¿UN PARLAMENTO DE 169 VOTOS?

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Se acaban de constituir las Cortes Generales, que representan al pueblo español, tras las elecciones del 26-J. Y a pesar de lo noticiable de quien ha ocupado cada puesto, tras un pacto entre PP y Ciudadanos, y alguno más camuflado en el voto secreto en el Congreso de los Diputados, hay un elemento esencial que no se ha producido y es una oportunidad perdida para la tan repetida regeneración política.

Me refiero a que en un Parlamento, con la fragmentación que existe, lo más oportuno hubiera sido que, en este nuevo tiempo político que dicen que se ha abierto, la Presidencia del Congreso hubiera recaído en una persona del segundo partido más votado, para garantizar la independencia del Parlamento del posible futuro Gobierno. Este hecho, también hubiera traído aparejada una nueva cultural del diálogo y el acuerdo que ha brillado por su ausencia durante años.

El Parlamento durante todo el periodo democrático ha ido poco a poco plegándose a lo que ordenaba el Gobierno de turno. Esta realidad ha ido condicionando la labor que establece la Constitución en su artículo 66 de las Cortes Generales, cuando dice que ejercen la potestad legislativa, aprueban los presupuestos, controlan la acción del Gobierno y tienen las demás competencias que les atribuye la Constitución.

Que España necesita un Gobierno cuanto antes es algo en lo que todo el mundo está de acuerdo. Pero, junto a un Gobierno, la democracia española también necesita un Parlamento independiente. Por este motivo, es fundamental dinamizar el Parlamento impidiendo la censura y permitiendo a los grupos de la oposición hacer su labor de fiscalización y control del Gobierno; aprovechando sus posibilidades para dar a conocer su labor a todos los ciudadanos e incluso sacar proposiciones de ley frente al gobierno; y potenciando su centralidad como cauce de participación de unos ciudadanos que tienen que tener en el Parlamento su casa.

De esta manera, se podrá aumentar la relación real entre los ciudadanos y sus representados. Se podrá fortalecer la representación política, con la incorporación de nuevas tareas. Y el ciudadano será el sujeto protagonista de lo que hacen sus representantes. Es decir, la agenda política estará en sintonía con los deseos y anhelos de la población.

Los cambios que necesita el Parlamento, parten de considerar la relación con los ciudadanos como la guía del cambio del modelo parlamentario. El Parlamento ha de realizar las transformaciones necesarias para tener como sujetos de su quehacer cotidiano a los ciudadanos y, especialmente, aquellos que se interesan por la participación política. El Parlamento no es cosa solo de políticos y para políticos. Es el lugar donde el ciudadano debe poder encontrarse con la política e intervenir en ella de acuerdo con los cauces previamente establecidos.

El Parlamento debe ser la institución adecuada para responder a las necesidades de un mundo en cambio; y a las necesidades de una España que requiere de reformas encaminadas a garantizar el bienestar de los ciudadanos. Puede serlo, porque su naturaleza le permite ejercer el necesario liderazgo político y ser, simultáneamente, cauce institucional para la formación de la participación política. Si el Parlamento consigue convertirse en referente de los nuevos anhelos participativos, tendrá más fácil realizar la labor de dirección política que a la institución representativa por excelencia le corresponde.

Por todo esto, tras la espuma de los nombramientos y el juego de mayorías y minorías a la hora de formar la mesa, ha llegado la hora de las luces largas. La hora de un Parlamento que tiene que recuperar su espacio y ser percibido como el protagonista de la vida política española, por su condición de sujeto legitimado y legitimador del resto de los poderes.

Solo desde el diálogo y el acuerdo, el Parlamento será el principal foro de impulso político en España. El lugar donde se controla la labor del gobierno, y donde los grupos de la oposición pueden plantear sus distintas opciones y alternativas frente a la iniciativa planteada desde el Gobierno.

Pero también, el lugar que acerque la política a los ciudadanos y traslade la información de lo que sucede en su interior.

Si el diálogo y el acuerdo se imponen se habrá avanzado mucho. Si se continúa por el camino de la aritmética del control, la legislatura será bronca y corta.

¡Ya veremos!