UN VIEJO PROFESOR

sotillos270116

Hubo un tiempo en el que cuando se debatía sobre la posibilidad de implantar una forma republicana de Estado en España se hacían cábalas sobre aquellos nombres que pudieran asumir con dignidad y respeto mayoritario esa alta responsabilidad institucional. Pronto se vio que esas especulaciones resultarían inútiles porque el consenso alcanzado durante la Transición, incluso durante los meses inmediatamente anteriores a la muerte de Franco, presuponía la aceptación de la Monarquía como elemento moderador y puente hacia una Constitución basada en el reconocimiento del pueblo español como depositario de la soberanía nacional. Un sistema parlamentario en el que las atribuciones del Monarca quedarían muy limitadas, como estamos comprobando en estas fechas. Entre esos nombres barajados para presidir una hipotética República figuraban siempre profesores universitarios con alguna vinculación partidaria, minoritaria, como Enrique Tierno Galván o Joaquín Ruiz Jiménez, una vez consumada su evolución hacia la crítica del franquismo.

Si traigo a colación esos recuerdos es por el resultado de las elecciones presidenciales en Portugal, que han situado en la primer magistratura del país vecino a Marcelo Rebelo de Sousa. Este auténtico “viejo profesor” ha comparecido ante las urnas sin ningún respaldo explícito de los partidos y ha desarrollado una campaña sin recursos económicos. Su prestigio no lo ha ganado en los mítines ni en los debates-espectáculo, sino en un largo ejercicio de pedagogía política desde los medios de comunicación, desde el sesudo semanario Expresso que él mismo dirigiera, hasta sus semanales intervenciones televisivas, en las que alternaba los comentarios socio-políticos con la recomendación de lecturas. Su influencia era tan grande que muchos portugueses acudían a la mañana siguiente a las librerías para adquirir el título “que ha recomendado ayer Marcelo”. Seguramente los mismos que, sin necesidad de una segunda vuelta, le han hecho Presidente de la República a sabiendas de que va a tener que cohabitar con un Gobierno socialista sustentado por dos formaciones mucho más a la izquierda. Y, por tanto, lejos de sus propias convicciones ,más próximas a una socialdemocracia muy moderada, la del primitivo PSD de Sá Carneiro, que al neo-liberalismo de su antecesor, Cavaco Silva.

Los primeros mensajes de Rebelo han ahondado en su voluntad de no dificultar la tarea del primer ministro Antonio Costa, reconociendo la dificultad de conjugar la corrección de las duras medidas de austeridad que soportan las clases más desfavorecidas del país con el cumplimiento de las obligaciones presupuestarias contraídas con una Comisión Europea que mira con recelo cualquier deriva en las naciones del sur continental. Para bien de los portugueses, el talante del profesor Rebelo de Sousa es bien distinto al de un rencoroso Cavaco, que hasta el último momento ha emitido signos de no validar acuerdos parlamentarios(la Ley del aborto y la adopción monoparental) de cuyo contenido discrepaba, haciendo uso de potestades asignadas a la Presidencia de la República. Muy superiores -conviene recordarlo para evitar falsos mimetismos- a las que nuestra Constitución reserva al Jefe del Estado.

Después de unos días en los que nuestra coyuntura puso de moda hablar de soluciones “a la portuguesa” sin profundizar en las enormes diferencias entre las dos realidades políticas, sí valdría la pena analizar las lecciones del pasado domingo y mirar con atención el comportamiento de las dos sociedades, incluido el tono de sus respectivos medios de comunicación, más receptivos allí que aquí a la reflexión que a la ocurrencia. Al respeto del contrario, que a su descalificación y su burla.

Parece que la primera visita oficial del nuevo Presidente de Portugal será a España. Bueno fuera escucharle con atención y ofrecerle una hora ante las pantallas. Cuanto antes, mejor.