TURQUÍA: ALGUNAS CERTIDUMBRES, DEMASIADAS DUDAS

sacaluga180716

Dos días y medio después del intento de golpe de Estado, algunos asuntos parecen aclararse, pero son muchas más las dudas que persisten sobre su autoría intelectual, la motivación real, ciertos elementos de su desarrollo, las verdaderas razones de su neutralización final y la postura de las potencias internacionales.

Actualizamos, a partir de los conocimientos contrastados y de análisis probables, todas esas variables.

  1. Autoría intelectual. Hay tres tesis circulando, ninguna de ellas verificada todavía:

– El movimiento o entramado conocido como Hizmet, dirigido por el influyente clérigo Fethullah Gülem. Es lo que proclama el presidente Erdogan, pero sin ofrecer pruebas y con escasa capacidad de convicción

– Un sector o grupo de oficiales de las Fuerzas Armadas, evidentemente descontentos, pero sin que se haya podido precisar ahora si tenían una relación estrecha con los afectados por anteriores purgas de Erdogan, como la derivada de la operación Ergenekon, hace seis años. Que no haya aparecido un cabecilla o cabecillas de la intentona hace brotar muchas dudas sobre una operación de este tipo, que, por la naturaleza intrínseca de la institución, siempre se atañe a un modus operandi altamente jerarquizado.

– Una conspiración o autogolpe, al estilo del realizado en Perú por Fujimori en los años noventa, con similar propósito; es la tesis del archienemigo del Presidente, el clérigo Gülen, y aunque no es creíble para algunos sectores de la oposición, no puede descartarse del todo.

  1. Motivaciones, relacionadas con las distintas hipótesis de autoría recogidas en el punto anterior:

– De haber sido Gülem el inspirador, es seguro que habría considerado idóneo el momento, debido al aumento de la presión terrorista del Daesh, pero también para abortar los sutiles cambios que Erdogan había emprendido en las últimas semanas en sus alianzas externas (acercamiento a Israel y Rusia, entendimiento táctico con la dupla Irán-Siria).

– Si la intentona respondiera exclusivamente a una iniciativa armada, los motivos serían similares, con especial énfasis en el deterioro de la seguridad interior, pero con un aliciente específico de mayor interés para los militares descontentos: destruir el entramado de lealtades que poco a poco habría construido Erdogan en las fuerzas armadas, después de muchos años de esfuerzo.

– No es difícil identificar las razones de un hipotético autogolpe: consolidar la posición de Erdogan, ampliar la purga (algo inmediato: más de cinco mil detenciones de militares y personal de la judicatura detenidos en las primeras horas posteriores al golpe), justificar la posterior eliminación de elementos resistentes y, lo que es más importante, impulsar su proyecto de cambio de la Constitución para fortalecer los poderes presidenciales, en detrimento del primer ministro y del gobierno.

  1. Persisten demasiadas dudas sobre la planificación operativa del golpe y aun más sobre su ejecución, a saber:

– ¿Por qué no se ocuparon todas las cadenas de televisión, y no sólo la pública (TRT)?

– ¿Por qué no se aseguró la detención de los principales responsables del Estado o del Gobierno, aparte del Jefe militar de las Fuerzas Armadas?

– ¿Cómo no se aseguró el aislamiento de Erdogan, aunque aparentemente se conocía su paradero con cierto grado de aproximación?

– En caso de que se tratara de un “golpe abierto”, es decir, de lanzar la iniciativa y confiar en que se fueron sumando adeptos militares y civiles, la ejecución de la operación se antoja chapucera y al menos demasiado dejada a la improvisación; sorprende, por ejemplo, la escasa movilización de elementos civiles, que hubieran contrarrestado el llamamiento de Erdogan, algo no difícil de prever, teniendo en cuenta el perfil populista del líder turco y la contrastada capacidad de movilización de su partido, el AKP.

  1. La neutralización del golpe, atribuible más a los errores de los golpistas que a la actuación del poder legítimo.

Los medios atribuyen una gran importancia a la movilización de la ciudadanía, pero es una afirmación dudosa. En primer lugar, la inmensa mayoría de quienes se echaron a la calle eran partidarios de Erdogan, que fué quien los convocó, con el apoyo inestimable de algunos religiosos desde las mezquitas. Los ciudadanos opuestos al golpe, pero críticos con el Presidente no se dejaron oír apenas, según el testimonio de periodistas y testigos.

– En cambio, quizás lo más relevante es que la resistencia callejera se produjera al menos dos horas después de los primeros movimientos militares y las operaciones de control e interrupción del tráfico. De haberse realizado las otras acciones típicas en un golpe de Estado clásico, la efectividad de la movilización ciudadana hubiera sido mucho menor, o más peligrosa, y por lo tanto no se hubiera mantenido por el alto precio en sangre.

  1. Una condena internacional firme, pero muy medida del golpe, y con dos matices muy importantes:

– La condena no fué inmediata, se demoró al menos tres o cuatro horas, lo que no puede interpretarse simplemente por la confusión del momento, sino por la cautela ante la eventualidad de tener que trabajar en un escenario diferente, como ocurriera en Egipto, por ejemplo, máxime en estos momentos de ofensiva contra el Daesh en Siria e Iraq y el papel clave que tienen las instalaciones militares en suelo turco (Incirlik, especialmente).

La reacción internacional defiende claramente el orden democrático y rechaza la fuerza como elemento de corrección de las polémicas políticas, pero los pronunciamientos son generales y, en ningún caso se expresan apoyo personales o a los cargos que detentan Erdogan y sus principales colaboradores. No lo hizo Obama, Kerry exigió pruebas de las acusaciones contra el clérigo Gülem, y Merkel ni siquiera mencionó por su nombre al líder turco en su comunicado oficial.

En definitiva, aún tendremos que esperar para conocer toda la verdad de este episodio extraño y anacrónico, que complica el control de la crisis de la zona en todas sus dimensiones: guerra, terrorismo y catástrofe humanitaria.