UN PARTIDO DE PAÍS

Así dijimos que sería la oposición del PSOE al Gobierno de mayoría absoluta de Aznar en el año 2000. Así lo hicimos y en 2004 ganamos las elecciones. ¿Por qué esta posibilidad no se ha planteado en ningún momento desde diciembre del año pasado y mucho más después del segundo fiasco electoral en junio de este año? Ser una oposición útil es mucho más fácil cuando el gobierno está en minoría y sin embargo sus enormes potencialidades no han sido consideradas prácticamente en ningún momento de este período de debates. ¿Debates, he dicho? No. No ha habido debate y esta es una autocrítica que nos corresponde hacer a todos los socialistas españoles desde la dirección a las bases, pasando por quienes somos referentes políticos para nuestros militantes y electores.

En la primera fase (Elecciones diciembre de 2015) nos lazamos al Gobierno con Ciudadanos y Podemos y en mi opinión, eso estuvo bien. Pero Podemos dijo NO y aquí ya perdimos una oportunidad de replantearnos si un PSOE con 90 diputados no podía haber liderado una oposición a un Gobierno de 123 diputados. Mirando atrás, a esa posibilidad ya perdida, las capacidades de hacer una oposición ÚTIL me parecen infinitas. Pero no hicimos ese debate, asumimos unas nuevas elecciones y perdimos cinco diputados y decidimos decir NO a Rajoy y al PP, aunque nos presentaron un Gobierno apoyado por 170 diputados. Legítimamente, no lo cuestiono, nos lanzamos a crear una alternativa con Ciudadanos y Podemos, aunque ese intento ya había fracasado en la anterior ocasión y aunque en éste resultaba todavía más difícil porque Ciudadanos se había sumado a la mayoría del PP y estaba ya comprometido con Rajoy. Durante la campaña de Galicia y País Vasco mantuvimos ese globo de aire, incluso tanteamos, al parecer, un Gobierno con Podemos apoyado por los nacionalistas.

Los problemas nos estallaron cuando, vistos los resultados de esas elecciones, Pedro Sánchez no rectifica, sino que se enroca en el NO y nos conduce a las terceras elecciones. ¿Por qué no debatir de una vez esta decisión?

Personalmente he apoyado con lealtad a la dirección y a Pedro Sánchez hasta el 25 de septiembre pasado. Es más, fui consultado a principios de ese mes sobre lo que deberíamos hacer después de las elecciones vascas y gallegas y mi propuesta fue clara: debe ser el propio Pedro Sánchez quien se dirija abierta y claramente al país y decirle que hemos mostrado reiteradamente nuestro rechazo al PP, que hemos intentado otro Gobierno, pero que Ciudadanos y Podemos no quieren gobernar juntos y que el PSOE no haría un Gobierno sometido a los nacionalistas. En esas circunstancias el PSOE cree que España no puede ir a unas terceras elecciones y por ello, mediante una abstención técnica y no negociada, facilitaremos la investidura. Si Pedro hubiera hecho esto, hoy sería el líder incuestionado del Partido y él habría encabezado la oposición a Rajoy y la oposición útil para España.

El Comité Federal de este fin de semana estudiará y debatirá –por fin- nuestras verdaderas y únicas alternativas. Yo espero un debate de pensamiento, no solo de sentimientos, por supuesto y razonado y respetuoso y desde luego fraterno, como corresponde a nuestro partido. Respeto desde luego, a quienes piensan que nuestra única alternativa es rechazar al PP y a Rajoy y asumir una nueva convocatoria electoral el domingo previo a la Navidad. Espero el mismo respeto para quienes pensamos que debemos dar paso a la investidura con una abstención técnica (incluso en el número de votos necesarios para ello).

¿Por qué debemos hacerlo?

Primero, por sentido democrático. El PP ganó las segundas elecciones, mejoró sus resultados sobre los primeros y presentó un acuerdo de legislatura con 170 escaños. (Ha habido varios Gobiernos en España con menos apoyos).

Segundo, por el sentido de responsabilidad con el país. Unas terceras elecciones después de un año de fracaso institucional son un ridículo internacional y un desprestigio político importante y una paralización de múltiples decisiones en múltiples planos de la vida política económica y social, que no podemos permitirnos. Por poner solo un ejemplo, los Fondos europeos pueden paralizarse si no damos una salida al impasse actual.

Una oposición con un Gobierno en minoría es la situación ideal para ser oposición y -digámoslo claramente- con 85 escaños y apoyos inciertos o peligrosos, no se puede gobernar. El PSOE puede y debe encabezar una oposición con mayorías factibles, que muy bien pueden ponerse de acuerdo en cosas muy importantes. Desde la regeneración democrática (para lo que contamos con Ciudadanos) hasta la recuperación de derechos sociales. Pero ser una oposición útil también debe permitirnos saber pactar cuando lo consideremos necesario. Desde la contrarreforma educativa a la revisión de la Constitución o la reconducción política del problema de Cataluña. Nada se hará sin el PSOE. ¿No es eso ser útil al país?

Y por último. Debemos hacerlo porque el Partido Socialista tiene derecho a pensar en sí mismo. Es legítimo y es necesario y todos coincidimos en que después del conflicto interno sufrido, no estamos en las mejores condiciones para afrontar otras elecciones. Simplemente, sería un suicidio.