UN EJERCICIO NECESARIO DE LIDERAZGO

espelosin140916

Alguien, y sospecho quien, ha tenido la desafortunada idea de preguntarme mi opinión sobre el tema del epígrafe. Y estimo ese infortunio, porque no puedo ponerme en la situación en la que se encuentran los que deben tomarla.

En primer lugar, no estoy en la piel del líder del partido que tiene la mayor minoría del Congreso, ni se me ocurre qué cosas podría ofrecer ese líder a los partidos que han votado en contra de su investidura para que cambiaran su voto en un futuro, sin que se desflecara su propio electorado.

Además, mi opinión no está condicionada por tener que liderar un partido cuya mayoría, muy posiblemente, esté por votar que no a una investidura de alguien del Partido Popular de aquí a la eternidad. Aunque ese partido lo lideraran, una vez, unos señores que, contra la opinión casi unánime de sus militantes, convocaran el referéndum sobre la permanencia en la OTAN.

Tampoco tengo el condicionante de tener que competir en radicalidad con otro grupo emergente con objeto de mantener la hegemonía en la izquierda española, aunque sospeche que mi electorado no está por esa labor.

No me obsesiona, tampoco, pensar en lo que ha pasado en la anterior legislatura fallida, más que para tomar nota de con quién hay que jugarse los cuartos.

Ni me repugna el hecho de que mi partido, cualquier partido, pacte con otro grupo, sea el que sea, según qué políticas, siempre que eso redunde en un beneficio para la sociedad. Sea dicho esto desde mi subjetividad que no me atrevo a sobrepasar con más altas miras.

Por temperamento, tampoco soy capaz, ni lo he sido nunca, de esperar que otros resuelvan mis problemas, por lo que entiendo mal a los que no saben enfrentarse a ellos más que con un ¡Disuélvanse!

Estoy condicionado, eso sí, por un deseo: a mí me gustaría que mi líder político, esa persona a la que seguimos en sus directrices y opiniones, hiciera un ejercicio de liderazgo y se ofreciera a solucionar la situación de bloqueo político de la que disfrutamos en España.

Ese líder debería explicar al país que pretende gobernar, que tiene la posibilidad, y la voluntad, de presentar una candidatura basada en su programa electoral con las condiciones que le pongan las varias otras formaciones políticas que necesita para la investidura y, al día siguiente, para desarrollar su acción de gobierno.

En otro caso, debería ser capaz de convencerme, a mi y al resto del país, que tiene el convencimiento de que unas próximas elecciones van a configurar un Congreso de los Diputados con una composición que facilite un Gobierno que no sea del Partido Popular o, al menos, que retrasarlo durante unos meses es beneficioso.

Si tampoco pudiera hacer eso, debería explicar qué otra cosa propone para que yo, y el resto de sus seguidores, podamos transmitir a los demás cuál es la solución idónea para que haya un Gobierno en España. En el caso de que deba haberlo, aunque sea el mismo que hay ahora. Y, si no debe haberlo, que también lo diga.

Solo en el caso de que no pudiera decir ninguna de esas tres cosas, mi líder debiera de hacer una declaración solemne ante el país en la que ofreciera su intervención para producir ese desbloqueo, no preguntándose, como decía Kennedy, qué pueden hacer los demás por él, sino qué puede hacer él por los demás. Y, si lo único que puede hacer, repito que una vez desechadas las otras posibilidades, es permitir un Gobierno del Partido Popular, renunciando temporalmente a sus principios más acendrados, que lo haga, para que España supere el momento de interinidad que está a punto de cumplir su primer año. Y explicando que el cambio de las actuales leyes, laborales, de educación, de sanidad, etc., se podrá hacer antes, cuanto más pronto pueda empezar a trabajar el Congreso de los Diputados. ,

El debate, pues, no creo que deba radicar en si el PSOE se abstiene o no se abstiene en una investidura de Rajoy, sino en si sus líderes tienen una solución posible en relación con la gobernación del país. Porque gobernar, al contrario que, simplemente, hacer política, es decidir, por lo que un partido de gobierno debe dar la impresión de que sabe hacerlo.

Y el PSOE no solo ha sido, hasta ahora, un partido de gobierno, sino el partido que más tiempo ha gobernado en la historia democrática de España.