SOCIALISMO EN LA ESPAÑA VACIADA

Estoy convencido que la dinámica social que atrae a la gente a vivir en zonas urbanas y no hacerlo en zonas rurales es imparable. Más allá de las bondades que ofrece la vida en pueblos y ciudades pequeñas, el ocio, la cultura, la interacción social e incluso la igualdad, son difíciles de encontrar y de palpar en el medio rural.

Lo que se ha venido en llamar la España vaciada es para mí un fenómeno inevitable, por más que se haya puesto en la agenda política y mediática como un problema que debe ser abordado de manera prioritaria con políticas públicas. De hecho, la propia denominación de España vaciada expresa más o menos de forma directa que la dinámica es la salida de lo rural hacia lo urbano. El vaciamiento de los pueblos hacia las grandes ciudades. En especial es un fenómeno de salida de los jóvenes más que de los mayores.

Muchos de estos pueblos y ciudades están prácticamente condenados a desaparecer en el corto y medio plazo, salvo que las políticas públicas que se propugnan tengan un milagroso e improbable éxito. Pero yo tengo serias dudas de la pertinencia de muchas de las propuestas electoralistas que en estos últimos meses se nos trasladan por parte de casi todos los partidos.

No obstante, no tengo duda alguna en el hecho de que no es aceptable el deterioro de la equidad y la calidad de diversos servicios públicos a los que tienen derecho todos y cada uno de los ciudadanos de la llamada España vaciada.

En este espacio es donde vislumbro claramente un reto para el socialismo democrático, que desde las instituciones debe impulsar políticas eficaces para asegurar las mejores infraestructuras y equipamientos en los servicios públicos esenciales: sanidad, educación, servicios sociales o atención a la dependencia entre otros.

Además, debe desarrollar de forma valiente políticas retributivas que hagan discriminación positiva hacia los empleados públicos que prestan sus servicios en la España vaciada. Y por supuesto, creo que debe haber una apuesta pública para asegurar que no se cree una brecha digital entre la España rural y la España urbana o para asegurar un acceso a la cultura o al ocio.

Indudablemente, el medio rural ofrece oportunidades a explorar en relación a la calidad de vida en un medio ambiente saludable, al potencial crecimiento del turismo rural o al apoyo a la investigación en los ámbitos de la agricultura y la ganadería.

Pero tengo dudas de que se articulen medidas y recursos suficientes para aplicarlas en esas potenciales áreas de desarrollo y crecimiento económico al tiempo que es dudosa su eficacia ante el “atractivo” mundo de la sociedad urbana. No creo que deba cargarse todo el esfuerzo a los presupuestos públicos por lo que hay un reto también en la iniciativa privada. Es por ello que debe debatirse a fondo qué conviene y qué no conviene hacer.

Y esta es la cuestión: un asunto de esta trascendencia en el que se proponen desde los partidos de la derecha y de manera superficial recetas que requieren ingentes recursos públicos para acciones de dudosa eficacia, requiere una respuesta rigurosa y ponderada desde el socialismo para priorizar la equidad, la calidad y la igualdad de los servicios públicos esenciales y el impulso de acciones como las señaladas en esta sincera y modesta reflexión pública.