SOCIEDADES CON MIEDO

noguera201115

Dice Ulrich Beck que ha aparecido un sentimiento colectivo nuevo en nuestras sociedades: el miedo.

Vivimos en sociedades de riesgo, que supone una nueva forma cultural de sometimiento. Es el miedo a la pérdida, lo que nos hace vivir permanentemente con angustia, con desconfianza, con recelo hacia el otro.

Perder el trabajo, perder la casa, perder la estabilidad económica, perder la posibilidad de organizar el futuro, y ahora también perder la libertad en aras de la seguridad.

Como dice Beck, “a diferencia de todas las épocas anteriores, la sociedad del riesgo se caracteriza esencialmente por una carencia: la imposibilidad de prever externamente las situaciones de peligro”.

Efectivamente, cualquier situación de inestabilidad nos desestabilizar pero imposibilita cualquier predicción.

Muy lejos quedaron las intenciones de pensadores como Compte, Durkheim o el propio Marx de intentar predecir las debilidades sociales para buscar soluciones en aras de configurar una sociedad mejor.

Según los últimos indicadores de la Organización Mundial de la Salud (OMS), la crisis económica ha producido un alarmante crecimiento de problemas de salud mental relacionados con depresiones, insomnios, esquizofrenias, angustias, etc, convirtiéndose en la causa más frecuente de enfermedad en Europa, por delante de enfermedades cardiovasculares y del cáncer. El 22% de la población padece episodios de ansiedad y depresión en algún momento de su vida, y entre el 70 y 80% de las personas que sufren algún trastorno mental, están en situación de desempleo.

Pero, ahora tenemos una nueva alarma, más preocupante, más incontrolada: el terrorismo.

Como apuntaba hace años Manuel Castells, en las actuales sociedades globalizadas, también se globaliza el crimen organizado en todas sus formas: trata de seres humanos, droga, extorsión, secuestros, es decir, el terrorismo en toda su extensión.

Aún estamos con las secuelas producidas por el atentado de París, cuando hoy nos despertamos con el secuestro de 170 personas en un hotel de Mali.

Y mañana no sabemos qué podrá ocurrir.

Ese terrorismo invisible, difícil de prevenir por más controles de seguridad que se pongan, por más muros y vallas que se levanten, por más policía que vigile nuestros movimientos, nos está empequeñeciendo en nuestras libertades.

¿Hasta dónde vamos a sacrificar nuestra libertad por mantener la seguridad?

Francia, el país de la Revolución Francesa, de la Ilustración de los derechos de “liberté, egalité y fraternité”, de la cuna de la civilización europea, mientras canta la Marsellesa como himno reivindicativo de libertad, impone las medidas más férreas de control, vigilancia y seguridad que nunca hayan existido ante el beneplácito de la ciudadanía francesa que siente MIEDO, mucho miedo, como todos los que tenemos algo que perder.

No es un debate fácil ni ligero ni que pueda resolverse de un plumazo. Es un debate lleno de matices y de responsabilidades. Y no se puede acusar a Hollande de medidas electoralistas. No es así de fácil.

Hemos construido sociedades complejas, tan complejas que hasta el miedo tiene diversos rostros.