SE ACABA EL TIEMPO PARA EL CAMBIO

El “Institute for European Enviromental Policy”, de la que la actual ministra Teresa Rivera ha sido miembro destacado, acaba de publicar, y podemos considerar también como herencia de su labor en el mismo, el documento “Think2030. Science-policy solutions for a more sustainable Europe”[1]. Documento del que podemos sintetizar su contenido en una de las frases significativas sintetizadora del mismo: “Los europeos no podremos vivir de una forma próspera y saludable en una Europa en paz, en 2050, si no reducimos en un 80% la cantidad de recursos naturales que usamos para la nutrición, alojamiento, movilidad y estilo de vida consumista”. Pero, como veremos más adelante, el problema es que esta condición es necesaria pero no suficiente.

No son noticias nuevas ni en el nuevo trabajo se incluyen datos que no hayan sido objeto de investigaciones previas. Casi en paralelo a la publicación de ese documento la ministra y la alcaldesa de Madrid, junto al Consejero de Ordenación del Territorio de la Comunidad de Madrid, inauguraban CONAMA 2018, el Congreso Nacional de Medio Ambiente que, desde 1992, y bianualmente, reúne a muchos de los científicos y estudiosos centrados en la temática ambiental.

La inauguración cobró interés cuando el Consejero criticó la situación de Madrid desde el punto de vista ambiental, lo que dio pie a que la alcaldesa reaccionara con una defensa de las propuestas puestas encima de la mesa –fundamentalmente el Plan A y Madrid Central como propuestas de lucha contra la contaminación, la salud y la habitabilidad de la ciudad- recibidas por el auditorio con largos aplausos. Sobre la accesibilidad y movilidad urbana hablaremos en el próximo artículo, a la luz de los nuevos avances en políticas, infraestructuras, servicios, vehículos y aplicación de las nuevas tecnologías en el sector, lo que nos conectará con la conferencia de cierre de Salvador Rueda, sobre soluciones ecológicas urbanas y su propuesta de supermanzana ecológica, en línea con el experimento de Banús en el Barrio del Pilar, frente a La Vaguada, en Madrid, en los sesenta del siglo pasado.

CONAMA implica una semana intensa en Políticas de la Tierra, a la que se ha unido la reunión del G20 y los preparativos de la apertura de la 24 COP de Cambio Climático, del 2 al 14 de diciembre en Katowice (Polonia).

Fuentes de información y reflexión todas ellas que, en materia climática, nos llevan a reafirmar lo imperioso, para un país como España, con muy graves probabilidades de sufrir duramente las consecuencias de un calentamiento global inevitable, de adoptar, con la máxima urgencia, por el Gobierno, las Comunidades Autónomas y las Administraciones locales, medidas de adaptación para minimizar los efectos de ese inevitable calentamiento/cambio climático, y de resiliencia socioeconómica para adecuar a la población, el patrimonio y la economía a las inevitables y negativas consecuencias del mismo.

Tampoco son buenas noticias los datos recogidos en el Informe “Living Planet Report 2018: Aiming higher” [2] publicado a finales de octubre de este año por WWF, que continúa la labor iniciada hace 20 años de observar e informar (12 informes publicados) sobre la transformación de la biodiversidad en el mundo. Biodiversidad que, recordamos, es sinónimo de garantía de vida también para el ser humano.

Y es importante destacar que, según sus propias palabras: “En 2008, diez años después de la primera publicación, los datos ya eran alarmantes: en 1961 casi todos los países del mundo tenían capacidad más que suficiente para satisfacer su propia demanda de recursos naturales, y sin embargo, durante el primer quinquenio del siglo XXI se evidenció que esa situación había cambiado radicalmente. En 2005 muchos países pudieron satisfacer sus necesidades solamente mediante la importación de recursos de otras naciones y el uso de la atmósfera global como sumidero de dióxido de carbono y otros gases de efecto invernadero”. Y refuerza la demostración de que el cambio climático está desempeñando un papel cada vez mayor en la transformación ecosistémica del planeta, afectando a los ecosistemas, especies e incluso al nivel genético de la biodiversidad.

La Figura siguiente del Índice Planeta Vivo, muestra la evolución del estado de las especies (cómo ha cambiado el tamaño de las poblaciones de especies) caracterizando una situación cuanto menos preocupante para ese binomio básico biodiversidad/salud humana, si no se revierten las tendencias presentes en la dinámica global.

Lo que nos devuelve a la reunión del G20 y su nuevo fracaso, tras el del año pasado en Hamburgo, para afrontar los retos globales y, en particular, la unidad frente al calentamiento global.

A la sombra de la posición ultranacionalista y egoísta de cada vez más mandatarios que siguiendo la estela de Trump, directa o sibilinamente muestran en la práctica su incumplimiento de los compromisos de París, la utilidad de este G20 –que debería ser imprescindible para una nueva gobernanza mundial- queda manifiestamente en cuestión. Parece claro que sin EEUU no hay gobierno mundial posible, y que el egoísmo y la sociedad de consumo capitalista centrada en el beneficio individual nos llevan al desastre ambiental, al menos.

Desastre que el voluntarismo de la UE es y será incapaz de revertir. Por mucho que la UE dejara inmediatamente de producir emisiones de gases de efecto invernadero, estas emisiones se reducirían globalmente en un 10%, lo que sería manifiestamente insuficiente para frenar la tendencia actual al calentamiento global. Y las políticas de emisión de gases de efecto invernadero y el freno a la contaminación urbana y sus efectos sobre la salud exigen medidas diversas, donde las fiscales son uno de los componentes básicos capaces de internalizar los costes globales que producen, restringiendo el consumo de productos emisores contaminantes.

Pero estas políticas no son gratis; y Francia está siendo la primera en comprobarlo con sus protestas por el alza del precio del gasóleo, en un marco en el que la crisis iniciada en 2008 ha tenido fuerte incidencia en el empobrecimiento de unas clases medias/bajas trabajadoras, que ahora ven cómo también el coste de su acceso al puesto de trabajo, o el coste de su trabajo como transportista, se encarece nuevamente reduciendo su bienestar.

Es absolutamente necesario revisar donde estamos, cómo y por qué hemos llegado hasta aquí, y donde queremos ir y a qué precio. Volviendo al Informe Planeta Vivo, las dos Figuras siguientes del Resumen en castellano antes citado[3], dejan claro que la tendencia que llevamos debería cambiar radicalmente. La pregunta es cómo hacerlo y cómo hacerlo con la urgencia que se necesita. El seguir cerrando los ojos no es la mejor solución. Y nuestra actual ministra para la Transición Ecológica lo sabe muy bien. Lo que abre un umbral de esperanza que tendremos que apoyar con todas las fuerzas, aun sabiendo que, siendo necesario hacerlo, lo que se puede hacer va a ser manifiestamente insuficiente.

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[1] www.think2030.eu.

[2] El resumen en castellano se puede obtener en https://www.wwf.es/nuestro_trabajo_/informe_planeta_vivo/

[3] Según señala el Informe, estos gráficos están basados en Steffen, W., Broadgate, W., Deutsch, L., Gaffney, O. & Ludwig, C. (2015).- “The trajectory of the Anthropocene: The Great Acceleration”. The Anthropocene Review 2: 81-98, doi:10.1177/2053019614564785 (2015).