UN PARLAMENTO DIFERENTE, UNA LEGISLATURA IMPREVISIBLE

noguera140116

Estamos tan inmersos en la inmediatez que, a veces, no percibimos cómo cambian las situaciones sociales.

Y el momento político que vive España sólo es comparable a la Transición española y los cambios reales y profundos que se produjeron en el sistema político, legislativo y cultural. Estamos además en los primeros pasos, pero todo es diferente e imprevisible.

Un nuevo parlamento presidido por alguien que no representa la mayoría electoral; una mayoría electoral que no puede formar Gobierno; una mesa de Cortes extensamente plural; y una negociación realmente difícil que requiere paciencia y mucho diálogo. ¡Esto es política!

Eso sí, las cosas no son sencillas y no está escrito todavía que puede haber un Gobierno en España o acabemos en elecciones de nuevo. Pero tampoco era previsible que en Cataluña se desatascara el tapón de Mas y, finalmente, se ha formado Gobierno, con los retos que supone ese camino independentista. El independentismo ha crecido como la masa en el horno por la miopía política del PP, o su egoísmo electoral, puesto que ambos se retroalimentan a base de egos irreconciliables.

Si en España terminamos de nuevo en elecciones, significará que no ha habido suficiente inteligencia negociadora o quizás demasiados cálculos electorales encima de la mesa. Ahora bien, cualquier combinación tampoco será aceptada fácilmente.

Las lecturas y previsiones ya no son tan fáciles. Basta repasar lo ocurrido entre las elecciones catalanas y las generales para ver que la ciudadanía, pese a la aparente confusión, sí mantiene unos criterios:

  • Por ejemplo, Albert Rivera fue el ganador de las elecciones catalanas, situándose como una clara alternativa al PP, quien nunca se consolidó en Cataluña. Podríamos pensar que Rivera repetiría resultados en las generales, siendo la alternativa al PP, pero, en cambio “pinchó”, cuando mayoritariamente se predecía un ascenso imparable. Hizo una campaña patosa, con graves errores, y no consiguió desbancar al PP, que sigue representando a la derecha española “sin tintes de modernidad”.
  • Por el contrario, Podemos quedó claramente razagado en las catalanas, con una posición que no interesó al debate social. Las elecciones catalanas se convirtieron realmente en un enfrentamiento por la cuestión territorial: independencia, sí o no. Y no importaron, a nivel ciudadano, los elementos sociales. En cambio, quienes pensaron que Podemos había tocado techo, fueron sorprendidos en las generales donde sí se le otorgó un gran espacio político.

¿Qué quiere ahora el pueblo español? Todas las formaciones políticas hacen sus lecturas, buscan sus espacios, y, por una parte intentan componer el parlamento, mientras que, por otra, siguen con el ojo puesto en las nuevas elecciones.

En mi opinión, sigo sin entender por qué Rajoy permanece atrincherado sin dejar paso en su formación a nuevos valores que refrescarían la imagen aunque no el discurso acartonado. ¿Acaso piensa hacer como Mas: resistir hasta el final para luego ceder en busca de un pacto con Ciudadanos ofreciendo su cabeza, o quizás se vea en una mejor posición si vuelve a las elecciones?

Albert Rivera navega intentando situarse como árbitro, pues ni siquiera puede hacer valer sus votos para otorgar Gobierno a uno o a otro. Pero le resultará difícil encontrar un espacio para definirse, pues su defensa de “la gran coalición” dejando que el PP y Rajoy gobiernen, puede suponer su difuminación política.

A Podemos le pasa lo contrario. Todavía ven posibilidades de arrebatar más espacio al PSOE y convertirse en la primera oposición, por eso, siguen todavía más en campaña que con mentalidad de Gobierno. Pero deberían medir también las consecuencias, porque en unas nuevas elecciones, nada les garantiza que puedan ser la primera fuerza, y si el PP aumenta, podríamos encontrarnos de nuevo en el punto de partida. Ser el partido de la oposición no significa gobernar ni cambiar las cosas.

Como anécdota, hay dos temas que me sorprenden en este escenario político:

  • Por una parte, los continuos enfrentamientos entre Rivera e Iglesias. Han pasado de una campaña electoral donde se echaban flores hablando de lo nuevo frente a lo viejo, de la necesidad de regeneración democrática, de una cultura diferente, y etc, etc, etc, y ahora nos demuestran que la política no es tan sencilla, y que no bastaba solamente con hablar de “regeneración y corrupción” para gobernar, sino que hay otras muchas cosas de fondo en las que ponerse de acuerdo, y a “los nuevos y jóvenes” se les ve bastante incapaces de momento. ¡Cuántas veces hemos oído esos reproches dirigidos al PP y al PSOE de que no podían estar continuamente discutiendo sino que había que dialogar! En fin, se hace camino al andar, como diría el poeta, y esto ya no es la mesa del bar del programa de Salvados.
  • Y mi segunda sorpresa es Pedro Sánchez. No intento ser partidista; todo lo contrario. Pero me gusta más ahora que en campaña. Ha cambiado la insulsez por seguridad, la normalidad por coherencia, los slóganes por fortaleza; y demuestra unas espaldas anchas capaces de resistir una buena negociación sin perder los nervios. En fin, tiene buena escuela interna. Superar los obstáculos que el PSOE suele poner en el camino es un gran aprendizaje.