UN TIEMPO POLÍTICO INÉDITO EN ESPAÑA

noguera030216

Todos los medios de comunicación coinciden en una cosa, que todo lo que está ocurriendo es realmente inédito: la aparición de nuevos partidos, la ruptura del bipartidismo, la absurda posición de Rajoy y el PP, y la presentación de Sánchez para intentar formar Gobierno con una amalgama de siglas.

Efectivamente, estamos ante un tiempo nuevo, difícil de gestionar, que no sabemos si llegará a buen puerto –disponer de un Gobierno estable– o terminaremos en nuevas elecciones, lo que evidenciaría un fracaso de la negociación política.

Lo que sí merece la pena es intentar por todos los medios que se produzca el cambio, que se intente llevar adelante un Gobierno que salga del diálogo, el debate, los acuerdos, los votos a favor y las abstenciones, los pactos puntuales, los acuerdos de legislatura, etc y etc. Porque significará que se ha terminado una época y se inicia otra diferente, tanto en el fondo como en las formas.

La primera responsabilidad la tiene quien ha dado un paso al frente: Pedro Sánchez, pero no la única. Para que esto salga bien, todos los partidos políticos deben asumir su responsabilidad y entender que nadie ha ganado estas elecciones generales como para “imponer” condiciones inasumibles, líneas rojas infranqueables, vetos antes de empezar, porque nadie en solitario ni siquiera tiene la fuerza suficiente para ser bisagra.

Así que sería bueno empezar por las lecciones de humildad y dejarse en un rincón algo de la soberbia y también de la escenografía.

He de reconocer, una vez más, mi sorpresa agradable ante el papel que está asumiendo Pedro Sánchez; me pareció realmente sólido su ofrecimiento y aceptación para intentar formar Gobierno, y un gran acierto las líneas de reformas planteadas en la rueda de prensa. Coincido con Nacho Escolar, el director de diario.es, en que la estrategia “de la gran coalición” impulsada por los veteranos del partido socialista, ha reforzado la imagen de Pedro, ofreciéndole la oportunidad de poder gobernar. He oído y leído con horror declaraciones de los llamados “barones” (y baronesa) que me parecían fuera del sentimiento y opinión de la militancia. Imposiciones como no pactar con el PP, pero tampoco con Podemos, tampoco con independentistas, tampoco con … Todo han sido puntapiés antes que ofrecer una idea positiva. No creo haber perdido el olfato de conocer qué piensan los militantes, sino más bien creo que se ha producido un encuentro de la militancia con su Secretario General y un rechazo ante las direcciones territoriales (advierto que no es la primera vez que se produce un desencuentro entre la militancia y sus órganos de dirección).

Me ha sorprendido la serenidad con la que está encauzando el periodo más complicado de nuestra época reciente. Con la misma serenidad que le dijo a Rajoy “que no era decente”, y que rasgó tantas vestiduras y levantó tantas ampollas, cuando hoy se siguen destapando casos de corrupción tan vergonzosos e inimaginables (por su extensión y brutalidad) como lo que ocurre en Valencia.

Los partidos nuevos han comenzado a hacer política “de mayores”. Fuera caretas y fuera composturas. Poco le han durado a Ciudadanos y Podemos aquellas flores que se echaban en campaña, diciendo que era posible entenderse y que el problema de España era la imposibilidad de hablar entre el PSOE y el PP. ¡¡Vaya, vaya, quién lo diría ahora, cuando la incompatibilidad más evidente se produce entre ambos!!

Lo primero que han hecho, tanto Ciudadanos como Podemos, es decir que no se van a sentar juntos y que son absolutamente incompatibles. No parece que los partidos nuevos pretendan cambiar mucho las formas del debate político; han aprendido rápido dónde están los “adversarios”.

Ciudadanos sigue desubicado, sin saber bien qué papel jugará en esta nueva escena. Se ofrece de mediador cuando nada tiene que mediar, se ofrece a dialogar cuando su “españolismo” le ciega cualquier alternativa política, y se ha visto en el “corner” cuando a punto estuvo de ser el único que apoyara la investidura de Rajoy.

Podemos tiene que demostrar ahora si su oferta de Gobierno era verdad o sólo una escenografía. Pablo Iglesias no puede evitar en sus ruedas de prensa que se siente más cómodo siendo rebelde, crítico, opositor. Se le hinchan las venas, se enciende el discurso y traza líneas rojas. Comprendo perfectamente la actitud, porque mantenerse al margen permite conservar “la pureza”, pero ahora no hay margen para ello. Cada vez que habla, sabe que pone a Sánchez ante un aprieto contra los suyos. Muchos le reconocemos el gran éxito electoral, ellos fueron los ganadores, pero también ahora tienen que asumir su responsabilidad política.

No resulta imposible que puedan gobernar el PSOE y Podemos. Hay Comunidades y Ayuntamientos que lo están haciendo. Eso sí, hay que bajar el “frentismo”, como dice Sánchez, respirar hondo y pensar, a partir de ahora, dos veces lo que se dice, porque ya no estamos en campaña, y cualquier palabra malsonante puede dinamitar una negociación o tener luego que tragársela.

¿Y el PP? ¿Y Mariano Rajoy? El inmovilismo de Rajoy ha llevado a su partido a la oposición, a patalear, a esperar agazapados a ver si Sánchez se estrella, después de que su líder Rajoy, en un acto de cobardía, se negara a asumir su papel de formar Gobierno. No están para dar muchas lecciones. Deben hacerse mirar su soledad parlamentaria.

Y Rajoy debería mirar con atención la imagen de la todopoderosa Rita Barberá detrás del cristal de su casa, escondida, arrinconada, dejando solos a los suyos ante la justicia, sin asumir sus responsabilidades políticas a la espera de asumir seguramente las judiciales. ¿Quién le hubiera pronosticado un final más patético?