¿TIENE FUTURO EL PSOE?

Efectivamente, tiene razón José Félix Tezanos en su artículo “La semana triste del socialismo español” cuando plantea lo difícil que será salir de esta situación.

Lo que se ha vivido esta semana tendrá unas consecuencias imprevisibles. No se trata de hacer una defensa numantina de Pedro Sánchez, quien ha cometido graves errores durante su mandato como Secretario General; por cierto, muchas de las decisiones equivocadas por las que ahora se le pasa factura se han realizado bajo la supervisión de quienes le dieron su apoyo y hoy lo retiran. La propuesta de un Congreso Extraordinario, unas primarias y una “voz única” no tenían mucho sentido, pero también es cierto que era una acción “a la desesperada” pues la presión recibida ha sido inaudita.

Pero, en las acciones desastrosas de esta semana, quedan muchas zonas oscuras por aclarar: ¿por qué era más importante la conversación privada con Felipe González que la decisión unánime del Comité Federal? ¿Por qué no se podía haber ido al Comité Federal del sábado sin necesidad de hacer este destrozo? ¿Por qué resultaba imposible intentar un gobierno alternativo cuando las condiciones no habían variado entre el resultado electoral y esta semana?

Ahora, como si no hubiera pasado nada, se saca pecho, se dice que “hay que estar unido y fuerte”, “que hay que coser heridas”, y tonterías grandilocuentes como “si vamos a terceras elecciones, haremos la mejor lista de todas” (¿?).

La única realidad es que el PSOE, aunque estuviera débil después de las elecciones, todavía tenía en su mano la posibilidad de intentar un gobierno alternativo o bien una abstención con duras condiciones que hubiera puesto al PP entre las cuerdas (por ejemplo, a cambio de la dimisión de Rajoy, de la derogación de la LOMCE o de la revisión de la ley laboral). Teníamos salidas dignas.

Hoy, tenemos a un PP que se frota las manos porque prevé que si hay terceras elecciones hundirá al PSOE y que puede ser él quien ponga condiciones en la abstención (por ejemplo, aprobar los presupuestos o implicarnos en un gobierno de coalición). Todo un disparate.

¿Cómo se ha podido hacer tan mal? ¿Cómo se ha podido hacer tanto daño gratuito? ¿Se arrepiente alguien de las barbaridades cometidas? Y no me refiero a un arrepentimiento de frases tópicas que suenan a lo de siempre y que ya no convencen a nadie.

El problema del PSOE no viene solo de Pedro Sánchez ni de estas últimas pérdidas electorales (que son importantes), sino que viene de más lejos.

El problema del PSOE es que ha hecho el camino inverso al que requieren los nuevos tiempos, con electorados progresistas más exigentes:

  • La patrimonialización del partido por parte de algunos por encima siempre de la opinión abierta, no sólo de los militantes, sino del electorado, es uno de los graves problemas. Esto ha ido separándolo de votantes que siguen siendo progresistas y socialdemócratas, pero piensan que el PSOE ya no lo es. Sobre todo, cuando el PSOE los trata como “menores de edad”, tomando decisiones por ellos como si el votante progresista fuera imbécil, cuando su característica sociológica es la exigencia.
  • El comportamiento orgánico, muchas veces confuso, cuando no es polémico y altanero. No es la primera vez que el PSOE protagoniza escenas vergonzosas y la dirección siempre hace una huída hacia adelante pensando que “todo se perdona”, “que la memoria colectiva es débil” y que “los votantes no tienen otra opción”. Pero muchos votantes ya han encontrado acomodo en otras opciones electorales.
  • La falta de capacidad de diálogo con otras fuerzas políticas imposibilitando acuerdos y negociaciones. El PSOE no se ha convertido en un mediador entre las diferentes formas de ver España, sino que se ha dejado manejar por la confrontación emplazada por el PP. Y se equivocan quienes piensan que Andalucía es el reflejo del Estado Español (España es bastante más compleja y plural).

El PSOE ha pasado de estar mal a estar peor.

Si alguien piensa todavía que la militancia y los votantes del PSOE resisten cualquier cosa, se equivocarán. Lo ocurrido esta semana no es fácil de entender y mucho menos es fácil de explicar.

Cada día hay más socialdemócratas navegando en este país en busca de un partido político que los represente. El PSOE parece empeñado en perder su espacio, sus votantes e incluso su aguerrida y sufrida militancia a la que no se le dan las explicaciones necesarias.