TRUMP NO ES UNA BROMA

La conmoción que vive Europa por el triunfo de Trump está dando origen, como no puede ser de otra manera, a muchos análisis.

Se intenta saber cuáles son las claves que han dado la victoria a Trump, por qué una vez más los pronósticos han fallado, qué ocurre para que las democracias se estén convirtiendo en entes extraños que producen resultados sorprendentes e incomprensibles.

A partir de ahí, con Trump en el gobierno, se postulan diferentes posiciones: que Trump no es tan fiero como aparenta, que el propio partido y sus propios congresistas lo atarán corto y no podrá hacer todo lo que anuncia, que no es lo mismo EEUU que Europa, que las claves no hay que leerlas en una vuelta al pasado del siglo XX.

Pero, en mi opinión, lo peor que podríamos hacer en Europa, y, sobre todo, desde la izquierda, sería menospreciar o rebajar el peligro que supone Trump. Sobre todo, por dos razones: porque desde el inicio de la crisis, la socialdemocracia no está sintonizando con el grito de indignación y frustración de una ciudadanía que vota más por cabreo que con ilusión; y, segundo, porque hemos de estar alerta de los movimientos y relaciones que Trump puede establecer en Europa y a qué peligrosos personajes (como Marie le Pen) refuerza.

Además, Trump no es una broma. Es un populista y un fascista. Su presencia ha puesto en jaque dos cuestiones fundamentales: el orden internacional y la lucha contra el cambio climático.

Su propia personalidad es una de las principales dificultades para formar Gobierno y encontrar a republicanos que, al menos, gocen de experiencia y sentido común. Y eso, solo nos aboca a un Gobierno de “descerebrados”, de aquellos bocazas y extremistas que solo con sus palabras asustan.

Trump no va a reunir fácilmente al talento a su lado ni tampoco le será fácil propiciar consenso, ya que ni lo cree, ni lo practica, ni lo pretende.

Los problemas que Europa tiene dentro de sus naciones o en las puertas de sus fronteras no están resueltas ni mucho menos. Se agitan los fantasmas y hierven las tensiones.

Si Europa es incapaz de dar respuestas eficaces, el peligro Trump se convertirá en un modelo a seguir por muchos populistas y fascistas europeos.