¿SABEMOS QUÉ ESTÁ PASANDO EN ASIA? EL NUEVO RÉGIMEN “CAPITALCOMUNISMO”

Los expertos (económicos, sociólogos, politólogos,…) analizan con detalle cuál es la evolución vertiginosa que está viviendo Asia. Lo que no sé es si la sociedad civil conoce suficientemente bien lo que allí ocurre, qué cambios se están produciendo, y qué riesgos provoca. Los gobiernos nacionales o autonómicos se vuelcan en buscar, fundamentalmente, en China un nuevo mercado; la “colonización” china nos llega de la mano del dinero, que está modificando el paisaje de las principales calles de nuestras ciudades (comercios que son de propiedad china con empleados españoles) o de los grandes almacenes que se ubican en polígonos industriales.

Pero las contradicciones se producen a nivel mundial. En primer lugar, con el agotamiento de los recursos del planeta, y, en segundo lugar, con un aumento de la desigualdad imparable. África se desertiza, Europa vive cambios extremos de temperatura, EEUU se quema, el Ártico se deshiela, los pulmones de Sudamérica se talan, … pero todo ello es parte del sacrificio que necesita un sistema económico depredador porque no tiene reglas.

Ambos paradigmas, el de la desigualdad y el de la contaminación, se aúnan de forma exponencial en la nueva gran región del crecimiento mundial: Asia. En este continente, todo crece vertiginosamente y parece que no sujeta a control. Crecen los índices económicos; crece la innovación y la tecnología; crece la clase media; también crece la desigualdad social; por supuesto, crecen las grandes fortunas; crece la demografía a un ritmo imparable; crecen las ciudades convirtiéndose en megalópolis; y, por supuesto, crece la contaminación y la destrucción del planeta.

Resulta difícil ordenar el fenómeno que se está produciendo en esta región del planeta y que, sin duda, ya está marcando el siglo XXI.

China había moderado su crecimiento económico desde el 2011, pero vuelve a despegar. El milagro económico del gigante asiático requiere una enciclopedia completa para analizar desde su rápida transformación a cómo se ubicará en menos de 25 años en ser la primera potencia económica mundial. Su modelo de crecimiento ha pasado por varias fases: exportación, industria, inversión, y ahora se encuentra en el consumo interno. Eso sin olvidar que China ha sido para muchas empresas de bienes de consumo de lujo su tabla de salvación, al tiempo que las empresas extranjeras  no solo invierten por sus bajos costes laborales, sino también por el atractivo de su mercado.

Quien ha viajado a India, quedará sin duda impactado. India no deja a nadie indiferente. Además de su grandeza, su belleza, su mística, y la magia que desprende el país, no pasará inadvertido que India sigue siendo un país pobre, con una población que sigue viviendo por debajo del umbral de la pobreza, con la mitad de los niños de menos de cinco años que sufren malnutrición, con una deficiente sanidad e higiene, con graves problemas de desigualdad no solo económicos sino fruto también de las castas (que siguen teniendo gran relevancia social). Sería difícil adivinar que India es la economía de mayor crecimiento mundial. Según el portal del Banco Santander, los  datos económicos relevantes de India son: es la cuarta potencia agrícola del mundo, empleando a cerca de un 50% de su población activa; el mayor productor de ganado bovino; el tercer productor de carbón a nivel mundial; el textil y la química son los sectores industriales predominantes; y, por supuesto, el sector servicios relacionado con el turismo. Eso sin olvidar que es la “informática mundial”y su gran escaparate de Bollywood.

Seguro que nos creemos que llegará a ser el país más poblado del mundo dentro de cinco años; pero lo que todavía los ciudadanos europeos no somos conscientes es que se prevé que, dentro de dos décadas, sea la segunda potencia económica del mundo, detrás de China, y relegando a EEUU al tercer puesto. Eso sí, con numerosas contradicciones sociales y una desigualdad grave, sobre todo, por la falta de inversión social. El sistema de salud pública cuenta apenas con un 0,5% del PIB. A ello hay que sumar los conflictos internos debido al sistema de castas y a los enfrentamientos identitarios entre la mayoría hindú y la minoría musulmana.

Esto no acaba aquí, porque ruge con fuerza el tercer tigre asiático: Vietnam, donde el crecimiento de millonarios también está siendo imparable, y si no, comprueben los lujosos hoteles o las villas de un millón de euros que se construyen para la nueva clase rica vietnamita o los extranjeros que se están estableciendo allí. Dos vietnamitas, el presidente de Vingroup y la ejecutiva de Sovico aparecen en la lista de las personas más ricas del mundo en 2017.

Los vietnamitas son una población jovencísima, que ven el futuro con gran optimismo; sus ciudades parece que no duermen nunca, siempre llenas de gente, de ruido, de alboroto, sea de día o de noche. Solo un ejemplo, Saigón (la actual Ciudad de Ho Chi Ming) tiene una población de unos 13 millones de habitantes y de 8 millones de motos aproximadamente (aunque resulte difícil de creer); cruzar sus calles a pie es toda una aventura y un riesgo. No les preocupa la polución ni la contaminación ni el medio ambiente, porque ahora mismo están en pleno desarrollo económico. Están viviendo un “capitalcomunismo”. Por una parte, del comunismo conservan su fanatismo por Ho Chi Ming, como líder revolucionario y que unió al país después de las sucesivas guerras, y la falta de democracia, ya que no disponen de partidos políticos. Por otra parte, del capitalismo han adoptado su rostro más fiero: desregulación y privatización de todos los servicios; los vietnamitas pagan por todo, desde la educación, incluida la primaria, hasta la sanidad más básica. Y, al no disponer de ningún sistema democrático, ni en política ni en medios de comunicación, la corrupción es parte consustancial del sistema social, así como un aumento imparable de la desigualdad en una sociedad que es un “sálvese quien pueda”.

Vietnam quedó en el recuerdo como una de las guerras más absurdas de EEUU, que causó más daños psicológicos a los estadounidenses y más impopularidad a sus gobiernos. Pero Vietnam, durante el siglo XX, sufrió la colonización francesa,  la invasión japonesa (que fue muy breve), la guerra americana, y finalmente el régimen comunista. Por eso, se comprende ahora que en este periodo de paz y desarrollo económico, su población sea optimista.

Indonesia es el segundo país del mundo más contaminador de plásticos, después de China. Islas paradisíacas como Java o Bali tienen sus aguas llenas de basura. Produce alrededor de 130,000 toneladas de plástico y desechos sólidos todos los días, y solo la mitad de estos llega a los vertederos. El resto se quema o se tira ilegalmente en ríos y océanos, según la Fundación de Ríos, Océanos, Lagos y Ecología (ROLE) de Bali.

La contaminación en nuestros mares está llegando a niveles preocupantes; pero, sin duda, el mayor problema es el de los plásticos, que afecta también al Mediterráneo. Según un informe realizado por el Consell Valencià de Cultura, en la actualidad, desde España hasta Grecia, en cada cuatro metros cuadrados de nuestro mar hay un objeto flotante. El 78% de esos objetos son de origen humano, y de ellos el 95,6% son plásticos. Los plásticos en nuestros mares afectan a la biodiversidad, a los ecosistemas, a la seguridad alimentaria y a la salud. Constituyen, pues, una amenaza global. Si no se frena esta situación, en 2050, el peso de los residuos plásticos será superior al peso de todos los peces del planeta.

Aunque nos parezcan increíbles estos datos, hay nuevas investigaciones que indican que la gran mancha de basura del Pacífico es dos veces más grande que el tamaño de la superficie de Francia y hasta 16 veces más de lo que se había calculado anteriormente.

Pero otro de los gravísimos problemas que está generando el sureste asiático es la restricción de las libertades. El conflicto que vive la India entre hindúes y musulmanes, se recrudece en países vecinos como Myanmar.  China, el gran gigante en expansión económica, no tiene intención de poner en marcha un régimen democrático, y esa situación se contagia también en los países hasta ahora democráticos o más aperturistas, que están viviendo un repliegue democrático.

Los diez miembros de la ASEAN, la Asociación de Naciones del Sureste Asiático (Malasia, Indonesia, Brunéi, Vietnam, Camboya, Laos, Myanmar, Singapur, Tailandia y Filipinas), llevan años dando pasos atrás en lo que a libertad de expresión se refiere, alerta Freedom House. Periódicos cerrados, blogueros detenidos, periodistas en prisión; censura y control del espacio digital, leyes draconianas, acoso, violencia. Pero, la situación más extrema ahora mismo es la que se vive en Myanmar (antigua Birmania) que, desde el pasado agosto del 2017, el ejército birmano está ejecutando una limpieza étnica contra la minoría musulmana rohingya. Más de medio millón han huido a Bangladesh, viviendo en unas condiciones inhumanas, después de la quema de las aldeas llevadas a cabo por los militares birmanos. Y, aunque los macrodatos económicos hablan de esperanza y atención a la pobreza, como consecuencia de la instalación de fábricas principalmente de textil, no nos equivoquemos, porque la situación laboral es claramente de explotación, con condiciones infrahumanas. Aún podemos recordar el dramático suceso del hundimiento de la fábrica en la ciudad de Dacca, con más de cuatrocientos muertos.

Que el crecimiento económico sigue en alza no podemos negarlo, la pregunta es si: ¿será mejor el bienestar del siglo XXI para el conjunto de la población?