las prestaciones sociales. Esto no se solventará en este periodo de gobierno, pero ahora existe una socialización del problema entre grupos políticos y organizaciones sociales. No se debe desaprovechar este tiempo. Lo mismo cabría decir de una reforma laboral que ha precarizado el empleo y mermado las expectativas vitales de los más jóvenes que paradójicamente son las generaciones mejor preparadas.  Hemos crecido en empleo pero la productividad no ha caminado por la misma senda. Es en los despachos donde se puede, ahora con las propuestas de todos, de dentro y fuera del Parlamento, buscar soluciones. El papel de los sindicatos y de las patronales vuelve a ser decisivo y hay que concitarles a ello. Exige nuevas visiones del mundo hacia el que vamos, recuperando la Ciencia y la Tecnología que va a cualificar de manera, aún impredecible, el mundo laboral consiguiendo que no sea cada vez más pequeño y limitado en oportunidades de empleo. Romper la dinámica de los últimos años donde se ha mirado como el jubilado la obra, con las manos a la espalda y silbando.

En la Agenda del Gobierno, Europa vuelve a estar en el centro del punto de mira. Con el nuevo Gobierno es de esperar el pronto recorrido del Presidente anunciando a Bruselas y a las capitales europeas que España está de nuevo en Europa con protagonismo, no de vuelta como ha estado hasta ahora. Asimismo, en la agenda Exterior española ha de volver a incorporarse Iberoamérica con una visión estratégica, para nosotros y nuestra economía, recuperando nuestro peso en la Región. La América que habla español espera hace tiempo que la “madre patria” les preste la atención que en un mundo globalizado merecen, buscando ser puente de una efectiva alianza estratégica con la UE, más cuando el amigo americano les vuelve la espalda.

En esta “hoja de ruta” que se abre y que hace diez días parecía impensable hay una cuestión que sí va a ser el punto nuclear de legitimación social en este periodo, que puede ser corto pero muy intenso, que es la lucha por la igualdad. La igualdad somos todos y si en una comunidad humana no existe, lo demás pierde su sentido. El 8 de marzo fue el clamor de que en España hay injusticia… desde la brecha salarial hasta una insostenible violencia machista, que evidencia que hombres y mujeres no son iguales en nuestro país. Por ello, no es un punto más es el punto de identificación de una política progresista, además de obligado y necesario para la recuperación del impulso cívico en una democracia avanzada que no ha de tener mordaza alguna en su libertad, justicia e igualdad. Es el futuro de los españoles.