SEGURIDAD VIAL: VOLVER A SER OBJETIVO NACIONAL PRIORITARIO

Año 1989, en España fallecen en accidentes de tráfico 5.940 personas. En esos años, la sociedad española se preguntaba por qué, mientras asistía atónita al drama de miles de familias que tenían que enterrar a seres queridos que deberían seguir vivos. Había muchos debates, incontables recomendaciones y, como siempre, demasiadas polémicas. Es cierto que, por parte de los distintos gobiernos, se tomaban medidas para reducir la tragedia. Pero no será hasta principios del siglo XXI cuando se produzca un cambio radical. Se pasa de considerar la seguridad vial como algo que hay que mejorar, a convertir la seguridad vial en un objetivo nacional prioritario, con una serie de medidas concretas y evaluables.

También hubo polémicas, pero los resultados a partir de 2004 son evidentes, con reducciones significativas del número de personas fallecidas en accidentes de tráfico. Se pasa de 4.029 personas fallecidas en 2003, a 3.511 en 2004. Y así sucesivamente, año tras año, hasta llegar a 1.301 personas fallecidas en 2012. Aunque la decisión del gobierno socialista había propiciado el cambio, la seguridad vial se convirtió en una apuesta colectiva de la sociedad española, donde había que seguir trabajando para reducir todavía más la siniestralidad y aumentar la seguridad.

En poco tiempo, las carreteras españolas se han convertido en unas de las más seguras de Europa. De hecho, en este periodo, España ha pasado de tener más víctimas mortales en accidentes de tráfico por millón de habitantes que Alemania y Finlandia, a tener menos. Algo impensable años atrás. Y, mientras en 2015 se contabilizaron en la UE 51,5 víctimas mortales en accidentes de tráfico por millón de habitantes, en España fueron 36.

Pero, ¿qué ha ocurrido en los últimos años? Pues que la seguridad vial ha dejado de ser una prioridad, y los importantes resultados y logros alcanzados han ido ralentizándose progresivamente. Las catastróficas consecuencias se pueden observar en dos hechos producidos desde 2013. El primero, es que el número de fallecidos en accidentes de tráfico prácticamente no ha disminuido: 1.134 fallecidos, en 2013; 1.132, en 2014; 1.131, en 2015. Y el segundo, es que en 2016 se ha producido un aumento del número de fallecidos en accidentes de tráfico, después de doce años de descensos continuados.

Esta realidad, que se visualiza en que la primera causa de muerte en España entre los 18 y los 25 años de edad son los accidentes de tráfico, hace inexcusable una reacción rápida y contundente de la sociedad española. Es preciso volver a considerar la seguridad vial, de nuevo, una prioridad nacional que va más allá de mejorar los datos. Siendo conscientes que, redoblar los esfuerzos para salvar vidas en las carreteras, tiene que ser el objetivo de todos.

Y no sólo en España, sino en toda Europa, porque 26.000 personas muertas en las carreteras europeas en 2015, 135.000 heridos graves y un coste social (rehabilitación, atención sanitaria, daños materiales, etc.) de los accidentes mortales y con heridos de más de 100.000 millones de euros anuales es intolerable.

El nuevo enfoque debe contemplar la seguridad vial de forma global, estableciendo por ley los nuevos principios, objetivos y herramientas. Y entre ellos: mejorar la formación, educación y sensibilización en seguridad vial; aumentar el presupuesto destinado al mantenimiento y mejora de la seguridad de las carreteras, especialmente secundarias; incrementar la colaboración entre administraciones; reforzar las actuaciones para el cumplimiento de las normas, sobre todo en lo relativo a la incompatibilidad entre alcohol, drogas, conducción y velocidad; acrecentar la protección de peatones, ciclistas, motoristas y personas mayores; reformar los centros de reconocimiento médico para mejorar el cumplimiento de susfunciones; incrementar la participación de los interlocutores sociales y la implicación de empresarios y trabajadores, prestando especial atención a la seguridad vial laboral y a los nuevos riesgos laborales. Y en todas estas acciones, la tecnología, la innovación y la automatización tienen que jugar un papel protagonista en la seguridad vial del XXI.

La UE se propuso como objetivo estratégico reducir a la mitad el número de víctimas mortales en la carretera entre 2010 y 2020. En España, que en el año 2010 tuvo 1.728 víctimas, supondría reducir las muertes hasta las 864. Pero no basta, hay que ser inconformistas y fijarse como sociedad, aunque parezca utópico, el objetivo cero víctimas. Y hasta lograrlo, en el año 2020 estar por debajo de las 500 personas fallecidas. Algo que sigue constituyendo un verdadero drama.

De nosotros depende que sea posible.