TÁCTICAS, MIEDOS Y ENREDOS

TÁCTICAS, MIEDOS Y ENREDOS

saracibar240216

A pesar de las incertidumbres derivadas del 20-D y después de múltiples conversaciones, en los últimos días se han clarificado varias incógnitas e, incluso, ya sabemos la fecha de investidura de Pedro Sánchez y, por lo tanto, las posibles fechas aproximadas de unas hipotéticas elecciones generales, ante la ausencia de acuerdos.

En primer lugar, el PP- con Rajoy a la cabeza- ha perdido definitivamente las pocas posibilidades que tenía de presentar un candidato a la investidura. Los nuevos hechos de corrupción conocidos (Púnica, Gürtel, Canal Isabel II…), la inspección de la sede del PP madrileño, la dimisión de Esperanza Aguirre y los casos de Rita Barberá, González y Granados, entre otros, han dinamitado la escasa capacidad política del PP y sumido a este partido en una profunda crisis organizativa e institucional. Lo más notable es que los escándalos de corrupción han estimulado la presentación de un sin fin de demandas regeneracionistas dentro de su propio partido, que no han tenido contestación por el momento. Por eso, en la actual situación, es impensable que alguien pueda volver a plantear un gobierno entre el PP y Ciudadanos y menos un gobierno de gran coalición (PP, PSOE y Ciudadanos).

En segundo lugar, los últimos acontecimientos han confirmado la apuesta prioritaria (a su derecha) del PSOE por Ciudadanos -en detrimento de Podemos-, en su tortuoso recorrido por el camino que conduce a garantizar la investidura del PSOE, con la esperanza de que, cuando menos, Podemos se abstenga, puesto que el PP votará en contra en cualquier caso. Al margen del principio de Acuerdo con Ciudadanos y de lo que ocurra en el debate de investidura, las conversaciones han sido útiles para comprometer a este partido en un pacto de legislatura que contemple acuerdos puntuales a desarrollar en un hipotético ejercicio de gobierno: regeneración democrática, ley electoral, reforma de la Constitución… y demuestran ante la opinión pública que ambos partidos han tenido voluntad de llegar a acuerdos para formar gobierno, aunque sea a cambio de que peligre la idea de formalizar un gobierno estable y progresista, por los insuficientes escaños que aporta Ciudadanos y las políticas que defiende (escoradas a la derecha).

En tercer lugar, y a pesar del Pacto entre el PSOE y Ciudadanos, se han abierto nuevas conversaciones (en la izquierda) para investir al candidato socialista e intentar formar un gobierno de coalición estable y de progreso entre el PSOE, Podemos, IU y Compromís, que contaría con más de 11 millones de votos detrás. Este gobierno podría recibir apoyos puntuales y concretos en el ejercicio de sus funciones: Ciudadanos, CC y PNV, entre otros posibles. Dando por hecho que, con el PP, se debería negociar la reforma de la Constitución y la configuración de un Estado Federal, al margen de buscar paralelamente un Acuerdo con el gobierno catalán para garantizar el encaje final de Cataluña en España.

Lo más incomprensible para los ciudadanos más conscientes han sido las dudas del PSOE, así como su insistencia en primar las relaciones con Ciudadanos y, como consecuencia, la tardanza que se ha producido en la apertura de conversaciones con Podemos. Una alternativa que cuenta con muchas dificultades en la actualidad ante las presiones internas y externas que viene sufriendo Pedro Sánchez y a las que no ha querido enfrentarse o no ha tenido capacidad para hacerlo. Sin embargo, el miedo y los recelos del PSOE a pactar con Podemos tienen poco fundamento en la actualidad y no tienen sentido si se basan exclusivamente en el simple hecho de que Podemos pretenda superar al PSOE en el espacio de la izquierda (en todo caso, eso dependerá de su buen hacer y de las políticas que defienda). Debemos ser conscientes que Podemos siempre va a intentar el “sorpaso”, tanto en el gobierno como en la oposición, de la misma manera que el PSOE intentará mantener, con todos los medios a su alcance, su hegemonía en el seno de la izquierda.

La pregunta que se hacen muchos militantes socialistas es si es más fácil neutralizar a Podemos en el gobierno o en la oposición; por eso, no es ocioso recordar que el presidente del gobierno tiene legalmente una gran capacidad de maniobra para nombrar o cesar a sus ministros, disolver el gobierno y convocar elecciones generales. Por lo tanto, ¿dónde está el problema? En estos momentos muchos críticos responden a esta pregunta manifestando -esperemos que sin ningún fundamento- que el problema es la alergia que tiene el PSOE a la izquierda… Finalmente, a los que critican a Podemos debemos recordar que el PP (e, incluso, algunos ex dirigentes del PSOE) le está haciendo la campaña a este partido con ataques viscerales y estúpidos en todos los ámbitos de actuación municipal, institucional y partidario, amparándose en una crítica exacerbada hacia el populismo (todos hemos practicado alguna vez el populismo). A todo ello hay que añadir el chantaje y las inadmisibles políticas de hechos consumados a los que se pretende someter a Podemos: “o se vota la investidura de Pedro Sánchez o se permite que el PP siga gobernando”.

Sin embargo, a Podemos sí se le pueden criticar actitudes y medidas: la poca paciencia, los excesos verbales, la prepotencia y la sobreactuación mediática puesta de manifiesto en los preámbulos de las conversaciones. Con este comportamiento, Podemos no ganará muchos votos (incluso puede perderlos) a pesar de que, por el contrario, puede conservar el voto más radical y acrecentar el de los más descontentos y perjudicados por la crisis. La pretensión de celebrar un referéndum en Cataluña, sin un acuerdo previo, no es aceptable para el PSOE (y para muchos ciudadanos) y tampoco las formas y maneras de reivindicar el control del BOE, la TV y el CNI a través de una vicepresidencia… En definitiva, Iglesias debe asumir, con todas las consecuencias, que no es el candidato propuesto para la investidura y que, por lo tanto, debe obrar en coherencia con ello, porque no se pueden proponer medidas que son propias de un programa máximo y no de un Acuerdo (necesariamente de mínimos) entre partidos para formar un gobierno como ocurre en la actualidad.

En todo caso, las hipotéticas bases de un Pacto se deberían establecer en torno a las políticas económicas y sociales en el marco europeo y, por lo tanto, al empleo, a la precariedad, a los servicios públicos, a la fiscalidad y a la lucha contra la corrupción -donde las coincidencias deberían ser mayores-, porque así lo demandan los más afectados por la crisis. Por eso, Iglesias debe actuar en coherencia con ello y, sobre todo, tener muy en cuenta las muchas dificultades internas que tiene Sánchez para pactar con Podemos. Debemos recordar que la presión mediática (incluido El País), el poder económico y financiero y Bruselas están siendo muy beligerantes en contra de un posible Acuerdo por el cambio. Incluso, los que antes defendían un gobierno de gran coalición ahora proponen, como mal menor, un acuerdo entre el PSOE y Ciudadanos (al que se le añadiría la abstención del PP) y, en último término, celebrar nuevas elecciones generales antes que pactar con Podemos.

Por eso, en este complejo escenario no hay que descartar que las formaciones políticas se estén preparando también para celebrar unas nuevas elecciones y, en todo caso, intenten mejorar su actual relación de fuerzas. Particularmente lo vienen haciendo desde hace muchos meses Ciudadanos y Podemos en su pugna con el PP y el PSOE (bipartidismo), que han dominado el tablero político desde hace más de 30 años. En esta tarea destaca especialmente Podemos, que viene trabajando para superar al PSOE y a IU en el espacio de la izquierda; incluso, en estos momentos coquetea con CCOO ante el fracaso de crear un nuevo sindicato (SOMOS), como pretendió en su día, con el objetivo de actuar de acuerdo -como ha ocurrido en el pasado con los partidos tradicionales de izquierda- con un sindicato de referencia vinculado a la socialdemocracia que postula.

Por todo lo dicho, las expectativas de formar un gobierno progresista se mantienen, a pesar de que atraviesan por un mal momento. Ante un posible fracaso de investidura, no hay que descartar que la frustración de muchos jóvenes pase factura al PSOE, más que al resto de las formaciones políticas, puesto que subsisten los graves problemas que justificaron la creación de Podemos. No hay que olvidar que, en este supuesto, las elecciones generales se celebrarían previsiblemente en el mes de junio y los resultados son difíciles de prever. Efectivamente, hoy nada está claro, a pesar de que algunos pretenden vender la piel del oso antes de cazarlo, porque, previsiblemente, los resultados no variarán de manera sustancial entre derecha e izquierda, salvo grandes errores de los partidos políticos en el proceso hacia la investidura. Una buena razón para seguir redoblando esfuerzos en busca de un Acuerdo, como están exigiendo los ciudadanos ante el contexto internacional, la situación económica y social, el debate territorial sobre Cataluña… y, sobre todo, el sentido común. En concreto, mientras continúa la ceremonia de la confusión, los desempleados, los precarios y las personas que sufren la desigualdad, la pobreza y la intolerable exclusión social se preguntan una vez más: ¿Quién se preocupa en estos momentos de nosotros? Atentos, esto no ha hecho más que empezar.