¿UN NUEVO PACTO DEL BETIS?

Parece que en el PSOE afloran las divisiones por cualquier motivo. Las primarias, la cuestión territorial, sus relaciones con el PP y con Podemos, la fecha de celebración de su congreso y hasta el reparto de los décimos premiados en la lotería de navidad. Todo parece valer para concentrar esfuerzos y distraerlos de la labor primera que debería tener un partido basado, según sus estatutos, en “la unidad de acción de sus militantes cara a la sociedad”.

Se prevé, ahora, un enfrentamiento entre Susana Díaz y Patxi López en las próximas primarias para la Secretaría General. Y hay que suponer que estarán apoyados, respectivamente, por las Federaciones de Andalucía y Euskadi, con lo que también entra dentro de lo supuesto que buena parte de los militantes de ambas importantes zonas de España tomarán partido dentro del Partido, arrastrando en esa división al resto de sus compañeros españoles.

Alguien dirá que tambien en Podemos, aparente epítome de la democracia interna, están en situación parecida y que eso supone un signo de distinción frente al monolitismo, la rígida jerarquización y la designación digital del Partido Popular.

El problema, para el PSOE, es que, mientras sus militantes dedican una parte de su tiempo a la confrontación interna, legítima y democrática, pero confrontación interna, los militantes del PP afinan sus voces para loar coralmente a sus dirigentes y celebrar su entronización de origen, casi, celestial. Y lo que habría que analizar, serenamente y con frialdad científica, son los gustos musicales del electorado para ver si están más por un estilo contrapuntístico como el del PSOE o por el monódico del PP.

Y ello, sin contar con que muchas veces las disonancias no son de tonalidad ni por errores de interpretación, sino por la propia melodía del tema, ya que es frecuente, como hemos comentado en esta misma página, que la complejidad de la partitura que actualmente maneja el PSOE confunda no solo al electorado, sino a los propios militantes que no llegan a entender completamente lo que están haciendo.

Bien, pues hagan de la necesidad virtud. Si López y Díaz, nombrado uno y problable otra, como líderes de las dos facciones divididas, recordaran a sus predecesores Múgica y Redondo y González y Guerra, respectivamente, podrían reproducir el antiguo Pacto del Betis que propició al PSOE los, posiblemente, mejores años de su historia y recomponer su partido. Si en los primeros años de la década de los setenta eran los vascos, mejor relacionados con Toulouse, los que acogieron a los sevillanos, sean ahora estos, mejor relacionados con Ferraz, los que correspondan con aquellos.

Claro, que no quisiera yo simplificar el asunto sugiriendo que la solución socialdemócrata a los problemas sociales en España consiste en una fotografía. Para que el PSOE vuelva a ser una solución a esos problemas, debe convencer a los que los padecen que tiene fórmulas para resolverlos. Y, para ello, antes deben auto convencerse en el propio partido, decidiendo, una vez más, las cuotas de utopía y realidad que va a tener ese mensaje y a quien se lo quieren dirigir.

El PSOE de 1982, después de reformar sus viejas estructuras y actualizar sus políticas, consiguió convencer a una mayoría de españoles que podía cambiar las cosas en nuestro país. Y cambió muchas, hasta hacer natural la universalización de los servicios del Estado de Bienestar o ponernos en el mapa europeo junto a las naciones más desarrolladas del mundo.

Hoy, probablemente haya también que actualizar algo en la propuesta de un partido al que muchos ven en el origen de algunos de los problemas actuales. No me parece muy diferente esta situación de aquella que alumbró el Pacto del Betis, aunque sean distintos los problemas a resolver.

¿Serán capaces de ponerse de acuerdo en esas políticas? Y, sobre todo, ¿conseguirán infundir la esperanza a una mayoría de españoles de que esas políticas pueden producir un nuevo cambio como el que propiciaron en 1982?