TURISMO Y TERRITORIO EN UN MEDITERRÁNEO EN CRISIS

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La última cuenta satélite del turismo en España, elaborada por el INE para 2012, situaba a este sector con un peso en el entorno del 11% del PIB, del 12% del empleo, y con una aportación neta a la balanza de pagos de 33.344 millones de euros. Los últimos datos, referidos a la evolución entre 2012 y 2015 muestran un incremento sostenido del número de turistas internacionales, que alcanzaron los 68,1 millones en 2015, y del gasto total asociado a los mismos (67.385 millones de €) lo que proporcionan al turismo una posición privilegiada respecto al crecimiento de la economía y a la creación de empleo en España en los últimos años.

El último Barómetro de Exceltur sobre la actividad turística en 2015 recoge la evolución de algunas de las principales variables turísticas y, en particular el empleo y la rentabilidad de dichas actividades. Para el empleo recoge la información de los afiliados a la seguridad social de las ramas que la Organización Mundial de Turismo (OMT) caracteriza como directamente dependientes del turismo (hostelería, transporte, agencias de viajes, ocio y cultura) más el comercio minorista, por su estrecha vinculación con el gasto de los turistas en los destinos, pero matizadas por el peso que tienen los turistas en relación con la población residente encada uno de los municipios analizados, ya que estos también hacen uso de muchas de esas actividades en su consumo cotidiano.

Atendiendo al diagnóstico elaborado en el señalado Barómetro, el resultado de 2015 es muy positivo tanto para el turismo urbano como para el vacacional, con un incremento muy sensible en ambos de los ingresos, rentabilidad y empleo turísticos, afectando principalmente a los hoteles de mayores categorías y a las localizaciones de mayor calidad (Barcelona, Palma de Mallorca, Marbella,…).

Los ingresos turísticos de los destinos urbanos se estima que crecieron del orden del 12%, superando por primera vez los niveles de 2008; y el empleo se incrementó del orden de un 5,4% en el año. Buen comportamiento del turismo urbano asociado al fuerte incremento del turismo de negocios, nacional e internacional, con incrementos en el período 2008-2015 superiores al 10% en ciudades próximas a la costa, donde destacan: Almería (+31%), Girona (28%), San Sebastián (+21%), Cádiz (+19%), Málaga (+18%) y Barcelona (+14%).

En el turismo vacacional el incremento de los ingresos se situó en el orden del 9%, y el del empleo en el 5%, manteniéndose, cosa que ya ocurría desde 2010, por encima de los niveles pre-crisis de 2008 (un 32% por encima en 2015 respecto a 2008), destacando a este respecto los principales municipios turísticos ibicencos, junto a Calvià (Mallorca), Arona (Tenerife), Teguise (Lanzarote), Mogán (Gran Canaria), Isla Cristina (Huelva) y Marbella (Málaga).

Por último en la consideración de los diagnósticos sobre el sector, hay que destacar que el Foro Económico Mundial (http://reports.weforum.org/travel-and-tourism-competitiveness-report-2015) situaba a España en la primera posición en cuanto a competitividad turística se refiere. Esta posición el Foro, tal y como se aprecia en la Figura siguiente, la asociaba a la valoración dada a los recursos culturales españoles (la mejor posición en el ranking mundial en recursos culturales), la infraestructura (segundo puesto mundial), la adaptación a los nuevos consumos digitales(cuarto lugar), y al apoyo del Gobierno al sector (sexta posición). Sin embargo, con respecto a los recursos naturales, España quedaba en el puesto 14; y peor posicionada con respecto a la seguridad y su adecuación de sus tecnologías de la información (puesto 31), salud e higiene (puesto 33), recursos humanos (puesto 34), política de precios (puesto 105) y ambiente empresarial (puesto 110), destacando las críticas del Informe a las dificultades burocráticas para establecer un negocio, las rígidas leyes laborales y las dificultades para obtener permisos de construcción.

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Contrastan estas dificultades para obtener permisos de construcción, recogida en este Índice de Competitividad, con el hecho de que entre los problemas estructurales que los expertos asocian al sector, destacan el muchas veces negativo desarrollo de cambios en el urbanismo y ordenación territorial del litoral, junto a una ausencia muy importante de medidas de gestión integrada de zonas costeras y de prevención de riesgos futuros.

Efectivamente, los optimistas resultados anteriores no deberían ocultar graves problemas para un turismo español masificado y muy ligado a un turismo de “sol y playa” insostenible, basado en una agresión creciente a la costa, al patrimonio natural y al cultural, al ligarse a una demanda muy ligada al boom inmobiliario (apartamentos turísticos, en muchos casos informales y de segunda residencia) y con una muy fuerte presión sobre los recursos naturales, superando su capacidad de acogida en muchas playas, o con graves deterioros sobre los paisajes característicos de cada territorio.

La urbanización desmedida de ciertos espacios litorales -y en particular los anexos a las playas- han colaborado a romper los equilibrios generados por las brisas marinas, ayudando a la erosión costera; han destruido o degradado ecosistemas de gran valor, con infraestructuras de particular afección a la Posidonia, y han generado, mayoritariamente, una fuerte pérdida de calidad paisajística y empeoramiento de sus atractivos turísticos. A la vez que han incrementado de forma muy significativa los costes de los temporales sobre el frente costero, fundamentalmente por infraestructuras y viviendas situadas en zonas que deberían estar declaradas como de dominio público marítimo-terrestre. Adicionalmente, la modificación de la ley de costas realizada en 2013, ha postergado injustificadamente la posible solución de muchos problemas costeros, incrementando incomprensiblemente los efectos negativos esperables sobre el litoral español.

Otro problema importante en la congestionada costa española por la construcción de edificaciones de distinto tipo, es la alta densidad de apartamentos turísticos edificados en muchos ámbitos de la misma, y el hecho de que sólo del orden de la mitad de los citados apartamentos turísticos cuenten con licencia de actividad. Los turistas extranjeros que pasan sus vacaciones en estos apartamentos se estiman en el 14% del total, pero tienen una tendencia fuertemente creciente por el incremento de las ofertas del tipo de las de las plataformas Airbnb y Homeaway, con graves perjuicios a la oferta hotelera.

Obviamente, el avance de este nuevo tipo de comercialización en red de la oferta alojativa tiene una importante incidencia en el incremento de la presión inversora sobre apartamentos turísticos, siendo un nuevo acicate a la realización de nuevas edificaciones en los ámbitos turísticos. De hecho, en 2015 se han disparado las inversiones y adquisiciones de hoteles y de promociones de apartamentos turísticos por operadores internacionales o por las SOCIMI (sociedades de inversión inmobiliaria cotizadas en Bolsa) con importantes operaciones en Valencia, Almería, Granada, Zaragoza, Burgos, Valladolid o León, cuyos precios se habían reducido significativamente con la crisis, adicionalmente a las tradicionalmente más importantes por su volumen, de las Islas Canarias, Madrid, Baleares o Barcelona.

En los últimos años, y muy particularmente en 2015, han actuado como atractores positivos para España, incrementando la ocupación media hotelera, la inseguridad e inestabilidad política generada en los países mediterráneos orientales y africanos (principalmente a partir de 2011), y la inseguridad generada en 2015 por los grandes flujos migratorios concentrados en Italia, Grecia y países limítrofes del este europeo (incrementados muy sensiblemente por la guerra en Siria). A lo que se ha unido el bajo precio del petróleo –que ha reducido los gastos del transporte- la depreciación del euro frente al dólar y la libra –que ha abaratado los precios relativos- y la depreciación salarial registrada en España: precarización y reducción de los salarios horarios, que es una de las variables que ha permitido que los precios hoteleros todavía se encuentres por debajo de los niveles de 2008.

Aunque también ha incidido positivamente el inicio del imprescindible proceso de renovación de instalaciones en algunos destinos (Canarias y Baleares son buenos ejemplos) y el alargamiento de la temporada turística de “sol y playa” por unas condiciones meteorológicas anormalmente benignas, muy probablemente asociadas al calentamiento global del planeta, que puede generar, a más largo plazo, condiciones mucho menos favorables para muchos de los destinos turísticos actuales. Como también puede incidir negativamente la existencia de ofertas alternativas en otros países que compiten fuertemente en calidad y en precio.

De las seis grandes comunidades turísticas más beneficiadas por la actividad turística (Cataluña, Canarias, Baleares, Andalucía, Madrid y Comunidad Valenciana), en todas salvo Madrid –y en menor proporción Cataluña- tiene un papel fundamental el turismo de sol y playa. Y no se puede olvidar que el cambio climático y la necesidad de adoptar medidas de mitigación (reducción de emisiones) a nivel global, son una amenaza muy importante tanto para el turismo en general (no sólo el de sol y playa) por su previsible incidencia en el incremento de los costes de transporte y de adaptación de edificios y servicios a un menor consumo energético, como para muchas de las infraestructuras litorales asociadas (puertos deportivos, resorts, etc.) que tendrán que adaptarse a los nuevos riesgos que inciden de manera desigual sobre los distintos ámbitos del territorio español.

Además, de cumplirse las previsiones disponibles, en pocas décadas se reducirán sustancialmente la anchura de la mayor parte de nuestras playas, y varias urbanizaciones y numerosas edificaciones quedarán sometidas al efecto directo del oleaje, sobre todo en el Cantábrico, Canarias y en los deltas, también afectados por fenómenos de subsidencia (hundimiento). Y ya no se trata solo de cuidar una actividad turística que exige calidad y sostenibilidad en el empleo y en la rentabilidad para mantenerse, o de ir corrigiendo la localización de las edificaciones sujetas a riesgo, sino también de impedir que se siga actuando con políticas urbanísticas y territoriales que agraven aún en mayor medida el problema, objetivos hacia los que las modificaciones en la regulación de costas del Gobierno en funciones actual, no van precisamente a colaborar.

En ese contexto, la nueva legislatura, que esperemos se pueda iniciar en este año 2016, debe enfrentar los nuevos desafíos políticos, sociales y tecnológicos que implican buscar un modelo de desarrollo turístico que sepa conjugar los resultados socioeconómicos más beneficiosos, con la recuperación y regeneración de una sostenibilidad ambiental y de una valoración del patrimonio y recursos territoriales imprescindibles para mantener el atractivo turístico. Cada ámbito es un espacio que debe analizar su situación específica, pero es evidente que el grado de aglomeración en determinados espacios turísticos precisa de un diagnóstico integrado, que permita valorar hasta qué punto es preciso llegar a establecer moratorias en nuevas edificaciones o servicios, o son imprescindibles procesos de rehabilitación, renovación o restauración de los ya existentes. Ello precisa de una cooperación interinstitucional y de una gestión pública y privada ambientalmente más comprometida, innovadora, diversificada y más enfocada a clientes finales cada vez más exigentes, informados y conectados a nivel global.

En este sentido, las tasas o impuestos turísticos de las comunidades autónomas para las pernoctaciones turísticas pueden ser de utilidad para avanzar en los cambios y objetivos precisos en el sector si finalmente se destinan a esos objetivos y actuaciones precisas, superando con mucho los riesgos y temores manifestados –interesadamente- por la industria hotelera, sobre su incidencia en la competitividad, la actividad y el empleo turístico. De hecho, Baleares ya tuvo una ecotasa, que se puso en marcha en 2002, dedicada mayoritariamente a la compra de fincas para evitar que el boom inmobiliario terminara degradando todo el archipiélago; y en noviembre de 2012Cataluña estableció una tasa por cada pernoctación(2,5 euros en los hoteles de cinco estrellas a 0,75 euros en los de tres, dos o una estrella), destinando el 30% al municipio donde se realizan las estancias, y el resto destinado a actuaciones ligadas al turismo sostenible, al desarrollo de infraestructuras turísticas o a la mejora de la oferta.

España no debería seguir creciendo con el modelo masivo de “sol y playa”, lo que hace que otra asignatura pendiente sea la diversificación de la demanda turística, potenciando ámbitos como el turismo cultural, el ambiental, el sanitario o el gastronómico, y la captación de viajeros de alto poder adquisitivo, porque otro de los problemas de la demanda turística española es el reducido gasto por turista que realizan en sus estancias los viajeros tradicionales de Reino Unido, Francia o Alemania (del orden de la mitad de los viajeros a España). El crecimiento de demandas de alto poder adquisitivo, como la rusa se ha frenado en seco. Y queda mucho por hacer con la demanda de viajeros de alto poder adquisitivo de los países del Golfo, de Japón o de China, que probablemente tendrá la mayor demanda de turismo internacional mundial de alto poder adquisitivo a medio plazo (y a los que no les atrae la playa ni el bronceado, por motivos culturales), o del conjunto de la creciente clase media de Asia y América Latina, con particular interés por el turismo de compras.

La actual coyuntura turística, que se mueve en un contexto económico y financiero complejo, y los cambios en la dinámica y en las tendencias de la demanda que se han generado desde la crisis de 2009, determinan la necesidad de diseñar una nueva estrategia turística, para afrontar con rigor y antelación los nuevos retos y el futuro del turismo en España, como uno de los sectores clave en un desarrollo que necesariamente debe ser ambientalmente sostenible, socioeconómicamente cohesionado y territorialmente equilibrado. Aspectos como la progresiva desmaterialización y descarbonización de la sociedad deben ser factores absolutamente fundamentales en un proceso en el que no es precisamente fácil la consideración de estos aspectos, dada la importancia que en el mismo tiene el transporte, el consumo y los servicios de ocio. Por ello, es imprescindible una planificación territorial que integre un modelo de desarrollo turístico sostenible, corrija los deterioros históricos producidos, y preserve el litoral no degradado, los recursos naturales, los paisajísticos y los culturales de valor y optimice los retornos sobre el valor añadido, empleo y bienestar para España.

Debería quedar muy claro que no sirve volver, como de facto se está haciendo, a la dinámica histórica de acumulación cuantitativa de viajeros, a costa de la depredación territorial y de la creciente insostenibilidad ambiental e injusticia social del modelo tradicional. Esperemos que los nuevos equilibrios políticos ayuden a este imprescindible cambio.