TRUMP HA VENIDO Y NADIE SABE CÓMO HA SIDO

Una vez más han fallado las encuestas, se han equivocado los expertos y, sobre todo, se han defraudado las expectativas de mucha gente que no tenía ni arte ni parte en las elecciones norteamericanas y que solo podían opinar de ello. Donald Trump is the POTUS (como el Servicio Secreto llama al President Of The United States).

Ahora solo hay que esperar, es cosa de pocos meses, a que Trump, apoyado en una mayoría de la población del país más poderoso del mundo, haga lo que ha dicho que iba a hacer. Y, lo que es peor, haga lo que tiene pinta que puede hacer y pase lo que hemos vaticinado los expertos.

Pero en este momento en que muchos pueden temerse lo peor, hay que señalar algunos motivos para la esperanza.

En primer lugar, hay que esperar que el Congreso y el Senado norteamericanos, aunque del mismo partido que Trump, atemperen la parte más estrambótica del programa presidencial. Los que creemos en la democracia representativa debemos tener esa primera esperanza.

La segunda esperanza es que Trump sea fiel a su papel de político populista y no se crea, realmente, ni la mitad de las cosas que dice. Lo sé, es muy débil este argumento pero a algo hay que agarrarse.

Pero, sobre todo, podemos confiar en algo: Todos los expertos, los que vaticinábamos en su día la derrota del 15-M, del brexit y de Donald Trump, preveíamos también grandes males si nos equivocábamos. Bien, pues a lo mejor pasa como en ese chiste infantil del indio mentiroso y del indio que dice la verdad: si nos equivocamos en el pronóstico, ¿porqué no nos vamos a equivocar también en la previsión de los males?

En todos esos casos, la misma relación entre el pronóstico y sus efectos la establecíamos los expertos y los votantes y si estos últimos, los responsables últimos del resultado, han elegido lo que han elegido será porque no esperaban de ello esos males que preveíamos nosotros, los expertos, sino, obviamente, todo lo contrario.

Y si al votante directo no le hiciéramos falta los expertos, gente presuntamente mejor preparada para analizar la realidad, de ello podrían extraerse varias consecuencias. La primera, que la democracia directa es preferible a la democracia representativa, tal como muchos expertos venían reconociendo (y este hecho es, paradójicamente, su mayor debilidad). Segunda, que, por ello, todas las cuestiones importantes deberían ser sometidas a referéndum directo entre la población afectada. Tercero, que solo las cuestiones de menor importancia, y solo por economía procesal, deberían ser objeto de la democracia representativa. A no ser que las nuevas tecnologías, esas que permiten recoger en tiempo real la opinión de cualquiera, redujeran los problemas técnicos del referéndum tradicional y no hicieran falta los representantes sociales ni para resolver los asuntos más nimios.

Pero el error de las encuestas genera otra duda. Sabido es que el resultado de un sondeo tiene dos componentes, la suma de las respuestas de los encuestados y la presunción de los expertos sobre la ucronía de los que no han contestado, eso que llaman “la cocina”. Pues bien, ¿ha de achacarse el error de las encuestas solo a “la cocina” de los expertos o puede deberse a la volatilidad de la opinión del encuestado?

Realmente, la opinión del ciudadano medio se forma después de un proceso entre mental y cordial de gran complejidad y de funcionamiento analógico pero que en el momento de la respuesta debe pasar a modo digital y convertirse en un “sí” o en un “no”. Y aquí, en esta conversión, radica el origen de esa volatilidad. Como en el otro chiste del que está comprobando el funcionamiento de los intermitentes del coche y comprueba que ahora si funcionan y ahora no, a veces las personas cambian de opinión en cuestión de poco tiempo. Lo cual, sería un inconveniente de la democracia directa donde no existe la moderación de los representantes que, posiblemente, maduran esa decisión.

En todo caso, Donald Trump es lo que hay, de aquí al segundo martes después del segundo lunes del mes de noviembre del año 2020 y tiempo tendremos los expertos para seguir explicando el mundo. Esperemos llegar.