TIEMPOS DE LUCHA ENTRE HOBBES Y MAQUIAVELO

mjvicente230216

Hobbes y Maquiavelo son autores de cabecera para cualquier apasionado de la ciencia política y en estos tiempos de pactos, vuelven al primer plano del análisis político. Para Maquiavelo, el poder se manifiesta en una figura: “El Príncipe” es la esfinge que hay que estilizar, guiar y aconsejar para que éste ejerza la soberanía; es una especie de mesías salvador. Para Hobbes, el Estado emerge como ese gran Leviatán, donde el poder del soberano es absoluto y necesario por encima de las decisiones individuales; la construcción del poder (que en la figura del Leviatán representará el Estado) emerge de la necesidad de los hombres de salir del estado anárquico de naturaleza, el poder se otorga mediante un pacto y el Estado será la muestra más clara del pacto establecido, estableciendo los derechos que tiene el soberano para con los súbditos.
Uno y otro encerraban contradicciones, con diferencias sobre la personificación del poder, en la separación de poderes, en la libertad de expresión (negativa si no se usa para preservar el orden público), como la admiración de Maquiavelo hacia el pueblo libre que se gobierna a sí mismo y la de Hobbes por la monarquía de su época, a la que procuraba la conveniencia de asegurar la paz y la seguridad del pueblo.

La falta de acuerdo en un proyecto claro de Estado, de un plan de choque y de emergencia social que así parece reivindicar, al menos, un 52% de los encuestados que reconoce que ha descendido de clase social en los últimos años y un 66% que cree que la desigualdad social es uno de los problemas más graves del país (según datos de My Word), hace que Hobbes y Maquiavelo vengan como estrategas políticos a mostrar las grandes diferencias que existen sobre cómo se ve el poder y qué hacer con él. En una situación política e histórica de pérdidas de derechos, con fuertes restricciones en el consumo (especialmente, en alimentación y calefacción), con la corrupción institucionalizada en la Administración del PP y con las últimas noticias relacionadas con la creación de un fondo buitre por parte de Rodrigo Rato al dejar Bankia (esos mismos fondos buitres que han desahuciado a muchos inquilinos de sus pisos de vivienda pública y social), el pacto entre PSOE y Podemos sigue aún lejos de materializarse.

Podemos parece estar jugando a que se convoquen elecciones y a no ser culpable de ello. Las formas en que han ido planteando cada propuesta parece ir en clave de qué les interesa decir, por si no se alcanzara un pacto de izquierdas, más que de luchar por querer cerrar pronto ese pacto. Las ofertas en forma de órdago realizadas por el líder de Podemos a su homólogo socialista, Pedro Sánchez, para gobernar en coalición, es parte de una estrategia que busca no aparecer como el culpable de las nuevas elecciones que sin embargo desea y poder polarizar mejor el debate político.

Para el sociólogo David Redoli, parece que Podemos persigue “el asalto al PSOE, más que el asalto a los cielos”, evidenciando escasa disposición real a pactar.

Para el PSOE tampoco resulta fácil cualquier movimiento de acercamiento a Podemos, sería tener dentro a un continuo “caballo de Troya”, y así se refleja también en las últimas encuestas, que muestran que un 45% de los españoles que votaron al PSOE el 20D prefiere un pacto con Ciudadanos antes que con Podemos.

Podemos tampoco lo va a poner fácil siguiendo con su mantra sobre el referéndum, con las pulsiones nacionalistas que desde dentro de Podemos y sus alianzas se mueven y que suponen también un órdago continuo hacia el propio Pablo Iglesias a la hora de ejercer el liderazgo interno de sus 42 diputados más los 27 asociados, así que sólo como aritmética, al PSOE le resulta muy arriesgado forjar una alianza así.

Por una cuestión de oportunismo y de política comparada, Podemos persigue ocupar el espacio de centro izquierda, es hacia donde quiere dirigirse e intentará quedarse en la oposición para poder ser el único partido “de izquierdas” que pueda hacerle oposición a Pedro Sánchez; de otra manera, Podemos cree correr el riesgo de que Pedro Sánchez, desde dentro, al poder controlar mejor cada movimiento de sus socios, se traduciría en una imagen de debilidad de Podemos, como así llegó a interpretarlo Varoufakis, remachando que “un gobierno PSOE-Podemos socavará la integridad de Podemos”. Por eso, en su sempiterno tacticismo, su deseo pasa más por quedarse fuera de un pacto de gobierno, de ahí su maximalismo.

Por su parte, en el PSOE, la estructura interna socialista está por ahora sujetando bien el peso de los barones, el conflicto de intereses entre federaciones y el hecho de que el poderoso -por número de afiliados- PSOE andaluz deba su Gobierno a Ciudadanos. Con esto, el PSOE lleva a concluir que un pacto de Sánchez con Rivera es la solución ideal para Ferraz, una maniobra que trasladaría al PP la presión de favorecer o no la “estabilidad” que tanto reivindica, aprovechando la mala relación política y hasta personal de Rivera y Rajoy. Sí que Sánchez muestra otra gran habilidad vendiendo el discurso de que “la gran coalición” es inviable, con un escenario fácil de altas cotas de corrupción que en el PP se están viviendo y que Sánchez ofrece como “inaceptables de todo punto”.

La federación socialista andaluza ha preferido no hacer ruido y son muchos los socialistas que con funciones orgánicas, ahora reconocen más abiertamente que Sánchez está trabajando bien con la oportunidad que el propio Rajoy, desde su escondite, parece haberle regalado.

Podemos vive en un permanente tacticismo de manual, calculando si podría ser el gran beneficiado en caso de nuevos comicios. No hay que olvidar que tienen problemas internos casi tan grandes como los del PSOE, hasta han perdido miembros desde el 20D, yéndose cuatro diputados de Compromís al Grupo Mixto y las Mareas dan muchos quebraderos de cabeza a quien quiere tener controlado cada movimiento propio y externo. Iglesias tendría ahora mismo muy difícil volver a articular las confluencias periféricas que explican gran parte de su éxito electoral, pese a que se intenten tapar esas tensiones internas. La estrategia está encaminada a dejar preparado parte de su discurso de campaña por si hay elecciones el 26 de junio, deseo legitimado con algunas encuestas últimas que le sitúan por delante de sus expectativas de diciembre (aunque no todas apunten en esa dirección), pensando en cada movimiento por si hay que echarle la culpa de tener que ir de nuevo a las urnas al otro.

Su estrategia es la que desde el análisis político se llama “gobernar la coyuntura”: no se trata de conseguir llegar a acuerdos sino de tener el poder de los tiempos, de los titulares y de que los demás partidos se muevan en función de lo que en cada petición (u órdago) se obligue. En la era de las redes sociales, gobernar la coyuntura es un ejercicio interesantísimo y de ascenso rápido en posicionamiento y de desafío a otros candidatos: los obligas a moverse en función de tus objetivos. Todo está calculado.

Ya que los movimientos parecen ir en dirección a la negativa de Podemos a un pacto con el PSOE, no parece haber mucho debate a favor de si esa coalición con el PSOE podría incluso llegar a beneficiarles. De no haber pacto, el PSOE podría responsabilizar a Podemos de la falta de estabilidad parlamentaria y hasta de permitir que Rajoy siga siendo presidente del Gobierno en estos meses si vamos a nuevas elecciones. Al PSOE no le interesa que Podemos haga fuerza desde la oposición, mostrándose como un partido fuerte de izquierdas con ganas de que a la mínima debilidad de Sánchez como presidente, pueda producirse el sorpasso soñado por Iglesias.

Para el constitucionalista Rafael Rubio “Si gobiernan juntos, nadie recordará a PSOE o a Podemos dentro de un año por qué gobernaron juntos, sino por los resultados de ese Gobierno, por las políticas públicas desarrolladas y la venta que cada uno hiciera de ellas”.

El partido de Iglesias reclama la vicepresidencia y el control del CIS, el CNI y el BOE, más sus ministerios y secretarías de Estado que ya han cuantificado.

De aquí al 2 de marzo (mejor, hasta el 5 de marzo) seguiremos viendo desfiles de personas y números, cuando la ciudadanía queremos ver un cierre de propuestas encima de la mesa.

Entre tanto, sería un buen experimento intentar saber qué contestaría Pablo Iglesias si Pedro Sánchez respondiera a sus exigencias “Bien, Pablo, yo te doy la presidencia del gobierno tal y como tú quieres y yo asumo la vicepresidencia, el CIS, el CNI, el BOE, RTVE y todas las demás atribuciones que como vicepresidente quieres obtener”. No hay nada que esclarezca y defina mejor las posturas de cada partido – o mejor, de cada persona- que un análisis inverso.