TRUMP SE LANZA AL ATAQUE

En medio de tanta confusión, de palabras grandilocuentes, de un proteccionismo comercial inasumible, y de sus ataques verbales contra todo y todos, parece que Trump ha encontrado algo que hacer que le puede dar cierto rédito electoral, calmar las críticas y, sobre todo, desviar la mirada de donde están los problemas nacionales.

Y ese algo, como siempre, es bombardear.

Coincido con la opinión de J.I Torreblanca, cuando señala en un reciente artículo, que “para un presidente de EEUU es más sencillo bombardear una base aérea situada a 9.212 kilómetros de la Casa Blanca que aprobar una reforma sanitaria o prohibir que entren en su país ciudadanos de otro”.

La guerra de Siria ha terminado siendo otro gran despropósito de la política internacional, donde Europa no ha sabido atender a los miles de refugiados por ese conflicto, donde las fuerzas internacionales se han posicionado en función de sus propios intereses, y donde lo que empezó siendo un “derrocamiento a un dictador”, hoy se pliegan a una “negociación”. Mientras tanto, la guerra se ha ido alargando años y años, sin que hubiera la mínima luz a un acuerdo que dejara las armas.

¿Y qué pretende ahora Trump? ¿Sabe lo que hace?

Lo más probable es que sea un simple juego estratégico para reforzar su imagen de varias maneras: imprimir autoridad mundial, diferenciarse nuevamente de Obama, sacar pecho frente a Europa, y, sobre todo, acallar a quienes le acusan de posibles connivencias electorales con Putin.

Muchos hablan del cambio de opinión de Trump en relación a Siria, y así es. El problema no es que cambie de opinión, sino que no tiene una trayectoria clara y definida, salvo ese estilo bravucón y demagógico que ha convencido a millones de estadounidenses porque son víctimas de una globalización cruel que está provocando que la sociedad genere cada vez más personas inservibles, innecesarias al sistema, cuya fuerza de trabajo ya no es requerida, que son molestos, que cuestan caro a los servicios sociales, y un largo etcétera.

Son los apátridas de la sociedad del Siglo XXI. Y no son unos cuántos, cada vez son más en las sociedades desarrolladas. Gente que ha votado a Trump de forma egoístamente desesperada.

Y si Trump no tiene nada con qué contentar o aliviar el sufrimiento de millones de ciudadanos, porque no ha previsto nada, y porque no es suficiente con ser riquísimo y un negociante sin escrúpulos, pondrá su falta de escrúpulos para salvaguardar su imagen.

Aunque esa imagen se asiente sobre una guerra. No es la primera vez que así se hace, y lamentablemente, parece que no será la última.