UN CAMINO POR RECORRER. DE LA FRUSTRACIÓN AL DIALOGO

En estos momentos lo más importante es cómo se llega al 1 de octubre. A partir de ahí se podrá atisbar cuál es el camino que lleva a la salida.

Estos días también van a determinar quién son los líderes llamados a buscar y encontrar la solución, pues no queda otra. Es una evidencia que los que han sido parte del problema no pueden ser la solución. Todos deben tener en cuenta, y parece que a algunos se les ha olvidado, que cada día sale el sol y han dicho cosas, actuado y consentido actuaciones, como si todo fuera a terminar una noche en un honguito, producto de una bomba de Kim o Trump.

Hay una serie de condicionantes que van a cruzar todo posible escenario:

En primer lugar y la más importante, la actitud del PP postcrisis. Este debería haber tomado nota de que su estrategia pasada no da más de sí. No puede negar la evidencia de que hay que generar un nuevo tiempo en la relación del Estado con Cataluña, no valiendo parapetarse en los mantras del pasado. Aunque la reacción parar la consulta pueda estar respaldada jurídicamente y ser evidente que el nacionalismo catalán ha arrumbado su naturaleza pactista, haciendo todo muy difícil, Rajoy no va ser el vencedor de ninguna batalla. La incautación de los medios materiales para la celebración del referéndum no tenía por qué llevar necesariamente aparejada detenciones. Lo que menos se necesita en este momento son mártires.

Esa prueba de fuerza es difícil pensar que se ha realizado exclusivamente por un mandato judicial. Habrá que verlo. La actitud del Fiscal General hablando de catalanes “abducidos” es tan patética como la de Junqueras diciendo que ellos son los “defensores del bien” y son “el mal” los que les impiden votar. Por ello, como he dicho en otras ocasiones, el principio de una solución debe empezar con un golpe de pecho de reconocimiento de los errores. ¡Eso no lo veo!

Lo mismo que no veo que el nacionalismo reconozca que ha llevado demasiado lejos “estirar la corda”.

Si la opción nacionalista ha pisado a fondo el acelerador de un coche tuneado, hasta salirse en la curva, ha sido por la presión de la CUP. Era eso o sucumbir a los malos resultados para el nacionalismo en las elecciones plebiscitarias de hace dos años. Habrá quien lo reconozca en algún momento.

El error es que creyeron que llevaban a la CUP metida en el maletero, pero iban en el asiento de atrás. Como lo suyo es saltar en grupo en la calle y la agitación vocinglera, al final ha terminado conduciendo la máquina. Derrapar en la curva de la legalidad es algo que preocupa profundamente a la base electoral del nacionalismo catalán. Jugar con los conceptos de democracia, libertad y derecho pueden hacerlo los negacionistas del Estado (de todos) y hacer que la muchedumbre asuma conceptos anarcoides o llame a la Guardia Civil “fuerzas de ocupación” y destroce, o robe, sus vehículos. Pero la burguesía, la clase media y los trabajadores no. El Derecho es la garantía de las libertades y derechos, el poder de la ciudadanía.

Dicho esto, no significa que caminando de la mano de la legalidad, no se pueda y deba abrir un nuevo tiempo, cuando sin duda hay una parte de los ciudadanos que viven en Cataluña que no se sienten a gusto en su actual relación con el Estado. Es posible que estos, bien liderados, se impliquen en una nueva relación, pero sin que ello conlleve menoscabo en los derechos de otros ciudadanos que también viven en Cataluña y se sienten igualmente catalanes y españoles.

Los que no vivimos en Cataluña, ni somos catalanes, vivimos en una comunidad política que construimos conjuntamente andaluces, catalanes, vascos, extremeños, castellanos… Un Estado social y democrático de Derecho que a todos nos ampara. Con una historia compartida de sufrimiento y frustración, que nos debe unir, pues es parte de un acervo común que no podemos olvidar. En ese marco de legalidad y de reconocimiento de lo conseguido el cambio es posible, pero solo desde él.

De España, decía Hemingway, que era el mejor país del mundo, pero también el peor, pues está lleno de contradicciones. Hay que saber asumirlas y convertirlas en racionalidad convivencial. ¡Complicado, pero no imposible!

El PP puede albergar la fatídica tentación de convocar elecciones tras el 1 de octubre, ahora la imposibilidad de aprobar los presupuestos le empoderaría para ello, e intentar recuperar su mayoría absoluta con una izquierda dividida y un electorado al que se lleva sometiendo a una presión difícil de entender. Con ello se creería legitimado en el uso de la fortaleza frente al dialogo.

No puede extrañarnos, es la misma dialéctica que han seguido con la corrupción, las mayorías sanan los pecados y los errores se convierten en éxitos. No se equivoque nadie, ello generaría un país más tensionado y dividido. El escenario se agrava con la actitud legitimista de Podemos, convertidos en unos Chiquitos de la Calzada gritando a todos «fistro pecador», que en poco ayuda a aclarar posiciones y encontrar consensos mínimos que fragüen el futuro.

La convocatoria de elecciones en Cataluña es la que parece la opción más plausible y que los electores catalanes abran la vía a una nueva mayoría que recupere la institucionalidad y faciliten un proceso de dialogo con el Estado. La única cuestión es ¿con qué liderazgos personales?, ¿sobre qué bases para el entendimiento?

El mayor problema que va a unir a todos, con distintas intensidades, es la sensación de frustración. En los que con arrojo infantil se lanzaron a la causa independentista; a los que siendo conscientes, pues ha sido su estrategia, de que el tema catalán es un gravísimo bucle para los españoles, pero que da cuantiosos réditos electorales; frustración en los que han bailado la yenka política esperando mejorar su posición y desanimo en aquellos que, sabiendo que el dialogo y el consenso es lo único que garantiza estabilidad e impide que los ciudadanos españoles vivan como pisando un obscuro nubarrón institucional, comprueban que a derecha a izquierda están solos.

Estos últimos son los que han de levantar la bandera de un nuevo tiempo. Conscientes de la dificultad y sabiendo que es caminar por un territorio minado, pero también que la razón, la inteligencia y la generosidad son los senderos a recorrer. Algo muy importante, los ciudadanos de allí y de aquí han de dejar de ser mayorías silentes y expectantes y vencer la frustración con el valor de la palabra y el dialogo.